Velarde y la economía
14 de Diciembre , 2019
El Vesubio, una opción
Señor Velarde Fuertes: Le sigo desde aquella sección de las libretillas que siempre tendré entre mis referencias de buen periodismo económico, porque se entendía todo, o casi todo lo que en ellas iba exponiendo; con los números bien colocados, los antecedentes bien analizados y las predicciones bien fundamentadas. No es hacerle la pelota, sino la descripción de la pura realidad.
Quizás por ese recuerdo de clarividencia siento decirle que me ha decepcionado leer su consejo ante el posible gobierno que se avecina y que nadie con dos dedos de frente parece dispuesto a evitar.
Me ha decepcionado oírle decir que “Dios nos coja confesados”, porque aunque lo estemos, nada nos va a librar de ver las miserias del forro de los pantalones y de trabajar a mayor gloria de cuanto oportunista chupacaudales crece en los campos españoles en sus distintas modalidades de golfos apandadores, vagos redomados, racistas del terruño, o sus variantes, qué guapo que soy y mándame el sueldo a casa.
Por eso, señor Velarde, aconsejarnos que confesemos nuestros pecados y aguardemos pacientemente el desfile de las sacas por delante de nuestras puertas, con el ánimo encogido y el corazón contrito, no me parece la reacción más contundente, útil y suficiente.
Yo le entiendo. Quiere usted decir que si encima no estamos confesados, nos apalearán e iremos directamente a engrosar las bancadas de Pedro Botero. De Pedro a Pedro y sin pasar por san Pedro.
La verdad, don Juan, me sabe a poco su libretilla actual. Creo que no debería centrar en la confesión su receta económica para los próximos años. Hay otras soluciones más drásticas y contundentes; por ejemplo, hacerse el harakiri, inmolarse en el Vesubio, emigrar como cortador de caña a Cuba, o cambiar de sexo y opositar a una plaza en el Scandallo de Sao Paulo.
Eso sin contar que a lo mejor puedes pedir la nacionalidad catalana.











