Elola, nada hay por encima de la ley
13 de Mayo , 2020El monfortino será fusilado en mayo de 1939, pese a su ejemplar comportamiento a favor de los sublevados
“FUNCIONARIOS COMA O señor Elola honran á administración de xustiza e son o terror de caciques, que se revolven coraxudos contra os que velan polos seus sagrados prestixos”, así se expresa el semanario monfortino “A Voz do País”, el 11 de agosto de 1912 para elogiar la figura del que en ese momentos es juez de Instrucción de Sarria, Francisco Javier Elola Díaz-Varela (Monforte de Lemos, 1877).
Elola exhibe entonces su inquebrantable sentido de la ley y de la rectitud de conducta que van a formar la columna vertebral de toda su trayectoria profesional y personal.
En ese momento ya está casado con Consuelo Fernández González y la pareja acaba de tener en Sarria a una de sus cuatro hijos, María Isabel Ramona de la Cruz.
Desde 1903 es licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, y dos años más tarde, ingresa en la carrera judicial tras aprobar la correspondiente oposición en 1905.
Su primer destino lo lleva a Luarca y de la población asturiana vuelve a Galicia, cerca de su casa, a Sarria, donde deja un grato recuerdo y a la que se vincula también por el nacimiento de algunos de sus hijos.
El historiador Federico Vázquez Osuna ha seguido los pasos del jurista monfortino y a él debemos algunos datos de su biografía. Con Primo de Rivera en el poder es nombrado vocal de la Junta Organizadora del Poder Judicial y en 1924 pasa a ser juez del Distrito de Chamberí, de Madrid, uno de los más jóvenes magistrados que están a tiro de piedra de la Audiencia capitalina.
Representa a España en los congresos penales de París, Bruselas y Budapest de 1929, y con la llegada de la II República, se fijan en él para ocuparse, nada menos, que de la Fiscalía General desde el 13 mayo de 1931. El 31 de julio dimite y se le nombra magistrado del Tribunal Supremo, al tiempo que logra su acta de diputado por Lugo en las filas del Partido Radical, de Lerroux.
La coincidencia de estos cargos _ fiscal y magistrado, con el de diputado _, sufre las limitaciones de la nueva normativa de incompatibilidad. En cuanto a su filiación política, pasa del lerrouxismo a ser republicano independiente.
Cuando España ya está en guerra en el 1936, se le nombra presidente de la Sala III de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo, desde la que instruye el sumario por la causa de la insurrección del 18 de julio.
Su estricto respeto a las leyes se opone frontalmente a quienes vociferan desde posiciones republicanas que en aquel momento solo debe haber castigo y venganza contra los sublevados, al margen de los derechos que precisamente la República había venido a defender.
Elola pierde el choque y se le aparta de la instrucción, entre otros motivos, por admitir las pruebas propuestas por el general Fanjul para su defensa.
Curiosamente, tanto él como el general Joaquín Fanjul Goñi serán fusilados, cada uno por un bando, y sus ejecuciones servirán para simbolizar la destrucción de aquellos años.
En agosto de 1937 es nombrado presidente de la Junta de Inspección de Tribunales de Madrid, para investigar la adhesión republicana de los funcionarios de Justicia, con la irregularidad que cabe suponer en esos meses.
Va con el Gobierno a Valencia y luego, a Barcelona, donde tendrá un papel relevante en la persecución de quintacolumnistas infiltrados en la Justicia.
Creyéndose libre de delitos, no huye de Barcelona, donde es detenido, acusado de rebelión (?), condenado a muerte y ejecutado en el Campo de la Bota, el 12 de mayo de 1939.











