Teruel existe gracias a Hué de la Barrera
10 de Febrero , 2020El ingeniero de Chantada es el autor del viaducto que en 1929 salva a la ciudad del aislamiento
HAY QUE VIVIR en Teruel para comprender en toda su extensión el efecto transformador que supone para la ciudad la existencia del viaducto viejo, un puente de cinco arcos, con uno principal de casi 80 metros de luz, y más de 25 de altura sobre la Rambla de San Julián y ocho pilares en piedra blanca.
Es una de las grandes obras de ingeniería del siglo XX y fue el segundo viaducto más grande de Europa. De hecho, antes de ser inaugurado, ya se pide para su creador. el ingeniero Fernando Hué de la Barrera (Chantada, 1871), la concesión del título de hijo adoptivo y el nombre de una calle. Y aunque ambos homenajes se cumplen, es en 2009 cuando tiene el que mejor le corresponde, es decir, que el paseo por él proyectado y que une las dos partes de Teruel, se llame Fernando Hué.
Lo primero que sorprende de la obra es su grandeza y su presupuesto. Apenas se acercan los gastos al millón de pesetas, y aunque estamos hablando de un siglo atrás, esas novecientas mil pesetas a través de los cinco años de trabajos (1925/1929) se nos antojan absolutamente ridículas para tan magna obra.
Quiso el destino que Fernando nazca en Chantada tal día como ayer por mor de las obligaciones profesionales de su padre, Miguel Hué, malagueño y registrador de la Propiedad, que está destinado durante varios años en la capital del Asma. Al bebé Fernando solo le corresponde vivir allí ocho meses, pues pasado ese tiempo, la familia baja a las más cálidas tierras del Puerto de Santa María.
Fernando Hué de la Barrera es encargado del diseño de la variante de la carretera Teruel-Sagunto, que nace cerca del actual paseo de El Óvalo y descendía hasta cruzar la Rambla de San Julián, para remontar la cuesta de Carrejete y seguir luego al puerto de Escandón.
La solución que se presenta a primera vista es acondicionar la carretera. Pero Hué considera que además de comunicación, Teruel necesita un ensanche ciudadano. Conoce el proyecto de D.E. Mörsch para el viaducto sobre el río Sitter, entre San Galo y Herisau (Suiza), y sueña con la posibilidad de trasladar una construcción semejante a Teruel. No está solo. En su recorrido confluye la figura de Carlos Castel y González de Amezúa (1873-1927), abogado y director general de Obras Públicas, que se implica en el proyecto, consciente de su trascendencia.
Es la solución para evitar que Teruel quede aislada en su antiguo roquedo y se ensanche para albergar los equipamientos que exige una ciudad moderna, así como las viviendas de más de la mitad de la población actual. A él viene a unirse el llamado viaducto nuevo, que hoy soporta el tráfico de 15.000 vehículos al día y que permite peatonalizar el de Hué.
En la vida del autor del viaducto turolense y en la de su hijo Fernando, hubo dos trágicos acontecimientos, que dada su vinculación con las vías y caminos, adquieren un curioso significado. El primero de ellos ocurre el 20 de agosto de 1927, siendo Fernando ingeniero jefe de las obras del Canal de Aragón y Cataluña. Los Hué se dirigen en el tren San Sebastián – Bilbao a la playa de Deva.
Mediado el viaje, su hija Ángeles y algunos miembros más de la familia lo realizan desde la plataforma del vagón que ocupan. Cerca ya de un túnel de Zarauz, María de los Ángeles pierde el equilibrio y cae entre las ruedas del ferrocarril y fallece.
Años después, en 1978, su hijo Fernando, también ingeniero destinado en Zaragoza, debe afrontar la muerte de su esposa en un accidente de tráfico, trágico tributo de los Hué.











