Guerra al rosa
28 de Octubre , 2020
María Antonieta adoraba el rosa. Aquí la vemos, representada por Kirsten Dunst, oprimida y reprimida
Nadie ve el panorama de color rosa, y mucho menos desde ayer, cuando Picapiedra y Mármol anunciaron a la par que nos ponen a trabajar para pagar a los que no trabajan, que es la fórmula ideal para que África empiece en los Pirineos, concretamente el Sahara.
El plan avanza a las mil maravillas y todos estamos encantados porque llevarnos a la ruina es de lo más democrático que existe. Primero encerrados en casa y luego, sin posibilidad de defensa, descuartizados a hachazos fiscales.
El último refugio del rosa son los juguetes de las niñas y según la ministra de Igualdad, esa que lo es porque allí la puso su pareja, ese color las oprime y las reprime. Y tanto, el único color realista que ven a su alrededor es el negro del luto y la pobreza que cabalga desde su ministerio.
Si la ministra hubiese leído _ da igual, cualquier cosa _, sabría que el mayor especialista mundial en colores es Michel Pastoureau. A la ministra no le sonará, pero puede buscarlo en Google, que para eso está.
Pues bien, Pastoureau liga el color rosa a la mujer ¡en el siglo XVI!, cuando el hombre deja de vestirse de rojo, salvo que sea cardenal, y el color lo asume en exclusiva la mujer. En pocos años, el uso y la costumbre es que las novias se casen de rojo. Y si la novia es roja, la niña es rosa.
Dice la ministra que la relación entre el rosa y las infantas se inicia como consecuencia de las campañas publicitarias ¡de los años ochenta del siglo XX! La ignorancia, el afán de manipulación y cómo no, la justificación de un cargo que ni es para eso, ni debe ser tan oneroso, la lleva a mentir a todos los españoles, algo que en una ministra adquiere notable gravedad.
Como los malos periodistas, el susodicho organismo obedece a la conocida máxima: No dejes que la verdad te estropee tu ideología.











