Vega Barrera, contra el Gobierno republicano

22 de Octubre , 2019

El director del Hospital provincial muere fusilado el 21 de octubre de 1936, tras 20 años en la ciudad

EN JULIO DE 1931, cuando alborea la II República, Rafael de Vega Barrera (Zazuar, Burgos, 1889), denuncia al gobernador civil de Lugo, el abogado de Meaño José Calviño, y al fiscal general de la República, el monfortino Francisco Javier Elola, por prácticas caciquiles, pucherazo, alteración de la voluntad popular, simulación de los resultados electorales y todo por ahí.

Acaso alguien podría haber pensado que bastaba echar al rey y colgar la bandera tricolor para que la política española fuese como la seda. No habían pasado tres meses desde el 14 de abril y el espectáculo electoral de las cuatro provincial gallegas era, al decir de los denunciantes, tan impresentable como antes, si no más.

Quienes alzan la voz contra el contubernio del Gobierno republicano, además de Vega Barrera, son los candidatos proclamados de Alianza Republicana, Derecha Liberal Republicana y Agrupación Socialista, o sea Camilo López Pardo, Luis Díaz Gallego, Ricardo López Pardo, Ramón Rodríguez Prieto, Cándido Fernández, José Cobreros de la Barrera, Enrique Gómez Jiménez y Estanislao de la Iglesia Huerta, médicos, ingenieros, abogados y un notario.

Acusan a las dos autoridades citadas de “ser traidores a la causa republicana”, por pactar los resultados con Pepe Benito y Manuel Portela Valladares, como también denuncia Valle Inclán por otros acuerdos que afectan a todas las provincias gallegas.

Calviño, el gobernador, apenas dura un mes más en su puesto. Era una cabeza fácil de cortar en aquellos momentos iniciales donde la ilusión por el republicanismo podía zozobrar a poco que se anduviesen tocando las cosas del comer.

El argumentario de Valle Inclán para la formulación de la denuncia es demoledor: “En la región gallega el caciquismo de ahora es superior al de Bugallal, y con ser tan manifiesto el de Lugo, es superior el de La Coruña. Son tantas las pruebas que hay sobre la nulidad de las últimas elecciones en aquella provincia, que lo más difícil es recordarlas todas”.

Ni que decir tiene que el interés de Rafael Vega Barrera es perfeccionar la República, no tumbarla. No se podía consentir que las malas artes políticas frustrasen el proyecto en la primera oportunidad que se tenía para demostrar una mayor calidad democrática, convirtiendo aquello en una cacicada mayor de las que en Galicia habían enraizado y rebrotaban cada nueva convocatoria electoral.

Lejos se está todavía del 21 de octubre de 1936, cuando el director del Hospital Provincial será fusilado por haber puesto el centro a disposición de los obreros que acuden a Lugo el 20 de julio para defender la ciudad de la rebelión militar. O al menos ésa fue la razón esgrimida.

Pero es notorio que entre ese julio de 1931 y el de 1936, la calidad democrática de España estaba en precario. Rafael de Vega, quizá por ser uno de los espíritus más puros en la defensa de sus ideales, lo paga con su vida tras haberse distinguido en los esfuerzos por lograrla.

Lugo queda impactado porque fundamentalmente se le tiene por un hombre bueno. Su nombre ha salido cientos de veces en la prensa al lado de los necesitados, los enfermos o los heridos.

La descarga que recibe despierta en la ciudad el interés por encontrar un culpable ajeno, un culpable que sea cualquiera menos uno mismo, y cobra fuerza la teoría de que algunos compañeros de profesión han hecho lo posible por eliminarlo. Envidias o vía libre a la competencia. Total, era de Burgos. Pero no, era de Lugo y por eso figura en este álbum.

García Camba, uno de los ayacuchos

22 de Octubre , 2019

El monfortino, que nace el 20 de octubre de 1790, derrota a San Martín antes de la capitulación

LA FAMILIA DE Buenaventura Andrés García Camba de las Heras (Monforte de Lemos, 1790) es originaria del lugar de As Pedras, en la parroquia de Santo Estevo de As Nocedas, inmediata a la capital municipal. Allí nacen sus padres, Francisco García Camba y Soria y Francisca de las Heras y Taboada, aunque su nacimiento, un 20 de octubre como hoy, se señala en la propia ciudad de Monforte.

Como se considera un personaje injustamente olvidado, los alumnos del instituto A Pinguela lo reivindican hace unos años para incorporarlo a su galería de monfortinos ilustres e investigan su biografía. También la parlamentaria Margarita Rodríguez Otero, experta en la historia local, publica una biografía suya.

Hasta ese momento se podían seguir sus pasos a través de las páginas escritas por Pedro Chamorro y Vaquerizo para el Estado Mayor del Ejército. Quiere esto decir que García Camba no es precisamente un desconocido, ni mucho menos.

Por lo que se sabe de sus mocedades, los padres quieren hacer de él una figura destacada en los quehaceres literarios puesto que les parece de constitución endeble, pero el famoso 2 de mayo de 1808 le pilla con 18 años de edad y lo literario se torna militar al hacerse eco de la llamada patriótica para defender la autonomía española frente al imperio francés.

Dos años después, en febrero de 1810, ingresa como cadete en el escuadrón de Húsares de Galicia con los que combate a las tropas napoleónicas en Asturias.

Luego de otros avatares bélicos, es nombrado ayudante de campo del comandante general de La Rioja, donde participa en más batallas.

Como Andrés jamás usa su primer nombre de Buenaventura, tiene necesidad de mucho papeleo para obtener la certificación matrimonial, lo cual da lugar a comentarios sobre la inconveniencia de tener nombres que no se usan.

Fue profesor de táctica de la Academia de Oficiales de El Puerto de Santa María (Cádiz) y en 1814, es destinado como instructor al Depósito de Ultramar, establecido en la Isla de León.

Ya como teniente y ya en América dentro de las fuerzas del general Morillo, interviene en la reconquista de Pampatar (isla Margarita), y de ahí, al Perú, donde desactiva y encarcela al líder Cardoso mientras duerme. El monfortino cae de madrugada sobre los cien hombres de Cardoso con veinte soldados y otros tantos indios y pese a la inferioridad numérica, derrota a los rebeldes, a quienes se le atribuyen atrocidades.

De teniente, a capitán, a teniente coronel y a comandante de escuadrón en pocos meses. Naturalmente es tiempo en el que coincide con otro destacado militar lucense en tierras peruanas, el general fonsagradino Rodil, que será el último español en abandonar América, ayacucho como él.

El 7 de abril de 1822 interviene en la batalla de Ica, en la que es derrotado San Martín y en noviembre de ese año asciende a jefe del Estado Mayor de la brigada de Arequipa, al mando de Valdés.

Tras salir victorioso de las batallas de Torata y Moquehua, participa en la ocupación de Lima y en el bloqueo de El Callao. En diciembre de 1824 es nombrado jefe de la 1.ª brigada de Caballería, al frente de la cual lucha en la decisiva batalla de Ayacucho y tras la capitulación, embarca a Filipinas.

Su libro sobre la emancipación peruana ha sido reeditado varias veces en América como modelo de objetividad histórica. También traduce a Napoleón y fue capitán general, senador, diputado, gobernador del Banco de San Fernando, ministro de la Guerra, lo cual quiere decir que nos queda fuera mucha biografía.

Una tercera vía para la muerte de Francisco de Fientosa

22 de Octubre , 2019

Hace 85 años, el poeta es testigo de la muerte de su cuñada en plena Revolución de Asturias

ES CIERTO QUE los dos bandos contendientes en la Guerra Civil española responsabilizan al contrario de la muerte de Francisco Vega Ceide, Francisco de Fientosa, (Castro de Rei, 1912). Los dos no pueden tener razón, aunque los dos sí pueden estar equivocados en el caso de que los asesinos de Vega Ceide actuasen por otras razones.

A continuación se van a exponer datos y circunstancias previas a la muerte del Lorca chairego, que bien se desconocían, o que se ocultaron intencionadamente para inclinar las versiones hacia uno de los platos de la balanza.

El 8 de octubre de 1934, hace 85 años, Francisco se encuentra en Oviedo, donde ha estudiado Magisterio con matrícula de honor en todas las asignaturas, por estar allí el domicilio de su hermano César, que al final de la guerra será capitán del Regimiento de Zamora, y su cuñada Lutgarda Díaz Álvarez.

Ese día, en plena revolución de Asturias, se ordena el incendio del Palacio Episcopal de Oviedo y las llamas alcanzan a otros edificios de la calle de Santa Ana.

Por las inmediaciones patrulla un grupo de revolucionarios al mando del dependiente de comercio Jesús Argüelles Fernández, alias el Pichilatu. Medio centenar de personas salen de esos edificios y piden permiso para escapar del fuego. Los revolucionarios les dicen que avancen las mujeres y los niños, pero que los hombres lo hagan con los brazos en alto. Al llegar a la casa del marqués de Mohías, Pichilatu ordena a sus escopeteros que abran fuego contra el grupo de civiles, con el resultado de ocasionar ocho muertes, una de las cuales es Lutgarda Díaz de Vega, la cuñada del joven poeta, que es testigo de la escena.

Hasta el 20 de diciembre no se celebra en Castro de Rei la función religiosa por el alma de Lutgarda y entonces Francisco escribe en El Progreso una sentida necrología de su cuñada, “brutalmente asesinada, sin que le pudiéramos decir adiós con aquella sonrisa con que siempre la despedíamos”.

Estamos en los días previos a la celebración del consejo de guerra contra Jesús Argüelles, Pichilatu, por los sucesos del 8 de octubre. Francisco Vega Ceide es testigo del mismo y en su declaración identifica claramente al acusado como el hombre que ordena abrir fuego, por si quedaba alguna duda de su criminal proceder.

Pichilatu es condenado a muerte, y aún hoy es el día en la masacre ordenada por él en plena calle se narra como si fuese la acción de un pelotón de fusilamiento.

Las organizaciones próximas a los revolucionarios tratan de salvarle la vida y entre otras gestiones cerca de las autoridades de la República, contactan con Melquíades Álvarez, que no puede, o no quiere, mediar a favor de Argüelles.

Según se dijo en su momento, se dirigen al político conservador asturiano por ser éste el padre del acusado, a quien tiene en una relación extramatrimonial.

De la misma forma, se especula con que la entrada en la cárcel Modelo de Madrid por parte de milicianos anarquistas y el posterior fusilamiento de varios presos, entre ellos Melquíades Álvarez, no es un hecho casual, sino una ejecución organizada por los asturianos para vengar la muerte de su hijo Pichilatu por no haberlo salvado de su condena.

Algo parecido ocurre en el caso del general Eduardo López Ochoa, hospitalizado en 1936 y arrastrado de la cama para ser asesinado y decapitado en represalia por sofocar la Revolución de 1934.

Vega Ceide desaparece en noviembre del 36 en la Aravaca republicana. ¿Fue su muerte otra venganza por la muerte del Pichilatu?

Elena Míguez, la primera miss de Lugo con Franco

18 de Octubre , 2019

La monfortina representa a la provincia en un homenaje al Ejército el año 1937

LA ASOCIACIÓN DE la Prensa de Zaragoza organiza en octubre de 1937 un homenaje “a nuestro glorioso Ejército y a la España de Franco”, que ha de servir no solo a los fines que se citan, sino también como reconocimiento de las muchas provincias que ya forman parte del bando nacional, frente a las escasas, por importantes, que no están representadas, las catalanas, Madrid y Valencia.

El evento se materializa en cinco objetivos principales: la misa oficiada por el cardenal Gomá, una velada literaria a cargo de José María Pemán y la actriz Carmen Díaz en el teatro Parisiana, un desfile de carrozas engalanadas en las que viajan las representantes de la belleza femenina de cada provincia en traje regional y de dos en dos, una corrida de toros con Marcial Lalanda, Domingo Ortega y Jaime Noaín, y la edición de un lujoso álbum con cordones dorados donde se recogen los cromos de todas las señoritas participantes comentadas por el orador de mayor fama, Federico García Sanchiz, así como fotografías de los actos celebrados.

En esencia, esa reunión del 14 y 15 de octubre de 1937, fue la primera elección de misses provinciales en la España de Franco, aunque la justicia sobre el fallo era lo de menos, porque en Zaragoza se estaba dirimiendo otra batalla, pacífica en este caso, pero directamente dirigida contra el estilo “tan poco español” que tiene la República de organizar fiestas.

La representante de Lugo en los fastos de Zaragoza fue la monfortina Elena Míguez Arias (Monforte, 1913), hija del farmacéutico José Míguez Millán y emparentada con los Corvillón Míguez, familia en la que había varios militares.

Afiliada a Falange, Elena será jefe local de la Sección Femenina de Monforte de Lemos nada más acabada la guerra. En ejercicio de ese cargo, recibe a Franco en el límite de la frontera municipal con el resto de autoridades el 19 de julio de 1943.

En fechas anteriores había sido una de las más activas organizadoras de la verbena a favor de las Cantinas escolares, en compañía de Matilde Taboada, Aurita Martínez y Paquita Marín, entre otras muchas jóvenes de Monforte.

Ella fue elegida para ir a Zaragoza, entre otras razones, por su cercanía a Falange, cuyos mandos son los encargados de nombrar a cada representante provincial. Realiza el viaje hasta la capital maña en compañía del presidente de la Comisión gestora provincial de Lugo, José Pardo y Pardo Montenegro.

El texto que le dedica Federico García Sanchiz dice así:

“Lugo, nos envía la más genuina representación de su raza y de su provincia. Prototipo de la mujer celta que se asoma al mar bravío de la costa norteña; largo y fino perfil, ojos grandes y negros de dulce mirada; cabello suave del mismo color, y tez sonrosada y blanca, como de no haber sufrido nunca los rigores del sol. En su expresión se refleja el alma misteriosa y sensible de aquella tierra con sus húmedas vegas, con su ambiente brumoso. Diríase una “muiñeira” o una alborada, personificada en un rostro femenino. Elena Míguez Arias: ensueño de tierras y mares lejanos, fiesta de romería con acordes de gaita y tamboril; praderas, ganados y pastores y nostalgia de un marino en alta mar. Saudades de lo que fue y de lo que ha de ser. Ternura y melancolía.”

Fácil es deducir que García Sanchiz conoce a Elena a través de la fotografía que se manda para el cromo y pare usted de contar.

El material gráfico para ilustrar esta biografía nos lo ha facilitado Manuel Pérez Buide, que guarda el álbum como oro en paño.

M. Manuela de Cora, en busca de la prehispanidad

17 de Octubre , 2019

Recuerdo de la escritora de Lugo en torno a la celebración del Día de las Tribus Indígenas

POCOS LIBROS SE habían escrito en 1957 sobre mitología precolombina de América hasta que María Manuela de Cora Reixa (Lugo, 1915) sorprende al panorama editorial con Kuai-Mare. Mitos aborígenes de Venezuela, aparecido en la editorial madrileña Oceánida y que tendrá una segunda edición al otro lado del Atlántico, en Monte Avila Editores de Caracas el año 1972.

La razón es fácil de comprender. La única forma de abordar ese trabajo es hablar directamente con los pueblos y tribus que mantienen comunidades en las selvas, rescatar relatos de los misioneros e interpretar los petroglifos, pues en muchos casos las tribus ya han sido absorbidas por los criollos, o no existe contacto con ellas, como es el caso de los motilones.

María Manuela de Cora une su nombre al de otros pioneros en ese trabajo, como Humboldt, Arístides Rojas o Koch-Grünberg, aunque el suyo es quizás el más asequible para un lector actual no especialista.

María Manuela es hija de José de Cora y Lira y de Joaquina Reixa y Puig, fuertemente vinculados a Viveiro y sobrinos del general auditor de la Armada, Jesús de Cora y Lira.

Ella y su hermano Jesús se trasladan a Madrid debido al trabajo de su padre, oficial de Telégrafos. Por esa circunstancia pasará la guerra en la capital, cuando tiene entre 21 y 24 años.

Esa experiencia se transforma en el libro titulado Retaguardia enemiga (Madrid. Ed. Altalena, 1984), donde a través de su experiencia y de seis relatos de otros tantos protagonistas consigue un relato muy recomendable para quienes hablan de ese período con muletillas impuestas.

Mucho antes, en 1952, había marchado a Venezuela, tras su matrimonio con el funcionario de la ONU Rafael Rodríguez Delgado. Su vocación de escritora la lleva a

colaborar en El Universal, de Caracas; periódico del que será corresponsal en la India. También en Páginas, Diario de Occidente, de Maracaibo y El Mercurio, de Santiago de Chile.

En ese país ejerce como corresponsal de la revista Índice, de Madrid, donde colabora con asiduidad. Durante su estancia en Nueva York es profesora de español en la Spence School y en las Naciones Unidas. También mantiene una colaboración sobre temas hispanos en la emisora neoyorkina Riverside Radio.

María Manuela relata a Ángel de la Vega que el libro se le ocurre tras leer en una revista científica un mito de los indios maquiritare y se entusiasma con “una selva poblada de espíritus y de fantasmas, de tigres que hablan y de tapires y cóndores que se unen a los hombres en matrimonio”.

El periodista le pregunta cómo fue capaz de captar los misterios de la selva, y la escritora responde que cazó caimanes en las bocas del río Aroa, “porque para imaginarse mejor a los espíritus del bosque hay que haber sentido el misterio bajo aquellos enormes árboles que forman túneles sobre el río, y haber oído, en el silencio de la noche tropical, la respiración de los tigres acudiendo a beber al caño”.

En 1957 existen en Venezuela una treintena de tribus. Como los guaraunos, que creen en seres fabulosos que habitan el fondo de los ríos. Los kamarakotos, arekunas y taurepanes, situados al pie del monte Roraima, piensan que allí se ocultan los malos espíritus; los yaruros se imaginan una tierra sagrada, más allá de su horizonte, a donde han de ir después de muertos y a la que nunca podrá llegar el hombre blanco.

Con los motilones sólo hay contacto mediante un avión que les arroja víveres y telas. ¿Qué dirán sus leyendas sobre el pájaro de hierro?

Cuando Trapero destroza a King Vidor

17 de Octubre , 2019

LA SEMANA PASADA SE CUMPLIERON los 24 años de la muerte del periodista de Castro de Rei, fallecido en plenas fiestas de San Froilán

EL PASADO DÍA 10 se cumplieron los 24 años de la muerte de Xosé Trapero Pardo (Castro de Rei, 1900), uno de los hombres que con mayor justicia puede decirse que fue testigo del siglo XX, pues lo vive y apura casi con exactitud matemática.

Contaba Cunqueiro que mediados los años cincuenta le había regalado a Trapero un libro profético escrito en francés y editado en Bombay a principios del siglo XIX. Viniendo de Cunqueiro, cabe la posibilidad de que se lo haya regalado o no, de que en Bombay se editen libros proféticos o no, y de que exista Bombay o no.

El título del volumen que sin duda debería conservar Trapero es “Los negros y de que son pocos los blancos”, así, con esa formulación tan poco rigurosa en gramática y en prosodia. En el mismo lenguaje políticamente incorrectísimo, el de Mondoñedo desvela destripando el libro, que “seríamos sumergidos por la negrada” en muy breve espacio de tiempo, que su autor sitúa exactamente en el año de nacimiento de Trapero, 1900; quizá por eso se lo regala.

“Los únicos que resistirían algo la mezcla, el batido de chocolate, serían los chinos”.

Trapero, que era episcopal y ecuménico, pues iba camino de misar cuando se le cruza el mundanal ruido, sabía que su amigo no le hablaba de Bombay a título de inventario, sino que sería un asunto muy serio a tratar con o Macizo y con o Pallarego, aunque él ya se había venido a Lugo para escribir o Pelúdez, estudiar los monumentos y hacer crítica de cine.

De cine y de lo que hiciese falta en cada momento, que para algo en El Progreso eran cinco redactores, gripes incluidas.

En 1960 se estrena en Lugo la película de King Vidor “Salomón y la reina de Saba”, recordada siempre porque se rueda en España y porque durante el rodaje muere su productor y protagonista Tyrone Power.

Trapero la pone a caer de un burro y echa pestes contra la ambientación, sus decorados y la falta de rigor histórico en su guión. Para materializarlo en algo chistoso, dice que en el banquete de la reina se ve encima de la mesa un salchichón anacrónico que parece recién salido de Abella. Otros periódicos reproducen esa observación y el embutido de Abella ganó más fama que la película.

El padre de Trapero era oriundo de Aguilafuente (Segovia) y él se tenía por judío, no de fe, que para eso hay que tener la menorah en el comedor y él siempre fue más de Última Cena, pero sí de sangre. Decía, y con razón, que llamándose Trapero y siendo éste nombre de un oficio, sus antepasados tenían que haber sido judíos a la fuerza.

Ahora bien, para escribir Pelúdez, Trapero se quita la kipá y se calza el chapeo de dos aguas. Una de sus fuentes de inspiración para dar vida a Filomena es su hermana Inés, que vive en Castro y que habla un gallego delicioso, repleto de neologismos y apariencias, de modo que ese lenguaje peludeciano de Trapero es mitad mindoniense, mitad chairego.

Trapero padecía un particular horror vacui que seguramente le contagia la austeridad de los tiempos y los libros iluminados de la tradición europea. En él se manifiesta en la necesidad de rellenar cualquier espacio en blanco de los periódicos o las revistas a mano con monigotes, espirales o dibujos varios para así dar utilidad y sentido a ese espacio desocupado. Que sepamos, no llega a hacerlo en libros y eso los salva.

En la radio, desde el “Dios dea boa tarde a todos” hasta el “Bo proveito, amiguiños”, consigue meter toda una enciclopedia del habla y el pensamiento popular que está pidiendo ser editada en uno o más volúmenes. Ahí lo dejo.

Delia Garcés, sangre lucense para el cine argentino

17 de Octubre , 2019

Nace en Buenos Aires hace hoy cien años, después de que sus padres hubiesen dejado Cervantes

HOY SE CUMPLE el centenario del nacimiento de la actriz Delia Garcés (Buenos Aires, 13 oct.-1919). Sus padres, Gabriel García y Amadora Gerbolés, salen de San Tomé de Cancelada, en el ayuntamiento de Cervantes, para hacer por la vida en Argentina. Allí tienen a sus tres hijas, Elda, Amadora y Delia, y allí muere Gabriel a los pocos años de llegar.

El reto debe mantenerse aunque ahora sean cuatro mujeres quienes luchen por la subsistencia. Amadora no es de las que se amilanan. La conocemos gracias al retrato que publica Arturo Cuadrado para ilustrar una entrevista con la actriz en el número 3 de Galicia Emigrante (agosto de 1954). Es una mujer guapa, posiblemente ya viuda por la negrura de su velo y con la mirada fija al frente, como augurio del futuro que le aguarda.

Cuando en ese año Delia ya es una figura de la escena argentina pese a sus problemas con el peronismo, le cuenta a Cuadrado el viaje que ella y su madre realizan a España, probablemente entre 1950 y 1954: “Levei persoalmente a miña nai a Galicia. Acompañeina a San Tomé, en Lugo. Non é fácil contar o que é aquilo. Pareceume estar ante un espectáculo bíblico, sinxelo e grandioso. As casas da aldea, os seus homes e mulleres, ata os animais, adquiren unha singular forza pura, primitiva. A miña nai e a min recibironnos con mostras de afecto inenarrables. Era como unha homenaxe aos que voltan coa lealdade dos permanentes sentimentos de amor e agradecemento ao lugar de orixe. Non debían saber, seguramente, que eu era actriz. Eu era naquel intre a filla de Gabriel e Amadora, e iso era motivo de festa en toda a aldea. Todos nos fixeron agasallos. Agasallábannos, cantábannos. E ata unha cabra soa nun penedo, semellaba feliz…”

En realidad Delia habla en castellano para la entrevista, aunque se adivina que con Amadora es frecuente el uso del gallego en sus conversaciones de casa.

Sobre Galicia añade “Dos veces estuve allí. Vigo, La Coruña. Pontevedra, las rías. El paisaje, todo lo tengo presente… pero Santiago de Compostela es la culminación de todos mis entusiasmos. No sé qué más decir. Hay que estar allí.”

Delia Amadora García Gerbolés de Zavalía se reconvierte para el cine en Delia Garcés. Su belleza y sus dotes para la comedia la conducen al primer plano de la interpretación en Argentina y gracias a las dificultades que el peronismo intenta ponerle a su carrera, va a participar en una de la películas más emblemáticas de Luis Buñuel, donde el aragonés lleva a los máximos extremos su etapa de surrealismo mexicano, Él.

En la llamada época del cine de oro argentino comparte éxitos con otra actriz, también de orígenes lucenses, como fue Zully Moreno, de madre mindoniense, y con Mirtha Legrand, Mecha Ortiz, Amelia Bence, Niní Marshall o María Duval.

Sus inicios se sitúan cuando tiene ocho años y es alumna del Teatro Infantil Labardén. Luego, pasa por el Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico y debuta en el Teatro Nacional Cervantes… como el municipio de sus padres.

Se casa con el director Alberto de Zavalía, que la dirige en numerosas ocasiones y con el que organiza la gira por toda América cuando Perón se las pone crudas. Especialmente relevante para España es su participación en La dama duende, adaptada por Alberti y su mujer, María Teresa León.

La película tiene tal carga política en el núcleo de exiliados, que el Gobierno prohíbe su exhibición en España. De Alberti también rueda El gran amor de Bécquer (1946).

Chilares, 58 años de amor al río

17 de Octubre , 2019

La Gala del Deporte de El Progreso homenajeó el pasado viernes al piraguista lucense

LA GALA DEL Deporte de El Progreso del pasado viernes rindió homenaje al piragüista Ángel Villar Varela (Lugo, 1949), recién estrenada su séptima década.

Es tan amplio el palmarés deportivo de Chilares que debemos valernos de la síntesis y la simbología para que no se desborde a cada lado de estas columnas, y a tal fin utilizaremos el Descenso del Eume, una prueba nacida y crecida en brazos de Jacinto Regueira, ferrolano de nacimiento y lugués de corazón.

Pues bien, Chilares y Manuel Pérez ganan la primera edición del Descenso en 1967. En 1992 se celebran las Bodas de Plata de la competición y Chilares vuelve a ganarla veinticinco años después. Pero no contento con eso, cuando se cumplen las Bodas de Oro de aquella primera Baixada, Ángel y Tito Valledor participan en ella como veteranos. 50 años lo contemplan.

Pero no se crean que con eso abarcamos su período de actividad deportiva, porque se puede ampliar por arriba y por abajo, ya que este mismo año de 2019 ha sido campeón de España de veteranos en Sevilla. Y por abajo podemos remontarnos hasta el año 1961, cuando con 12 de edad, tiene en sus manos el primer trofeo conseguido. Una auténtica barbaridad de la física cuántica.

Cuando recuerda esos tiempos del cuplé, Ángel siempre tiene palabras de cariño para Serafín Caridad, que fue el responsable de su amor por las palas, los ríos y las maneras de descenderlos.

Esos primeros tiempos están jalonados de nombres que participan en la creación del deportista. Serafín, Jacinto y aquel carpintero de A Tinería, amigo de su abuelo, al que un buen día le da por construir una piragua de madera que Chilares, con apenas diez años, lleva al Miño con el resto de sus amigos. La botan y al instante comienza a descubrir otra forma de ver la vida, desde el medio del agua, que lo enganchará hasta el presente, y más allá, que para algo su hija Carmen ya se ha estrenado como ganadora del Eume y en los campeonatos de España.

Además del Miño y del Eume, otro de sus ríos emblemáticos es el Sella. En el 1969 queda tercero con Costa, por detrás de Chalucsky. Lo gana en el 1985 y al año siguiente, con Misioné, es segundo, también por detrás de los Chalucsky, pero en este caso ¡son los hijos del famoso palista alemán-sudafricano del 69!

Bueno, tampoco se crean que todo en Chilares es tan políticamente correcto. Ahí donde lo ven, a él se debe el primer atentado terrorista contra el Gobierno Civil de Lugo… o eso creen los guardias de la Policía Nacional que custodian el edificio de Armanyá cuando en los años sesenta oyen el estruendo de una explosión que proviene del interior del edificio.

Debido al trabajo de su padre allí vive Chilares y hasta su casa ha llevado una piedra de sodio, maravillado de la reacción tan violenta que produce en contacto con el agua. Hay una confusión con la dosis a emplear y la taza del inodoro de aquella estancia del Gobierno Civil salta por los aires hecha añicos. ¡Y eso que ya era un experto en asuntos de agua!

Chilares era su padre y Chilares fue Juan Abad Díaz, uno de los más grandes intérpretes del cante puro minero, junto con la Peñaranda y Enrique, el de los Vidales. Pero Ángel es más del son cubano, de Compay Segundo y de A Miña Borriquiña, de Lamas, que la borda mientras prepara una de sus afamadas tartas de chocolate, imprescindibles en cualquier reunión familiar.

Olímpico, profesor de electricidad, cocinero o carpintero, según la hora del día, Chilares ha levantado su casa con sus manos, y no es una metáfora.

Ángel Carro, de Miñones al Miño

17 de Octubre , 2019

El Domingo das Mozas de 1945 se inaugura el campo de fútbol que él propicia para Lugo

EL SÉPTIMO HIJO de don Manuel Basilio Carro Crespo, de nombre Ángel (Lugo, 1894) y de iguales apellidos que su padre, por haberse casado éste con Josefa Crespo, lo fue todo en esta ciudad, menos alcalde, y eso por muy poco, pues hizo de primer teniente de alcalde con varios de ellos.

Preside el Círculo, la Gimnástica, la Cámara de Comercio y una sociedad que se llamó Estadio Lucense S.A., con los fines que se pueden ustedes imaginar. También vicepreside la Diputación y figura en otras iniciativas ciudadanas por el camino que su padre, acreditado comerciante, le había mostrado.

Su etapa al frente del Círculo durante la guerra se recuerda siempre por la función que la sociedad realiza como hospital de sangre.

Además de Lugo, su recuerdo se encuentra fuertemente guarecido en la historia de Avilés, donde desarrolla una gran labor humanitaria y deportiva, y en Baralla, cuando todavía era Neira de Jusá, o de Rey. Al municipio, a la Torre de Basille y a los Pardo de Vera se liga vía matrimonial a través de la familia Díaz Moreno.

No obstante, el principal bastión del personaje en cuanto a memoria se refiere, va unido al del estadio futbolístico de Lugo, cuyo nombre se parece mucho al suyo.

Repasando papelotes para escribir este cromo del álbum, tropiezo con una joya toponímica que existe hoy en la ciudad, de la cual no tenía ni idea, como creo que será así en el común de los lucenses que por allí no vivan. Se llama Carril dos Miñóns y arranca de la calle Reverendo Xosé Fernández, ya saben, el tío de Manuel María.

Esa denominación hace referencia al antiguo barrio de los Miñones, que por allí se extendía y que a su vez sirve para bautizar el primitivo campo de fútbol, construido gracias a las donaciones de don Ángel e inaugurado el 7 de octubre de 1945, Domingo das Mozas en el calendario froilano, con él en el palco y con un 5-0 en el marcador a favor de la Gimnástica y en contra del Galicia de Ferrol. Se habían disputado tres jornadas de la Tercera División y éstos son los dos primeros puntos de la Gimnástica.

El de Los Miñones no podía arrancar con mejor pie, aunque en ese preciso momento era más habitual referirse a él como Estadio Lucense, en conexión con la sociedad que lo crea, aunque la denominación suena ampulosa por los cuatro costados.

Precisamente Pelúdez está presente en el partido inaugural y él lo define como “un prado grande a medio facer”, que indudablemente es más impreciso, pero que se ajusta mejor a la realidad.

Finalizando los años cuarenta, Rivera Manso escribe en El Progreso para protestar contra los colegas de otros periódicos que hablan del estadio lucense _ volvemos a lo mismo _, llamándolo Campo de Fútbol de la Avenida de La Coruña, cuando lo suyo es citarlo simplemente como Campo de los Miñones y punto.

El caso es que la sociedad Estadio Lucense y Carro al frente del proyecto habían conseguido normalizar la actividad futbolística con un club que se crea como Deportivo Lugo y una directiva en la que curiosamente, no figura el señor Carro.

El campo de los Miñones da paso al de Carro Crespo, así llamado durante los últimos meses de vida del personaje, y posteriormente, al Ángel Carro, hoy Anxo Carro y a veces, Estadio do Miño. De Miñones al Miño.

Teniendo en cuenta que el verdadero nombre de Ghengis Kan era Temuyín; o que los hunos, el pueblo de Atila, eran en realidad los hiong-nu, ignoramos la auténtica trascendencia de estos juegos identitarios, su conveniencia o su prohibición.

Cuando Lerroux se llamaba García González

7 de Octubre , 2019

El político cordobés es consumero en un fielato de Lugo, pero aplica mal las tarifas

BAJO EL NOMBRE de Manuel García González pasa varios meses en Lugo quien años después será presidente del Consejo de Ministros durante la II República, el muy polémico y controvertido ciudadano, Alejandro Lerroux García (La Rambla / Córdoba, 1864).

La utilización de sus segundos apellidos se debe a su condición de desertor del Ejército, por lo que es perseguido por la justicia.

La amistad de su hermano con el ovetense Florentino Morán le proporciona la posibilidad de trabajar en el cobro del impuesto de consumos que tiene lugar en los fielatos de la muralla.

Las circunstancias que rodean su llegada a Lugo se narran en ‘Mis Memorias’, aparecidas tras la muerte de Lerroux. Pese a que el editor Afrodisio Aguado asegura publicarlas íntegras, de ellas se ha desgajado un capítulo titulado ‘Canto a Teresa’, donde el político da cuenta de sus amores, de sus galanteos triunfantes y de sus fracasos, con ciertos ribetes provocativos.

Por arrepentimiento de él ante su familia _ Teresa es su esposa _, o de sus descendientes, el capítulo queda en el olvido hasta que el historiador Carlos Seco Serrano lo desempolva recientemente en un Boletín de la Real Academia de la Historia.

Gracias a esta publicación sabemos ahora de la amistad, en palabras de Lerroux _ noviazgo al decir de los lucenses _, que el futuro político mantiene con una maestra sin escuela, hija de una estanquera del centro de la ciudad, a la que el protagonista de las memorias llama Juanita Currais. Esta colega de Francisca Vázquez Edreira y de Amparo Bellón Otero merecerá su propio cromo en el álbum.

El caso es que Lerroux, un chico espabilado como demostrará la historia, queda adscrito a uno de los fielatos como consumero, sin recibir para ello una instrucción demasiado exhaustiva. En aquel momento existen en Lugo los de las puertas de Santiago, San Pedro, San Fernando, el matadero y el Central, aunque hay otros puntos para el cobro de los arbitrios.

Para las horas muertas en el puesto, su compañero ha ideado la caza/pesca de los pollos y gallinas que picotean alrededor, consistente en disimular un anzuelo con sedal dentro de un grano de maíz. Si la gallina lo traga, el consumero tira del hilito, arrastra al animal, le tuerce el pescuezo y a casa con ella. Todo en cuestión de segundos y cuando el dueño de las gallinas no esté en las cercanías. Después, que busque.

Es de imaginar que Lerroux prueba alguna de esas gallinas, aunque sólo sea para pagar su silencio cómplice.

Cuando Lugo se dispone a celebrar los sanfroilanes de hace 135 años, a Manuel García González, o sea, a Lerroux, le toca estar solo una mañana en el fielato. Entonces se le acerca una montura cargada de pulpo hasta las trancas.

El hombre lo pesa, suma las cantidades, le aplica la tarifa al resultante y cobra.

Al cabo de una hora son cinco, seis… hasta diez los pollinos que hacen cola delante de Lerroux para ser cobrados. Algo inusual porque no es el fielato utilizado por los comerciantes del octópodo.

Por la noche, al rendir cuentas con Canoura, que es el jefe de fielatos, Lerroux entrega las cuatro perras de recaudación a cambio de varios centenares de kilos de pulpo introducidos en la ciudad.

“¡Le han timado, García!”, brama Canoura. Y no exactamente. Lerroux había aplicado una tarifa de 10 céntimos cuando lo estipulado son 10 pesetas, o algo similar.

Así no es extraño que todo el pulpo entre por allí después de que se corrió la voz. Pronto abandona Lugo el cordobés.