Carrascal, el periodista que se hace en Lugo

9 de Diciembre , 2019

Hoy cumple 89 años el periodista que en la ciudad adquiere conocimientos suficientes para sus carreras

TODO EL MUNDO sabe que José María Carrascal (El Vellón – Madrid, 1930), no nace en Lugo, aunque cuando habla de la ciudad su relato se inunda de rincones, de personajes y de hábitos idénticos a los de quienes sí lo hicieron hace cosa de nueve décadas, como el doctor Carril, que está hecho un mozo rebuldeiro.

José María es vellonero y le ha recetado el médico que escriba una columna cada dos días, lo cual cumple a rajatabla. Y hablando de cumplir, hoy le caen 89 tacos que bien podríamos llamar tacos de vellón por lo mucho y valioso de su trabajo, cuya última obra atestigua cómo encara la existencia: Todavía puedo. Y tanto.

Su relación con la ciudad la cuenta en la Antoloxía da memoria de Lugo, realizada por El Progreso:

_Vengo a Lugo cuando tengo seis años, el año 1937 del siglo pasado. Estábamos pasando el verano en la montaña leonesa, cerca de Pajares, en el pueblo de mis abuelos, Folledo de Gordón, y quedamos en la zona republicana. A mi padre se lo llevaron al frente. Perdemos contacto con él. Quedamos en la casa de mis abuelos mi hermano, dos años más joven, mi madre y yo. Así que allí pasamos un año salvaje, sin escuela, sin enterarnos realmente de la guerra.

_ Mis tías vivían en Lugo. Una de ellas era Elisa, inspectora de Primera Enseñanza, a la que muchos recordarán. Ellas seguían en el mapa el avance las tropas y cuando se inicia la ofensiva desde La Robla para liberar Oviedo, como su padre había sido militar y tenían buena relación con los oficiales del Ejército de Franco, les dijeron: “Mañana toca la entrada en Oviedo”. Y se presentaron en un coche detrás de las tropas. Mi madre les oyó hablar a los soldados y dijo: ¡Son gallegos! Esto fue por la mañana. Por la tarde aparece por allí un taxi de León y dentro, dos señoras con sombrero. El taxista nos llevó a León y allí cogimos el tren y nos vinimos a Lugo.

_ La impresión de Lugo fue considerable, pero a las pocas horas bajamos al Cantón y nos hicimos con la nueva geografía. Los niños se establecen enseguida. Mi madrina vivía primero en la calle Quiroga Ballesteros, pero en cuanto se terminó de construir la llamada casa de Roca, en la Plaza de España _ actual Praza Maior _, se traslada al cuarto piso de allí, y detrás vamos nosotros. Manolo Roca, el hijo del médico que era bastante mayor que nosotros, fue una de nuestras primeras amistades. Recuerdo preguntarle el sentido de las palabras que desconocía. En el primer piso había un sastre, Ismael, y con sus hijos también jugábamos. En esa casa pasamos dos años.

_ Poco antes de terminar la guerra aparece mi padre en un campo de prisioneros y aunque él se había pasado, hubo que justificar que era un hombre de derechas que se lo habían llevado para hacer trincheras.

_ A mi madre, que era maestra, le dan una escuela en la calle de Santiago y allí voy yo.

_ Ingreso con nueve años en el Instituto, un año más joven que mis compañeros y a esas edades, un año es mucho. Yo siempre he hecho el Bachillerato con la lengua fuera. De modo que paso los siete años de Bachillerato en el viejo Instituto de la calle San Marcos, que dejaron en mí una impresión imborrable. Todo lo que sé lo aprendí en aquel instituto.

_ Mi padre me obligaba en vacaciones a preparar una asignatura del curso siguiente y a escribir una redacción diaria sobre cualquier cosa, los árboles, pues los árboles; una tormenta… y así un día tras otro. Posiblemente ahí nace el periodista, el escritor y todo. La verdad es que se me daba bien.

Por qué Negueira es de Muñiz

6 de Diciembre , 2019

Hace noventa años ese municipio de Lugo comienza a llamarse como hoy se le conoce

CUANDO ALGUIEN SE refiere al Señor Muñiz en tierras de A Fonsagrada es que habla de José Antonio Muñiz Álvarez (Negueira de Muñiz, 1883), nacido en Vilar de Ernes varios años antes de que el municipio se llame así, por la sencilla razón de que él es el epónimo de la actual Negueira. Algo así como Octavio Augusto respecto a Lucus Augusti.

El chaval de José Antonio y Manuela sale listo como un rayo; de verbo fácil, simpatía natural y gran poder de convencimiento, condiciones sine qua non podría llevar a cabo el trabajo que la historia, o la necesidad, le reservan.

En su Casa de Muñiz prepara las clases que recibe en la escuela de Ernes, cuya parte de abajo sirve también de salón de baile; esto es, prodesse et delectare en estado puro. Le van las letras y la lógica, especialmente, Jaime Balmes, quizá por El criterio, quizá por su Filosofía elemental, aunque no llega a licenciarse en nada, lo cual no es en absoluto balmesiano.

Marcha a Cuba y a Francia, para regresar a Lugo ya con 40 años, con una bolsa lustrosa y con una sólida formación en la escuela de la vida y en las aulas que él se impone. Su idea: ser útil a los demás.

Entre 1923 y 1925 se dedica a formar sociedades agrarias con los vecinos del valle de Negueira. Son cooperativas según fórmulas que descubre en Francia, tan preocupadas de rentabilizar los recursos, como de acrecentar la educación y la cultura de los jóvenes mediante la creación de una docena de escuelas.

También financia una elemental carretera con A Fonsagrada hasta que logra el apoyo de 287 vecinos para llevar a cabo su sueño, esto es, segregar las feligresías fonsagradinas de Ríodeporto, Negueira, Hernes, Ouviaño, Barcela y Marentes, y constituirlas en ayuntamiento propio.

Salvadas las dificultades imaginables, se consigue por Real Decreto del 22 de julio de 1928, y se bautiza como Ayuntamiento Constitucional de Negueira. El 22-XI-1929, por Real Orden, se aprueba el cambio de nombre y nace Negueira de Muñiz, para evitar confusiones y para honrar a su promotor, que es el recaudador de impuestos en A Fonsagrada. Finalmente, el 5 de diciembre es oficial dicha denominación.

El Progreso informa de la novedad alabando la labor titánica de Antonio Muñiz y destaca que el hecho de agregar el apellido al nombre del concello se debe a la gratitud de su pueblo, que así lo eterniza.

En las elecciones de 1933 va a ser candidato de la izquierda agraria, pero al enterarse de que se presenta César López Otero, el creador de Ribeira de Piquín con su hermano Avelino, decide retirarse y pedir todo el apoyo de los votantes para César.

Él será presidente de la gestora municipal de Negueira, pero nunca ocupa la alcaldía, entre otras razones, porque es acusado de malversación de fondos como recaudador de impuestos y se le piden siete años de cárcel. De ella sale con sus propiedades confiscadas, como era el edificio del famoso Bar Regio en la Ronda lucense.

De nuevo en libertad y cuando ya ha cumplido los 61 años, se casa con Estrella Méndez Campa, de 17 años, nacida en Pola de Allande, en Asturias, y paisana del actor Frank Braña.

El matrimonio se instala en la calle Juan Montes de Lugo, esquina a la de José Antonio (Progreso), donde los vecinos más talludos recordarán la existencia de una chocolatería, aunque antes regentan un bar en la de José Antonio.

Él es ciego del ojo izquierdo, provecto y tocado de amargos recuerdos, pero su jovencísima esposa lo recordará siempre como el hombre que la hizo feliz. Son padres de tres hijos, Eva, Estrella y Antonio.

El Señor Muñiz fallece en Lugo el 3 de enero de 1956.

Durán, un orador sagrado de gira por Galicia

5 de Diciembre , 2019

El sacerdote de Viveiro fue su profesor en la escuela de Marcos Leal del Ferrol a los 5 años

UNO DE LOS preceptores que tuvo Francisco Franco en su infancia fue Eugenio Durán López (Viveiro, 1869), sacerdote de amplio recorrido, verbo fácil y generosa herencia.

Franco, que había nacido el 4 de diciembre de 1892, _ y de ahí el recordatorio de hoy _, pasa por la escuela de Marcos Leal cuando tiene cinco años, y en ella imparte doctrina Durán, el nieto de Juana Balsa, como alguno le recuerda entonces en Viveiro, aunque pronto dará motivos para que lo nombren por el propio.

Había estudiado en Mondoñedo, como corresponde, y en ese tiempo de docencia con el niño Franco era coadjutor de la iglesia ferrolana de San Julián, donde cimienta su fama de piquito de oro.

Pero hete aquí que tres años más tarde es enviado como cura ecónomo a otro San Julián, el San Xiao de Landrove, un destino que no complace las aspiraciones del arrebatado y pasional sacerdote de Viveiro, pese a que con él volvería a su tierra.

Nada consuela su disgusto y para dejarlo bien patente, organiza su traslado a México, donde será párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y donde se codeará con los más altos políticos de la nación, con los dirigentes de la emigración gallega y con lucenses destacados, como Benito Menacho Ulibarri. Todos destacan de él su elocuencia arrebatadora y no hay acto en el que no haga uso de la palabra, bien porque le corresponde, porque se la piden o porque la pide él.

Al poco tiempo de llegar, en 1902, el nombre del presbítero Eugenio Durán ya es un marchamo de calidad y su título de orador sagrado le precede en la prensa y en los comentarios, como prueban las referencias impresas que de él se publican con tan solo dos años de estancia allí.

Alrededor de 1920 levanta el ostracismo gallego que él mismo se impone y regresa con dinero y con el título inequívoco de ser la voz más competente y la cabeza mejor amueblada del clero, dentro y fuera de las cuatro provincias.

Como consecuencia de ello, Durán es llamado para ocupar púlpitos y estrados como si de un artista se tratase. Un buen sermón del presbítero de Viveiro es durante la década de los veinte el mejor colofón para novenas de prestigio, ejercicios espirituales o fiestas de guardar, en el convencimiento de que Durán no defraudará las expectativas.

Durante los años 1928 y 1929 participa en los actos que se celebraban en el Teatro Nemesio de Viveiro como Homenaje a la Vejez, o a los marinos ancianos, donde su verbo fácil siempre destaca por encima del resto de oradores y donde siempre hay algún niño, como Amparito Morris, que sube al escenario para atreverse con El Relicario o Sus pícaros ojos.

Ya el 26 de abril del 36, tres meses antes de la guerra, Durán es detenido durante algunos días. No se conoce contra él otro cargo que haberse significado como derechista, lo que da idea de la debilidad gubernamental que se respira.

Durán muere después de la guerra, en 1944, “tras rápida y traidora enfermedad”, cumplidos los 75 años de vida.

Un año después se conocen sus donaciones a la Superiora general de las Hermanas terciarias franciscanas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, y en 1946, el capellán de la Armada, el escritor y periodista mindoniense Carlos Polo López-Berdeal, entrega a varias instituciones benéficas el legado de más de cien mil pesetas que deja a los pobres de Ferrol el sacerdote Durán.

Los Ancianos Desamparados de Viveiro también reciben otra donación suya. Antes de morir había comprado el órgano para la iglesia de San Julián donde comienza su actividad.

R. Ramiro Rueda, en los albores de la Antropología criminal

4 de Diciembre , 2019

El abuelo del que será alcalde de Lugo protagoniza el nacimiento de esta especialidad en España

LA LLEGADA DEL siglo XX marca la decadencia de la frenología y la aparición de la moderna Antropología criminal, es decir, la irrupción de la ciencia en la investigación y el análisis jurídico de los delitos, los primeros pasos del CSI y de tantas series análogas sobre asesinatos.

En ese momento encontramos a Ramón Ramiro Rueda y Neira (O Saviñao, 1840), que ocupará la primera cátedra de Estudios superiores de Derecho Penal y Antropología criminal de España, también llamada Antropometría penal, en la Universidad Central de Madrid, aunque eso sí, durante muy pocos meses, pues es nombrado con 63 años de edad y muere a los 64.

Rueda y Neira había nacido en Lamaquebrada (Fión, O Saviñao), el año señalado y muere en Madrid el 3 de mayo de 1904, muy poco tiempo después de ganar esa cátedra, por lo que su influencia real en el Derecho tiene más que ver con el Penal, al que dedica un tratado que sirve de texto para la asignatura en muchas universidades españolas y en Santiago, de donde fue catedrático durante décadas.

Hace el llamado bachillerato de Artes en el Instituto de Monforte (1858) y estudia Derecho en Santiago, para marchar luego a la Universidad Central, donde obtiene el Bachiller en Derecho Administrativo con la calificación de sobresaliente (1864).

Desde el año anterior a su tesis sobre el retracto ya es catedrático en Santiago de Mercantil y Penal y uno de sus alumnos es Alfredo Brañas. Obtiene la cátedra en propiedad el año 1868, cuando contrae matrimonio con Eladia de Andrés García. La casa familiar se encuentra en la praza dos Literarios, en cuyo bajo se instalarán las oficinas de Correos.

La familia veranea en Vilagarcía de Arousa y en las tierras que poseen en Sobrado dos Monxes. No consta que mantuviesen propiedades en O Saviñao. Es presidente/fundador de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago y desde ella contribuye a la creación de escuelas en varios barrios consideradas modélicas, como las del campo de San Clemente. También promueve las colonias infantiles en Vilagarcía y un grupo escolar en O Inferniño. Joven aún, merece la encomienda de Carlos III.

En 1872 participa en la creación de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Santiago.

Su primogénito Manuel Rueda de Andrés hace la carrera militar, va a Cuba con los Cazadores de La Habana y allí resulta levemente herido. Quince años más tarde, en 1913, muerto ya su padre y siendo capitán del Regimiento de Zaragoza, se casa con María de las Hermitas Fernández Rodríguez. Al año siguiente tendrán a su primer hijo, Ramiro Rueda Fernández, que con el andar de los tiempos será alcalde de Lugo, entre otras muchas cosas.

Por lo tanto, aunque nacido en Santiago, el alcalde Rueda procede de una familia lucense. Pero volvamos al abuelo.

En su discurso inaugural del curso 1883/84, se preguntaba si el Código Penal concede al elemento psíquico toda la importancia que realmente tiene y en 1883 solicita autorización para estudiar penales en el extranjero. En 1902 realiza estudios de antropometría criminal en la cárcel Modelo de Madrid, cuyos resultados comienza a exponer en su última e innovadora cátedra cuando le sorprende la muerte.

Traduce del portugués la obra de Antonio D’Azevedo Castelo Branco, “Estudios penitenciarios y Criminales” y es un ardiente defensor del libre comercio por considerar que el nefasto proteccionismo es “el origen de los males que afectan al comercio y la industria”.

Antonio, el gigante de Barreiros que no fue pívot

3 de Diciembre , 2019

Seleccionado para el equipo nacional en la Operación Altura de 1961, renuncia a las pocas semanas

LA OPERACIÓN ALTURA de 1961 localiza a cinco muchachos que rondan los dos metros, o los superan. Los responsables se ponen muy contentos y lanzan las campanas al vuelo antes de saber si su hallazgo sirve para algo.

Al frente de la leva deportiva se encuentra Joaquín Hernández Gallego, excelente jugador, reconocido entrenador y magnífica persona, que está al frente del Hesperia, pero que pronto pasará a la sección juvenil del Real Madrid y a su primer equipo, que dirigirá al mismo tiempo que la selección nacional. Cosas de antes

El 16 de septiembre de ese año viaja a Lugo para entrevistarse con José Antonio Santiso, presidente de la Federación Lucense y pieza clave en el descubrimiento que Hernández viene a confirmar.

Se trata de Antonio Martínez Pérez (Barreiros, 1938), joven pero talludo secretario del club de fútbol de San Miguel de Reinante, dedicado al negocio familiar y que jamás en su larga vida _ a lo alto _, tuvo relación con el baloncesto más allá de saber que hay un aro y que se bota una pelota.

Pero al decir de los olisqueadores, Antonio es una joya. Mide 2,14, una cifra que les pone los dientes largos para especular resultados: “Con que lo tengamos al lado de la bombilla y se le pasen balones, el tío se estira y los mete”.

Hernández va a Reinante, conoce a Antonio, habla con la familia y llegan a un acuerdo.

El siguiente paso es concentrarlos en la residencia del Gimnasio Moscardó de Madrid y someterlos a una inmersión cruenta en el mundo canastil para ver qué pescados traen las redes.

Ya no se habla de cinco, sino de tres. El de Lugo, de 23 años; otro chico de Vigo llamado Alfonso Álvarez Fernández, de 18 años y 1,90 m y otro de Béjar, Valentín Vázquez Sánchez de 2,01 m. Se estima que todavía pueden crecer más, porque de hecho Alfonso gana 4 centímetros en el último año.

El plan consiste en dos horas y media de entrenamiento con pelota y algo más, sin ella. El chico de Vigo, que ya era jugador del Areosa, dice que les exigen mucho tiro, muchas suspensiones… “quieren hacer de nosotros unos atletas”. Lógico.

Entrenan solos o con los del Hesperia, y semanas después, con los juveniles del Real Madrid. Además el vigués estudia para aprobar el ingreso en la escuela de aparejadores. Antonio no estudia, así que hay que imaginarlo muchas horas del día con la mente puesta en el Cantábrico, en su familia, en el arroz con bogavante.

No les comentan los resultados, ni si van bien o van mal. Alfonso, más acostumbrado, lo entiende y aplaude que sean prudentes con ellos. Antonio, no. Se desespera y no se ve de pantalón corto. Del de Béjar ya ni se habla.

Cuando arranca diciembre como ahora, llega el final de la aventura. Las impresiones de Hernández y sus colaboradores no son buenas. Antonio es torpón. Será todo lo alto que quieras, pero no está hecho para el baloncesto. Ni le interesa, ni le acompaña la mínima coordinación muscular que el deporte exige. Y lo que es peor, jamás la conseguirá por mucho que entrene con los Harlem Globetrotters.

Lo único que trasciende de todo ello es que el chico de Lugo abandona. Renuncia a seguir la meta que otros le marcaron y que él dejó crecer como sus piernas por si sonaba la flauta. Pero no sonó. Era imposible.

Aquella operación fue un fiasco. Algunos comentaristas tan poco versados en baloncesto como Antonio escriben entonces que ese deporte está mal organizado y que tienen que establecerse categorías. “Gigantes contra gigantes y chaparros contra chaparros”. Lo que hay que oír.

El niño de Friol que acabó con la viruela

2 de Diciembre , 2019

Hace 216 años parte de A Coruña la Expedición Balmis y muere en Lugo Camilo Maldonado

EN UNA TV movie de 2016 titulada “22 ángeles” se narra la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Es la historia del viaje que partiendo de A Coruña el 30 de noviembre de 1803 bajo la dirección de Francisco Javier Balmis, va a conseguir la erradicación de la viruela en el mundo.

Estamos pues en el 216 aniversario de aquella magnífica iniciativa, una de las que siempre se recordarán como hitos de la medicina.

La clave de su éxito radica en la utilización de 22 niños gallegos como reservorios de la vacuna que la mantienen fresca en sus cuerpos a medida que la reparten “brazo a brazo” en los distintos puertos a los que llegan con su preciosa carga.

Ninguno de los llamados niños vacuníferos regresa de la expedición, lo que da mayor idea de su sacrificio.

Jenner, el descubridor de la vacuna, declara: “No imagino que en los anales de la Historia se halle un ejemplo de filantropía tan noble y excelso como éste”. Y Humboldt recalca: “Este viaje permanecerá como el más memorable de la Historia”.

Uno de esos 22 niños es de Lugo. Se llama Juan Antonio, tiene 6 años y ha nacido en la parroquia de Santa María de Xiá (Friol, 1797), aunque entregado en la inclusa del Real Hospital de Santiago, será criado hasta esa edad por una familia de Santa Cruz de Ribadulla, en Vedra.

Ahora bien, no son 22 los niños utilizados, sino 28, veintidós gallegos y seis castellanos. Estos últimos seis son devueltos a la Casa de Desamparados de Madrid, entre otros motivos, por salud y porque ya han servido como portadores. A partir de ese dato y en justicia, hay que considerar que todos son héroes y todos forman parte de la expedición. Por lo tanto el título del telefilm más adecuado habría sido “28 ángeles”.

A la hora de evaluar las mayores posibilidades de éxito, las autoridades consideran que los niños procedentes de Madrid tenían más posibilidades de haber padecido la enfermedad y presentar mayor resistencia a la vacuna. La elección se decanta también hacia los niños gallegos, pues presuponen que su origen más cercano a la costa les permitirá afrontar con mayores garantías esa larga travesía marítima, aunque su cuna hubiese sido Friol, como Juan Antonio.

Uno de los seis descartados es Camilo Maldonado, un muchacho de once años con un apellido que sugiere orígenes gallegos, aunque su nacimiento haya sido madrileño.

Al pasar por Lugo el 14 de diciembre, cuando viaja de regreso a Madrid, fallece y es enterrado en la ciudad, convirtiéndose de esa forma en la primera víctima de la expedición, en el primer héroe de la viruela.

La historia lo va a castigar todavía más, pues al no regresar a Madrid, en muchas narraciones su nombre ni siquiera aparece, y así nos encontramos que los seis sólo son cinco: Andrés Naya, Domingo Naya, Antonio Verediaa y Vicente Ferrer.

En Lugo no existe la más leve referencia ni al héroe Juan Antonio de Friol, y al héroe Maldonado. Del primero no se sabe dónde muere. El segundo sucumbe en la ciudad, pero de ninguno hay en ella, ni en la provincia memoria de su contribución contra la viruela, pese a haberlo intentado en 2010 la actual diputada Ana Prieto.

Quizás ahora, desde sus nuevas responsabilidades y con el empuje de la producción televisiva que habrá divulgado el hecho, sea un momento más oportuno para el necesario recuerdo y evitar que un día alguien pueda echar en cara a esta ciudad y a esta provincia que ignoren lo que en ellas ha ocurrido, incluso cuando se trataba de acabar con la viruela en el mundo.

El banquero que quiso conservar la muralla

2 de Diciembre , 2019

Se cumplen los 97 años de la muerte del primer propietario de un automóvil en Lugo

RAMÓN NICOLÁS SOLER y Noriega (Ferrol, 1843) fue vecino de Lugo durante sesenta y dos años, por lo que nada hay en contra de acoplarlo como lucense, no solo por vecindad, sino también por lo mucho y variado de su contribución.

Con 17 años ya vive en Lugo, donde se convierte en contratista de obras con el éxito suficiente como para que en 1879, cuando se sacan a subasta pública las obras de las torres de la fachada principal de la catedral, le sean adjudicadas a él.

Soler es accionista del Teatro Jofre, inaugurado en 1892. El 17 de septiembre de 1893 se constituye la Cámara de Comercio, Industria y Navegación, y don Ramón Nicolás es elegido su primer presidente, aunque solo va a permanecer un año en el cargo. Durante su mandato se pone la primera piedra para celebrar la Exposición Regional de 1896.

Su actividad empresarial no cesa. Ya es presidente de la Banca Soler, en Reina 3, y propietario de la fábrica de la luz eléctrica de Lugo. También este año presenta una proposición para la subasta del ferrocarril del Ferrol a Betanzos, cuya adjudicación no logra.

En esta época hay que referirse a la debatida cuestión sobre si Ramón Nicolás Soler es o no el primer propietario de un coche en Lugo. Sus detractores afirman que no, pues al Weyher del señor Soler le corresponde la matrícula LU-5 en 1905, por lo que efectivamente hubo cuatro antes, encabezados por Ramón Alvarado y Osorio, dueño del LU-1 de 1904. Lo que pasa es que Soler ya tuvo un Daimler de bencina y con él realiza viajes por Galicia que quedan plasmados en la prensa.

El 4 de junio de 1898, varias cabeceras se hacen eco de que a las dos de la tarde de ese día llega a Ferrol “por la vía terrestre, utilizando un curioso coche automóvil construido por la casa Daimler”. Dan detalles. Sale de Lugo a las cinco de la mañana y llega a las dos de la tarde, es decir, nueve horas, a 22 km por hora.

Un año después, sale de Santiago a las seis y cuarto de la mañana y llega a Lugo a las doce. Ha rebajado tres horas en un recorrido de unos cien km. No está nada mal.

Los coches de Soler _ no se sabe si el primero, o los dos _, provocan la admiración de los lucenses y se encaraman a la posteridad en dos coplillas populares.

Entonces interviene en las gestiones para instalar una fábrica de remolacha en Galicia que finalmente se ubica en Portas, cerca de Caldas de Reis, y que tiene una efímera existencia de apenas tres años (1901-1903).

Una curiosidad, sus hijos Ramón y Nicolás rescatan un cadáver del Miño en septiembre de 1903. Pero quizás el aspecto menos conocido de Soler sea su participación en la polémica surgida el año 1905, en torno a si debe demolerse o no la muralla. Todo comienza con dos derrumbes cercanos en el tiempo.

El Regional dice que la cuestión debe someterse a plebiscito, como el Brexit, y que se haga lo que decida la mayoría. ¡Horror! ¿Y si sale que sí, que debe ser derruida? Hay cosas que es mejor no preguntarlas.

La Idea Moderna es partidaria de demoler, en contra de “los entusiastas admiradores de esa mole de cal y piedra”. El núcleo duro de los conservacionistas se parapeta en las columnas de El Norte de Galicia que forman Emilio Tapia Rivas, Germán Vázquez de Parga de la Riva, presidente de la Diputación, el abogado José María Montenegro y Soto, el arquitecto Nemesio Cobreros y Cuevillas y Soler, nuestro protagonista. Ya sabemos quién gana.

Soler fallece la noche del 3 de diciembre de 1922. Le sobreviven sus hijos Ramón, José, Nicolás, Fernando, Ana, Emilia, María y Carmen Soler Zubiri.

Lodeiro, el músico culé

29 de Noviembre , 2019

Hace hoy cinco años se volvía a escuchar el primer himno del Barça, escrito por este músico de Mondoñedo

LA RÚA MOSCAS está en Os Muíños, muy cerca del Pasamento. Cuando aún faltan tres décadas para acabar el XIX corre por ella un chaval al que su familia encauza hacia la carpintería.

Se llama José Antonio Lodeiro Piñeiroá (Mondoñedo, 1868) y se supone que el oficio en el que se le instruye es también el de su padre, Benito Lodeiro, o el de alguno de sus abuelos, José Lodeiro, que es vecino de Santo André de Masma, o Ramón Piñeiroa, que hace por la vida un poco más lejos, en San Xoán de Vilaronte, ya en tierras de Foz.

Pero el chiquillo está destinado a tocar otras maderas, las que se utilizan para las batutas. Los responsables de tan brusco cambio de dirección son su tocayo José Antonio Ramos Gasalla, llamado o Refaixeiro, de quien da noticia Andrés García Doural, y Hermenegildo Mancebo, que dirige la banda de Mondoñedo y que lo convierte en clarinetista.

Dentro del abanico de posibilidades, una banda militar parece un lugar adecuado para sobrevivir y prosperar. Lodeiro deja Mondoñedo y se integra en el Regimiento de Murcia, de guarnición en Lugo. Luego consigue aprobar los ejercicios como músico de segunda y en tales condiciones cambia de residencia para residir sucesivamente en Gerona, Figueras y Barcelona, dentro de los regimientos Asia y Alcántara.

Y al tiempo que se consolida en su trabajo, envía a Mondoñedo piezas que le reclaman o que él idea, como la del Corpus Christi, o composiciones de gaita para Os Pacheco, o para otras formaciones, como la de Ortigueira.

Pero su anécdota vital ocurre en 1910, el año en el que el Foot-ball Club Barcelona gana las tres competiciones en las que está inscrito. Dicho en argot actual es el primer triplete, aunque en 1910 nada de tripletes se habla.

El Barça que preside el alemán Otto Gmelin acaba de ganar el Campeonato de Cataluña, la Copa de los Pirineos Orientales y el Campeonato de España 1909-1910. Los tres triunfos, nunca antes conquistados, merecen la creación de un himno, que al mismo tiempo será el primero de un club de fútbol español.

El 17 de julio de 1910 va a disputarse un encuentro en el campo que el club tiene en la calle de la Industria, donde también habrá atletismo para festejar la magnífica temporada. Se ha dispuesto que se enfrenten los jugadores del primer equipo del Barça contra los del segundo, para que todo quede en casa. Los veintidós convocados oyen por primera vez el Foot-ball Club-Barcelona Himno Marcha, así bautizado por su compositor.

Como decíamos, tanto el concepto del triplete como el propio estreno del himno son incorporaciones posteriores, pues los lectores de La Vanguardia del día siguiente apenas se enteran de nada de eso, ya que lo destacado por el periodista es que ha sido una tarde de mucho calor. No obstante, el hecho concreto es que el himno se estrena con la banda militar formada en el centro del campo y que es coreado “con los típicos hurras”.

El 21 de septiembre de 1915, la junta directiva del Barcelona decide imprimir la partitura de Lodeiro y repartirla entre los aficionados en partidos especiales. Éste de Lodeiro con letra de José Albert estará vigente hasta el 25 de febrero de 1923. Luego se pierde.

El causante del redescubrimiento es Xabier Andrés Garrote, vecino de Ortigueira, que encuentra una partitura manuscrita para piano entre los papeles de su padre, un hombre que ha formado parte de la escuela de gaitas de aquella localidad.

El 28 de noviembre de 2014, en el Museo del Barça, y el 5 de agosto de 2017, en Mondoñedo, el himno de 1910 vuelve a sonar en homenaje a su compositor.

Germán Alonso, padre de los Pimenteles

28 de Noviembre , 2019

Hace hoy 95 años se inauguran las instalaciones de la Gota de Leche que él dirige

SE CUMPLEN HOY 95 años de la inauguración de la Gota de Leche en la Casa provincial de Maternidad y Expósitos que ocupa la Casa da Viña, es decir, el Castel Gandolfo de los obispos lucenses, antes de convertirse en casa-cuna.

En ese 27 de noviembre de 1924 su director es el doctor Germán Alonso Hortas (Lugo, 1881), casado desde el 11 de febrero de 1917 con la viuda de Luis Vázquez Barreiro, Consuelo Fernández Pimentel Díaz, madre de los Pimenteles.

Persona queridísima por sus pacientes y por todos quienes lo conocen, fue decisivo para encauzar las carreras de sus hijastros, que siempre lo tuvieron como padre. Luis, el poeta, Carlos y José trabajarán con él en el sanatorio familiar de la calle Bispo Aguirre.

Fole afirma que el sanatorio Pimentel dispone del segundo aparato de Rayos X de la provincia, siendo el primero el de Manuel Pardo Baliña.

La inauguración de la Gota de Leche tuvo su gracia. Además de Alonso como director, el acto cuenta con la presencia del abogado Manuel Pardo Pallín, su administrador, y de dos médicos, Ángel Roca Novo, que más tarde la dirige, y el doctor Gallasa.

Acuden el gobernador civil, Varela de Limia y Menéndez; el presidente de la Diputación, Montenegro; el vicepresidente Peña, los diputados Pozzi, Diez Cortón, Velayos, González Lenza y Castiñeiras; el presidente de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, Sanjillao, y la prensa. Antonio de Cora, por El Progreso.

Se inicia el recorrido en la habitación de los niños destetados. Alonso explica la compra de las cuatro camas existentes gracias a la Diputación. Son pocas, pero se estirarán hasta donde lleguen. Por ejemplo, solo se ocupan tres y la cuarta queda para los casos urgentísimos.

Los partos se realizan delante de otras mujeres embarazadas y algunos alumbramientos se aceleran por contagio.

También visitan el cuarto de las amas, donde ocho orondas mujeres dan de mamar a dos o tres niños cada una, “sentadas en butaquitas de mimbre, formando media circunferencia, risueñas y coloradas”. Antes, cada mujer daba el pecho a cuatro mamones. Hay que contratar a más, dice Alonso.

La Casa todavía dispone de un torno de la vergüenza, que también se visita. Todos opinan que debe desaparecer.

Más niños, ocho o diez, están a cargo de una mujer mayor. Una sala con otras cuatro camas se destina a las que están a punto de parir. Pueden usarse desde el séptimo mes de embarazo.

La Gota de Leche propiamente dicha está en el sótano, en otros tiempos cocina o cuadra. Ahora tiene las paredes blanqueadas y se han abierto ventanas.

Allí existe una esterilizadora, una filtradora, una máquina de llenar biberones, y otros aparatos auxiliares. El poncio las inspecciona una a una y Alonso se las explica. Entonces se decide ponerlas a funcionar. El gobernador Jacobo Varela de Limia se sienta cerca de la desnatadora. Quiere ver cómo funciona.

Y tanto que lo ve. De la máquina surge un chorro de leche que se dirige directamente al sombrero y los pantalones del señor gobernador. Antonio de Cora comenta con gracia el chusco episodio. Es como el champagne que se estrella contra un barco al ser botado, pero siendo la Gota de Leche lo que se inaugura…

Germán Alonso morirá en plena guerra, el 7 de julio de 1937, y su mujer, en enero de 1945. El médico seguía siendo director de la Maternidad. Deja escritas varias obras médicas y un Catálogo de los fondos de la Biblioteca Pública Provincial de Lugo.

El soldado Pino huye de los rifeños tras dos meses prisionero

27 de Noviembre , 2019

Hace hoy 98 años regresa con tres compañeros a las líneas españolas y cuenta su cautiverio

EL DESASTRE DE Annual en la guerra del Rif engloba una serie de enfrentamientos, huidas y masacres que se citan como una de las más dolorosas derrotas de los ejércitos españoles en todos los tiempos.

El Desastre incluye la matanza del monte Arruit, cuando alrededor de tres mil soldados son acuchillados y muertos por rifeños después de rendirse, en un acto vil y despreciable sin parangón en los tiempos modernos.

Dos meses más tarde, en octubre de 1921, Monte Arruit es reconquistado por las tropas españolas y todavía entonces los militares que entran allí se encuentran los cadáveres de sus compatriotas a lo largo de todo el campamento, amontonados o simplemente dejados en el lugar donde habían sido asesinados, ya que no se puede hablar de batalla donde solo hubo una ataque contra gente desarmada.

Otro resultado de Annual fue la infinidad de prisioneros que los rifeños mantuvieron durante meses en la franja sur de Nador y Melilla, en muchas ocasiones casi a título individual, haciéndoles trabajar en sus tierras, martirizándolos o sirviendo de burla y entretenimiento para sus mujeres y niños.

En ese ambiente, tal día como hoy de 1921, aparecen en Monte Arruit y Melilla cuatro soldados que dicen haber escapado de sus respectivos carceleros, unos con gente de Annual y otros, de Talilit.

Se trata de los soldados de la 4ª Compañía, II Batallón, Regimiento Ceriñola 42, Félix Aloza García, natural de Zaragoza; Eugenio González Pérez, de Ciudad Real, Telesforo Fenoll García, de Valencia, y Francisco Pino Lombardero (Lugo, 1901?).

Los 151 soldados del Ceriñola estaban al mando de los tenientes Leopoldo y José Aguilar de Mera, y Federico García Moreno.

A los cuatro los acompaña “el moro” _ tal como era la denominación de la época _, Abd-el-Moli-Kaddur, conocido rifeño colaborador con España. Dicen que cada uno por su cuenta habían decidido escapar aprovechando la poca vigilancia que se ejercía sobre ellos en los tres meses que duró su cautiverio. Y muy especialmente en las últimas semanas.

Informan que tanto ellos como el resto de los prisioneros tenían en este tiempo bastante información sobre los avances de las tropas españolas porque leían El Telegrama del Rif con cierto retraso, ya que las páginas de este periódico servían para envolver los suministros que les llegaban, de modo que entre frutas y verduras aprovechaban para enterarse de la marcha de la guerra.

Los soldados cuentan que un corpulento moro negro al servicio de Abd-el-Krin que al igual que otros muchos, viste la guerrera de un oficial y hace continua ostentación de un sable, con el que golpea a los que se carcajean al ver su grotesca figura, que él cree muy bizarra, pero que a los españoles les parte de la risa. Aún así, les recomendaban escribir a sus casas, más como una acción de propaganda, que de consuelo.

Aseguran, como ya hicieron otros que recobraron antes la libertad, que las mujeres y sus hijos se complacen en escupirles, insultarles y apedrearlos a todas horas.

Dicen haber visto a Abd-el-Krin en diversas ocasiones, a quien le hacen saber el mal comportamiento de las moras.

El soldado Telesforo Fenoll difiere de estas versiones, pues en su caso, quien lo retiene como prisionero en Dar Kebdani, cerca del Monte Arruit, le hace objeto de muy buen trato, hasta el punto de no haberle obligado a trabajar ni un solo día.

Cuando este extraño carcelero lo pone en libertad días antes, le da un gran abrazo de despedida.