Maximino Teijeiro, el rector de la Casa de la Troya

4 de Octubre , 2020

El médico de Monforte de Lemos alcanza fama de excelente cirujano dentro y fuera de España

EL RECTOR DE la Universidad de Santiago, al igual que El Progreso en sus primeros años, era monterista, o sea, liberal; o sea, de Montero Ríos; no de Segismundo Moret. En sus filas fue senador y en el desempeño de su cargo universitario se convierte en uno de los protagonistas de La Casa de la Troya, de Pérez Lugín, aunque en su caso hace un papel tan a su medida que no muda de nombre como otros y en la novela sigue siendo Maximino Teijeiro (Monforte de Lemos, 1827), pariente de Antonio Casares.

En parte se debe al enorme prestigio alcanzado como médico y cirujano. No era necesario crear un personaje, porque don Maximino ya lo era en sí mismo.

Sus operaciones se anuncian en la ciudad a la que se desplaza como timbre de gloria para el enfermo y para el propio lugar donde se realizan. Por eso disfruta de una doble fama, la de acudir raudo a donde se le reclamen sus servicios y la de atraer a Santiago enfermos llegados de otros países, especialmente, de América.

En 1861 obtiene el grado de doctor y a partir de ese momento se inicia una carrera de éxitos. Director anatómico de la Facultad de Medicina de Santiago, imparte clases de Osteología antes de ser catedrático por oposición de Anatomía en Valladolid, para regresar más tarde a Compostela, donde enseña Patología general. Su domicilio es Rúa Nova, 33.

Durante cuatro años enseña Anatomía quirúrgica, apósitos y vendajes, y después Patología quirúrgica, hasta conseguir la cátedra de Clínica quirúrgica, su especialidad.

Otro rasgo suyo fue la generosidad. Atendía gratuitamente a los soldados de las guerras que le toca vivir y a los pobres. En 1897 por ejemplo, se recauda una cantidad para darle una serenata, como es costumbre decimonónica, pero él la rechaza e indica que se entregue la cantidad al hospital.

Su esposa, María Reales _ fallecida en 1901, un año después que él _, es una de las principales donantes de la institución y la muerte del médico se honra por parte del Colegio Médico con el reparto de bonos para la Cocina Económica y con una comida extraordinaria para los presos de la cárcel pública.

Desde 1858 pertenece como socio numerario a la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago, que dirige entre 1870 y 1871. También es socio corresponsal de las academias de Medicina y Cirugía de Valladolid y Valencia, y preside varias veces el Casino de Caballeros.

Sus desvelos contra la epidemia del cólera en A Coruña y Santiago el año 1854 son recompensados con la encomienda de la orden de Isabel la Católica y el 25 de diciembre de 1870 se le concede la gran cruz de la misma Orden.

En la Exposición Universal de París de 1878 figura como uno de los agregados a la Comisión regia y en mayo de 1886 está comisionado para estudiar en París el método curativo contra la rabia que refleja en su “Memoria original que sobre el sistema curativo de la Rabia descubierto por Mr. Pasteur…” También un monfortino, Pérez Parada, será el primer paciente español de Pasteur.

Traduce el conocido Manual de medicina operatoria, de J. F. Malgaigne que editará Carlos Bailly-Bailliere en 1867 y al que añade datos de su experiencia, así como otras obras de Anatomía quirúrgica y la Guía del Médico práctico.

Sus obras principales abordan la fiebre tifoidea, la sífilis y su título más carismático es La terapéutica que se impone, de 1899.

Tres años antes de fallecer, el Ayuntamiento de Monforte da su nombre a una de las calles de la ciudad.

Ni Mafalda, ni Manolito

3 de Octubre , 2020

Mafalda y Manolito

Con todo dispuesto para escribir la necrológica de Quino me doy cuenta de que en realidad Mafalda nunca me gustó. ¿Seré el único bicho en el mundo que lo reconozca?

Buscaba, eso sí, las otras viñetas mudas de Quino, aquellas en las que un hombre solo se enfrenta con sentido común a los absurdos del mundo. Su dibujo era el indicado; la acción, la necesaria; el humor, muy sutil y la reflexión, siempre acertada.

Pero Mafalda era su contrapunto populista. Una niña que jamás lo fue, con cerebro de vecina redicha, con complejo de superioridad y encorsetada en cinco lugares comunes, a saber, en el mundo hay guerras, los empresarios son malos, la industria contamina, la sopa no es rica y los maestros no saben enseñar.

Supongo que todos sus admiradores, que son millones, me estarán dedicando en este momento algún tango desgarrador y navajero, pero qué quieren que les diga, yo lo vi así después de tragarme las suficientes tiras de Mafalda como para certificar que no se movía de aquellos compartimentos estancos tan manidos como pueriles.

“La niña que ha enseñado a pensar al mundo”, se leyó uno de estos días entre los panegíricos laudatorios. Alabado sea Dios. Mafalda dando sopas con onda a Platón. Los hay que no tienen mesura ni para hacerse un traje.

Y después está lo de Manolito Goreiro, ese niño hortera, hijo de gallegos _ Anastasio Delgado, se llamaba el emigrante que lo inspira _, bruto hasta la necedad, con ganas de triunfar en esta vida _ lo que a Quino le parece fatal _, y con intención de pagar sueldos birriosos a sus empleados. ¿Cómo me va a gustar un señor que reduce la figura de los gallegos en Argentina a un estereotipo denigrante, falso e insultante?

Creo haberle oído a Quino que estaba hasta el gorro de Mafalda y no me extraña. D.E.P.

Tarjeta amarilla

2 de Octubre , 2020

Richard Horton, editor jefe de The Lancet

Cuando se habla de criterios políticos a la hora de tomar decisiones sobre el covid-19 entendemos que priman diversos intereses con el fin de alcanzar alguna ventaja frente a los adversarios. Y sobre todo, estamos reconociendo que si los criterios son políticos, no son médicos, ni sanitarios, ni científicos.

Y en ese bochorno nos obligan a vivir desde que la pandemia se ha adueñado de la actualidad. No se trata de combatirla entre todos, sino de que nadie pueda decir que lo hace mejor que yo, especialmente en Madrid, donde Ayuntamiento y Comunidad están en manos de distintas siglas a las del Gobierno.

Por supuesto, esta horterada ha sido percibida en los ámbitos internacionales durante la primera ola, y vuelve a serlo ahora. Nos miran con ojos de espeluzno, incrédulos, espantados, porque saben que en gran medida su éxito depende del éxito de todos. Por eso, mientras exista un país de la influencia de España que actúe a modo de pollo descabezado, nada de lo que ellos consigan podrá considerarse definitivo.

Su grito desesperado es unívoco y unidireccional. Déjense de mamonadas y alcancen un pacto de Estado que aparque las diferencias políticas a la hora de combatir la pandemia. Eso por un lado. Y por otro, escuchen de una puñetera vez a los expertos, a los científicos, a los médicos, porque lo que tenemos delante no es ninguna chuminada con la que se pueda especular.

Pero de momento estamos muy lejos de seguir las indicaciones de The Lancet, que fue la prestigiosa publicación desde la que se lanzó ese angustioso requerimiento.

Quizá crean que estamos encantados con la gestión realizada y que levantaremos estatuas en su honor cuando todo pase. Olvídense. Lo único que están levantando es un solemne cabreo nacional e internacional.

Antonio Fernández, asesinado para bautizar el Grapo

1 de Octubre , 2020

Es su primer servicio en la Policía Armada y la banda decide pintar Madrid con cuatro víctimas

EL NOMBRE DE la banda terrorista GRAPO resulta de las iniciales Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre y aunque esa no es la fecha de su fundación, sí lo es del cuádruple atentando llevado a cabo en Madrid el 1 de octubre de 1975, hace hoy 45 años, en el que dan muerte a otros tantos policías. Uno de ellos es Antonio Fernández Ferreiro (Lugo, 1952).

Los cuatro lugares en los que atenta el Grapo ese día dibujan sobre el mapa de Madrid una cruz o unas aspas de evidente simbolismo. La acción se prepara como venganza contra las ejecuciones de tres miembros del FRAP y dos de ETA, cuatro días antes, el 27 de septiembre.

Franco estaba a punto de iniciar el deterioro físico que lo llevará a la tumba en apenas dos meses, el 20 de noviembre.

Antonio es hijo de José Fernández Fernández y de Concepción Ferreiro González, de 61 y 58 años cuando tiene lugar el atentado. Son padres de otros cuatro hijos y viven desde hace tres años en A Coruña. José ha tenido que desplazarse a Madrid para hacerse cargo del cuerpo de su hijo, de 23 años de edad, para trasladarlo a Galicia.

La vida solo le da tiempo para cumplir el servicio militar en A Coruña y para ingresar en la Policía Armada, de cuya academia sale el anterior mes de abril como miembro de su última promoción. Aquella mañana del 1 de octubre es la de su primer servicio.

Le corresponde la vigilancia de las oficinas del Banco Español de Crédito en la calle del Marqués de Corbera número 37, en La Elipa, muy cerca de donde se instalará Torrespaña.

A las 9,30 de la mañana entran dos individuos jóvenes en la sucursal. Uno encañona a los empleados y otro le dispara a bocajarro, tal como se encuentra, apoyado en el mostrador leyendo el periódico. Uno de los proyectiles le alcanza en la boca.

Si alguien pudo pensar que se trataba de un atraco a mano armada, las dudas se disipan cuando una vez en el suelo, se vuelven hacia él y lo rematan de nuevos disparos. Solo hay dos o tres clientes y el número de disparos realizados fueron cinco.

Aunque Antonio se mantiene con vida, muere cuando es trasladado a la Residencia Sanitaria Francisco Franco.

Los tres miembros del Grapo que realizan el crimen son Eugenio Jesús Bueno de Pablos, que dispara, José María Sánchez Casas y Juan Carlos Delgado de Codes, alias Herrera, que actúa como jefe del comando. La huida se produce en un Seat 127 rojo que esperaba a los dos que entrar en la sucursal.

La primera reacción de su madre en A Coruña es de una entereza que sorprende a periodistas y lectores: “Yo perdono a los asesinos, pero, por Dios, que acabe esta locura”.

Las otras tres víctimas que enmarcan el nacimiento del Grapo son Joaquín Alonso Bajo, Agustín Ginés Navarro y Miguel Castilla Martín. Sus asesinos, nombres conocidos de la banda: Pío Moa, Cerdán Calixto, Francisco Brotons Beneyto, Abelardo Collazo Araújo, José Balmón Castell, Manuel Gil Araújo y Fernando Hierro Chomón, además de los citados.

Juan Carlos Delgado de Codes, en 1979 máximo responsable de los grapos es localizado en la plaza de Lavapiés. Toma un taxi y es perseguido hasta La Elipa, precisamente el barrio donde lleva a cabo el atentado contra el policía lucense. Al comprobar que es seguido, abandona el taxi y huye. Como no se detiene a los disparos al aire, se produce un disparo contra él que le alcanza y del que morirá cuando es trasladado al Francisco Franco, como si le estuviese reservada una muerte en parecidas circunstancias a las de su víctima.

Para broncos, España

1 de Octubre , 2020

Unos caballeros

Hay coincidencia. El debate Trump-Biden ha sido bronco y no se recuerda cosa parecida desde que Abraham Lincoln era el republicano y Stephen Douglas, el demócrata.

Y todo porque Biden llamó payaso a su rival, para rectificar de inmediato y sustituir payaso por “esa persona”. Y todo porque Trump interrumpió a gusto todo lo que le dio la gana, porque se trataron de bobos y porque parecían dos niños riñendo por una pelota.

Pues vaya cosa. Tenían que televisarles todas las semanas en traducción simultánea las sesiones de control del Congreso español para que supieran lo que es un debate bronco, encarnizado, fratricida y sin entrañas. Gente con las manos manchadas de sangre acusando a sus víctimas de no respetar el juego democrático. ¿Qué les parece?

Hienas babeantes que tratan de erosionar al símbolo común de todos que es el rey mediante zarpazos emponzoñados en odio y rencor, como hizo ayer mismo el señorito Rufián, o como hacen a diario los que pretenden sembrar la discordia porque son incapaces de concebir la política de forma diferente a un cruce de navajas en un callejón oscuro, como ya han demostrado en la historia una y otra vez.

Esos sí son debates broncos y despiadados porque en cada uno de ellos está en juego la convivencia de toda la sociedad, al tiempo que unos tipos que se dicen presidente y vicepresidente del Gobierno español, o lo alientan, o miran para otro lado, que tan miserable es lo uno como lo otro.

Fracasarán en su proyecto de dictadurita. No tienen ni las meninges mínimas para salir de su mundo de masturbaciones grandilocuentes, siempre y cuando algunos se den cuenta a tiempo de que los métodos rufianescos no tienen nada de demócratas, sino que son la expresión misma del pillaje y la delincuencia.

El yogui Cela

30 de Septiembre , 2020

El momento

Lo prometido es deuda. La mayoría de ustedes habrán coincidido alguna vez con el momento en el que Camilo José Cela comenta a Mercedes Milá una de sus curiosas habilidades fisiológicas.

Ocurre el 20 de octubre de 1983 durante la entrevista que Milá realiza al escritor dentro de su programa Buenas noches de TvE. A partir de ahí ha sido repetido en infinidad de ocasiones, figura entre los momentos estelares de la televisión y se puede revisar con facilidad en la red.

Cela asegura que es capaz de absorber vía anal litro y medio de agua templada que se le se ponga delante en una palangana. Aquella afirmación desata las risas de la presentadora y las de media España mientras que el de Padrón permanece serio y circunspecto para mantener las veces que se le pida aquel sorprendente efecto.

Desde aquel día hasta hoy _ 37 años lo contemplan _, se ha considerado que fue una provocación, una boutade fruto del tremendismo inaugurado años antes con Pascual Duarte. Pero sin dejar de serlo, lo que en realidad describe el novelista es un método de purificación propugnado por los yoguis y destinado a la limpieza del colon y los intestinos que se conoce como el kriya basti desde tiempos inmemoriales.

Para llevarlo a cabo, el yogui se pone en comunicación con la palangana mediante un fino tubo. A continuación realiza un uddiyhna-bandha, cuya más exacta traducción es un bloqueo abdominal ascendente o succión abdominal, que le permite llevar el agua hacia los intestinos, manteniéndola en ellos antes de expulsarla.

Los modernos tratados de yoga hablan de enemas y se ahorran los uddiyhna-bandha.

¿Conocía Cela este singular método purificador de los yoguis? Apostamos a que sí. Quienes no lo conocíamos éramos los espectadores y de ahí las risas que todavía resuenan en su tumba de Adina.

El yogui Cela

Álvaro Gil, capitán de la Liga de Amigos de Lugo

30 de Septiembre , 2020

Empresario de éxito con el grupo Fernández y mecenas del arte y la cultura de Galicia

CUANDO ÁLVARO GIL Varela (Lugo, 1905), pierde a su madre a los nueve años, la Liga de Amigos de Lugo convoca a los de su edad para formar el Batallón Infantil.

La tropa que se junta da para tres compañías, algunos de cuyos soldados son Ameijide, Menéndez Arrué, Magadán, Feás, Ordax Avecilla, Bourio, Rodríguez Labajo, Sánchez del Valle, Jacinto Calvo, Jaime Olano, Marcial Neira, Jesús Bal y Gay, Álvaro Carro, Saturno Lois Piñeiro o Emilio Azcárraga. Los mandarán tres capitanes, Nicandro García Armero, Javier Pardo y Pardo y Álvaro Gil.

Él es hijo del oficial de la Diputación Álvaro Gil Arias y de Josefa Varela y Varela. Josefa era hermana de Victorino, jefe de los servicios municipalizados de Lugo, casado con Consuelo Vázquez Morán, y del veterinario Daniel Varela y Varela, casado con María Piñeiro Piñeiro.

La ausencia de su madre ayuda a que Álvaro se vea fuertemente influido por la figura de su padre, un hombre culto, destacado dibujante, profesor de esa asignatura en la Escuela de Artes y Oficios, y especialista en el abigarrado arte de realizar pergaminos de honra, como los que crea para Ángel Plácido Rey Lemos y Martínez Anido.

Álvaro es hermano de Gertrudis, la madre de Manuel Castro Gil y por lo tanto, tío del grabador. Su domicilio de Recatelo 11, cerca de donde en 1950 el arquitecto Gómez Román levantará la casa familiar, es un entorno donde se respira amor por la cultura.

En 1928, tras acabar Comercio en A Coruña y su paso por el ejército, aprueba las oposiciones al Cuerpo de Ingenieros de Montes para ser destinado, primero a Huesca, y luego, a Pontevedra.

El 4 de marzo de 1931, se casa en la iglesia del Carmen de Lugo con Antoñita Arias Vázquez, hija del sobrestante de Obras Públicas, ya jubilado, Carlos Arias Romay, y de Vicenta Vázquez, con lo cual su hija, María Antonia Gil Arias, volverá a llevar los mismos apellidos que su abuelo. Entre los testigos se encuentra su superior en Pontevedra, Pedro Basanta, con el que compatirá también inquietudes galleguistas.

Cruz Gallastegui lo atrae para su Misión Biológica y gracias a la Junta de Ampliación de Estudios, Álvaro va a la Escuela de Münchenberg en Alemania. En compañía de Basanta recorre las piscifactorías de Infiesto e Irate para instalar una similar en Pontevedra.

En 1934 encabeza con Bóveda y Castelao el homenaje a Enrique Rajoy, abuelo del presidente, como secretario del Comité de Autonomía. También promueve otro en honor de Julia Minguillón.

Semanas antes del 18 de julio es nombrado presidente de la Junta Provincial del Paro de Pontevedra y el 1 de julio sale una fotografía suya en la portada de El Pueblo Gallego con frases de alabanza. Ambas circunstancias son fatales. Es detenido, cesado e inhabilitado tres años con un expediente de incautación de bienes.

Se supone que su cuñado, el dirigente falangista Luis Cedrón del Valle media para que el castigo no sea mayor. En 1937, a los 59 años, muere su padre. Además de Álvaro, el mayor, deja otros cinco hijos, Josefa, Avelina, Saleta, Emilio y Carmen.

Está a punto de retomar el contacto con los hermanos Fernández López, de cuyo grupo de empresas será consejero y como tal recibe en 1965 la encomienda de la Orden del Mérito Civil.

Su colección de pintura, Ronsel, Galaxia, Penzol, el Pedrón, el carnero alado, los torques, el Museo de Lugo y el posterior desencuentro con él de su hija y sus nueve nietos, son hitos que merecerían nuevas entregas

Muere en Madrid el 2 de octubre de 1980, hace esta semana 40 años.

Zaringa, pionero del baloncesto y concejal

29 de Septiembre , 2020

El lucense dedica veinte años de su vida a la práctica de ese deporte, con el que consigue títulos nacionales

CUANDO EN LOS años cuarenta da sus primeros pasos dentro de las pistas de baloncesto, un compañero que había estado en Argentina comienza a llamarlo Zaringa, quizás debido a su constitución menuda que lo hace hábil y escurridizo.

Él es José Rodríguez Fernández (Lugo, 1929) y desde los 12 se enrola en los equipos que surgen en el entorno del Frente de Juventudes, que entonces es la única forma y manera de hacer deporte en Lugo y en todas partes.

Una de esas primeras formaciones es el Indómito, donde coincide con Tabernero y Regueiro. Después vendrá el I.N.P., o sea, Instituto Nacional de Previsión, donde los compañeros son Rivera, Ron, Gancedo, Paquillín, Balbás Santiso y Coria.

Otros equipos fueron el San Fernando F. de J. Y Guardia de Franco, el Celeste, el Gran Capitán y la UD Lucense, en compañía de Chichi Álvarez, Chava, Sarceda, Lombao, Ramiro, Balboa, Borrego, Jato Edmundo, Santiago, Polo, Caraduje, Rivas, Feás, Castro y Carro.

El 12 de julio de 1948 deben jugar en Madrid la fase final del campeonato nacional y es tal la pasión por el triunfo que Zaringa salta a la cancha con fiebre. Pierden, claro, pero aún así quedan cuartos y se vienen con un trofeo.

Durante los veinte años largos que permanece como jugador es varias veces campeón de sector, dos veces semifinalista nacional de Educación y Descanso con el I.N.P., campeón gallego absoluto con el San Fernando, subcampeón nacional de Tercera División con el Guardia de Franco, campeón provincial en varias ocasiones y uno de los pilares de la selección lucense que se forma cuando hay que competir, no entre clubs, sino por territorios.

Incluso es internacional en dos ocasiones, contra el campeón ibérico de productores, el Ferroviarios da Campanha y el campeón portugués, el Vasco da Gama.

Cuando él lo deja, el baloncesto lucense vive una etapa de transición en la que empieza a destacar Lamela con el Santo Tomás, antes de la etapa del R.T.R. En cualquier caso, desde mucho antes los implicados en el deporte están convencidos de que todo pasa por alcanzar el ansiado Pabellón de los Deportes, que en 1958 anuncia Luis Ameijide.

No obstante, los años que transcurren entre el anuncio, las obras y la inauguración, a los lucenses se les hacen eternos.

Zaringa ya es concejal y gracias a él y a otros, el ojo del ayuntamiento vigila el avance de los trámites. En una entrevista anterior a su elección como concejal, Zaringa dice a El Progreso: “Hay unos terrenos que reúnen todas las condiciones necesarias para esta obra, céntricos y aireados. La cuesta del parque sería el sitio ideal. Hubo ya un proyecto, que al parecer quedó

en nada, en 1948. Si esto se llevase a cabo, la clientela joven de las tabernas disminuiría en más de un ochenta por cien”.

Se lleva a cabo en octubre de 1963 con el encuentro R.T.R.-Burgas, de Ourense, del Trofeo San Froilán. pero la disminución que augura Zaringa no se produce.

En ese momento, Zaringa también es el presidente de la Comisión de Fiestas y la polémica que se establece en toda la ciudad es si el Pabellón es solo para deportes, o podría albergar fiestas y mítines. Ya sabemos lo que pasó.

Ese mismo año de 1963 integra la directiva del C.D. Lugo que forma el presidente Fernando Pardo Gómez

Se casa con Nora Carroceda González y son padres de Margarita y Marta. Como empleado de banca pertenece a las plantillas del Banco de La Coruña, Banco Vizcaya, BBV y Banco de Madrid.

Entre dos chistes

29 de Septiembre , 2020

En una junta de accionistas, el portavoz toma la palabra:

_Señores, tengo buenas noticias. Nos ha ido tan mal que en el futuro jamás nos podrá ir peor.

Es un chiste, claro, pero la frase podría pronunciarse hoy con alivio en muchas estancias. Sería un auténtico notición haber caído en lo más bajo para remontar ya.

En A Mariña se viven horas de angustia al final de un camino que no se entiende, salvo que se haya actuado con engaño. La política nacional sigue siendo un chorreo continuo de despilfarros, traiciones e ineficacia protagonizados por personajes que por méritos propios y con mucha suerte, solo podrían aspirar en esta vida a ser burros flautistas.

Por eso, aunque las calamidades sean tan imponentes como los actuales problemas sanitarios o económicos, nada hay tan desolador como contemplar al frente de los organismos encargados de contrarrestarlos a seres dedicados a maquinar constantemente asuntos que ni son de su incumbencia, o que solo a ellos reportan beneficios, como el inhabilitado Torra.

Nos preguntamos por qué España arroja los peores índices de esta pandemia y cada cual trata de explicárselo de una manera. Yo creo que todos tienen razón. Hay que sumarlas para dar con la respuesta correcta. Sumar el hambre con las ganas de comer.

Terminemos con otro chiste para aupar los ánimos. Es el del españolito de nuestros días que acude al psiquiatra con una gran angustia.

_ Doctor, por la noche me despierto sudando porque tengo el complejo de que vienen a por mí.

Y el médico lo mira muy serio y le dice:

_ De complejo, nada.

Si la actualidad lo permite y el tiempo lo aconseja, mañana, en vez de hablar de Torra, les cuento una curiosidad desconocida de Cela.

Epílogo a la carta

28 de Septiembre , 2020

Pepino remitido

Con enorme tristeza y un punto de indignación controlada leo la carta que Emilio Bouza Santiago, el catedrático de Vilalba elegido para coordinar la lucha de las administraciones nacional y autonómica contra el Covid-19, ha dirigido a ambas para dimitir de la encomienda apenas cuarenta y ocho horas después de aceptarla.

Todo ha sucedido a tal velocidad que apenas queda margen para las especulaciones. El lector de la carta, e incluso, el que solo conozca su dimisión y la rotura de la concordia política inicial, debe concluir que una de las dos administraciones, o las dos, acuden a las reuniones de coordinación sin la más mínima voluntad de llevar a buen puerto la misión, anteponiendo criterios políticos y partidistas al verdadero meollo de la cuestión que es la salud de los madrileños.

Es tan vil y rastrera esta incuestionable conclusión que por sí sola nos pone delante de la mezquina realidad que estamos viviendo. Una superabundancia de administraciones, instituciones, organismos varios, consejerías, presidencias, ministerios, asesorías y comisiones incapaces, no ya de ofrecer soluciones inteligentes contra la pandemia y contra el resto de problemas que la vida nos pone por delante, sino de dar a la sociedad una mínima imagen de esfuerzo y utilidad, salvo a la hora de presentar unas facturas desproporcionadas para el rendimiento que se obtiene de ellos.

Cargos y más cargos superpuestos pendientes de la aprobación de los presupuestos como única aspiración de sus vidas, pero que se derrumban como castillos de naipes al encarar un problema de estas magnitudes, que no atiende a ideologías ni a titubeos.

Por todo ello, como epílogo a la carta del doctor Bouza que su buena educación le impidió escribir, nos gustaría añadir, señores del ministerio, señores de la comunidad, váyanse ustedes a tomar por donde amargan los pepinos.