El perdón del párroco

2 de Noviembre , 2020

La iglesia de Lemona

Es domingo y los creyentes acuden a la misa de precepto. Hasta ahora, los de Lemona tenían que oír los sermones de un párroco negacionista. Sí, porque Mikel Azpeitia negaba que existiese el terrorismo, ya que aquello era una lucha entre iguales y si alguien tenía que morir, pues bueno, eran gajes del oficio y del plan divino para con el País Vasco.

Ahora el cura Azpeitia se arrepiente de sus ideas y pide perdón con amargo desconsuelo, eso sí, obligado por su obispo. ¿Pero qué sentido tiene el arrepentimiento de este blanqueador de asesinatos?

El expárroco frisa los setenta años. Se ha pasado la vida con la bendición larga para los etarras y rácana para los que él llama alguaciles. Y ahora, como se ha hecho público su ideario y observa la escandalera, recula y se lacera a la fuerza.

Que le perdone quien le tenga que perdonar si su arrepentimiento es sincero, pero cuesta trabajo creerlo. Azpeitia es la demostración papable de los efectos del terror en una sociedad esclavizada, pero no por quienes ellos designan como sus enemigos, sino por los auténticos administradores de la violencia y el pistoletazo.

Durante la noche el miedo va haciendo suyas las neuronas de quien lo padece, una a una, hasta parasitar su mente por completo para convertirla en un zombi colonizado como Azpeitia, tan convencido de lo que dice que expone como doctrina lo que es la antítesis de su supuesta vocación religiosa.

Y aquello está plagado de zombis, como en otros lugares donde se impone o intenta imponer el pensamiento único, como comienza a ocurrir por desgracia en toda España.

¿La policía ejerce la violencia? Naturalmente. Está autorizada para hacerlo, y si se extralimita debe penar con más razón que cualquiera. Eso viene en 1º de Palotes, señor cura. Lo que no viene en ningún sitio es su mala baba.

Demetrio Álvarez, el emprendedor quirogués

2 de Noviembre , 2020

Supo reponerse de la viruela que arruina su negocio y causa la muerte de su primera mujer

LA BIOGRAFÍA DE Demetrio Álvarez Arias (Quiroga, 1872) está trazada por su propia mano en 1961, dos años antes de morir, y la publica Gerardo Castro como las Memorias de mi vida a grandes rasgos. 1872…, rescatado por dos colaboradores habituales de Paco Rivera en su blog, Trifón Caldereta y Rigoletto.

Eso nos facilita el trabajo, como también contar con la colaboración de su bisnieta, Mary Luz Paniagua.

La casa natal está en Esmorelle, Quintá de Lor, donde permanece hasta los 5 años, cuando sus padres, el sobrestante de los caminos de hierro, Felipe Álvarez Folla, y Carmen Arias Valcárce, se trasladan a Oural durante 6 años para participar en las obras del túnel.

Luego fallece Carmen y Demetrio debe hacer por la vida. Al cumplir los 13 su padre, que está en Hervás (Cáceres), lo reclama a su lado. Demetrio no está acostumbrado al ocio y “un día le cogí a mi padre 200 pesetas y me marché a Madrid”. Allí se gana la vida en una panadería y en una tienda de ultramarinos del Paseo de San Gil durante dos años.

Los tres años siguientes es artillero en Ferrol y A Coruña, para volver a Quiroga a los 21. Trabaja en una carretera y a los 25 se casa en San Clodio con Carlota Rodríguez Arias. La venta de la casa de Esmorelle y sus ahorros le proporcionan un capital de 1.500 pesetas que les sirven para establecerse con un comercio mixto en A Labrada de Lor (A Pobra de Brollón). También cuidan una viña y abren escuela.

El año 1898 nace su primer hijo, Juan. Los tres se trasladan a San Clodio donde tendrán un ultramarinos. Dos años más tarde nace José y deciden un nuevo traslado a A Rúa para explotar un café y una fonda. Llegan otros dos hijos, pero mueren de niños.

Previo paso por San Clodio, en 1902 se instalan en Lugo para hacerse con la fonda y tienda de la escalinata de la Estación, donde estará más tarde El Quirogués, futuro Hotel París. Ese será también el apodo con el que serán conocidos él y su hijo Pepe, uno de los guapos oficiales de Lugo.

En 1906, la viruela contagiada por un soldado acaba con la vida de su mujer. Él y sus dos hijos son confinados cuatro días en su casa al tiempo que por orden del gobernador todos sus enseres son arrojados a una hoguera para evitar la propagación.

Es como volver a empezar. En 1911 se casa con Adelaida Vázquez Rodríguez, de San Pedro, en Ribas de Sil y con su apoyo, cuatro días después toma en traspaso un almacén de materiales de construcción en la calle Manuel Becerra, 15, bajo el nombre de Morano y Álvarez, su socio una breve temporada.

Entonces es nombrado perito de la compañía de Ferrocarriles del Norte de España, para realizar la carga y descarga de las mercancías y que desempeñará durante 18 años. También administra en A Coruña varias casas de Manuel Batanero.

En el 32 se hace con el traspaso del Hotel Comercio, al fondo de la actual Praza Maior.

Cuando en 1933 su hijo José se casa en Vilalba con María Luz Fernández Paz, le deja el almacén, que pasa a denominarse “Hijo de Demetrio Álvarez”. Juan se establece como especialista en Medicina Interna en la plaza de Santo Domingo, pero fallecerá en 1935.

En agosto del fatídico 36 muere en Luarca el alférez Francisco Blanco López, al que Demetrio le ofrece su panteón para ser enterrado. Años más tarde será trasladado al Valle de los Caídos.

En 1936 forma parte de la candidatura monárquica con Manuel Figueroa, José Páramo y Serafín Rey, que serán proclamados concejales los cuatro.

José Aira, dos guerras contra los franceses y dos a favor

1 de Noviembre , 2020

El soldado de Pedrafita do Cebreiro lucha en cuatro ocasiones teniéndolos como enemigos o aliados

LA REIVINDICACIÓN DE sus derechos de propiedad le obliga a contar su historia ante un escribano de Lugo, lo cual permite que llegue a nuestros días la estupenda autobiografía del soldado José Ventura Aira Villaamil (Pedrafita do Cebreiro, 1757).

López Pombo precisa que su nacimiento se produce el 7 de julio en la casa paterna de Aira, llamada ahora de As Cadeas, en la parroquia de san Xoán de Fonfría, jurisdicción entonces del marqués de la Puebla de Parga y señor de Torés.

Los padres de él y de su hermano Manuel son Domingo de Aira y Josefa Villaamil, que los tienen tras un primer matrimonio de Domingo con Francisca Valcarce, de quién enviuda y queda con otros hijos.

Como decíamos, el 11 de octubre de 1812, José Ventura le relata al escribano lucense Domingo Julián Vila los pormenores de su vida para poder reclamar los derechos sobre las casas de As Cadeas en Fonfría y de Regueira, en Nullán (As Nogais), de donde era su madre.

Afirma que al morir su padre, entre 1758 y 1759, su madre, su hermano Manuel y él regresan a la casa materna de Nullán, donde no encuentran afecto ni ayuda de ningún tipo, por lo que vuelven a la paterna de Fonfría, pero sus otros hermanos también los desprecian, por lo que viven en la miseria. Más tarde, los dos hermanos se van a Castilla a trabajar y allí fallece Manuel en 1782.

Meses antes José Ventura entra a servir con un comerciante de Valladolid, que le da estudios y diez años después, en 1789, pasa a Madrid, donde se hace soldado de caballería, destinado al Regimiento Farnesio, la más antigua unidad de caballería de Europa.

Con el Farnesio participa en las campañas de la Guerra del Rosellón los años 1794 y 1795 contra Francia, donde es ascendido a sargento segundo. Después, debido a los pactos hispanogalos, debe luchar al lado de Francia a las ordenes del marqués de la Romana.

En la Guerra de la Independencia, también bajo las órdenes del marqués de la Romana y del conde de San Román, combate contra los franceses en la batalla de Espinosa de los Monteros, donde cae prisionero el 10 de noviembre de 1808.

Es conducido a Francia, y allí vive un nuevo período de penurias hasta que varios españoles, él entre ellos, son obligados por el ejército de Napoleón a luchar a su lado contra Austria.

Así es que lo conducen a la famosa batalla de Wagram, a orillas del Danubio, que acaba con la retirada austríaca y que el pintor Horace Vernet reproduce en el cuadro que figura en el cromo y que está presente en la Galería de las Batallas, de Versalles.

El 7 de julio de 1809, día de su 52 cumpleaños, logra desertar con otros compañeros y liberarse de Napoleón. Pasa por Alemania y llega a Inglaterra para ser embarcado con otro millar de soldados hacia el puerto coruñés (1809), donde solicita el reingreso en los Reales Ejércitos de su Majestad y otorga un amplio poder a Benito María de Cancio, vecino de santa María de Cirio, en Lea (Pol), para que en su nombre se haga cargo de los bienes que le corresponden en As Cadeas de Fonfría y en Regueira de Nullán, pues toda su familia ha fallecido sin testar.

Del largo pleito posterior no se sabe el resultado, aunque sí que la casa de Nullán es adquirida por el párroco y capellán castrense del marquesado de Sarria, Juan María López de Almance, natural de la casa de la Ribera en la parroquia de san Salvador de Villar de Sarria.

Este es el sucinto relato de aquel singular soldado de Lugo que lucha contra Francia y a favor de Francia en cuatro ocasiones sucesivas e intercaladas.

Ramón Bustelo barrunta lo que se avecina en 1931

1 de Noviembre , 2020

El abuelo de Leopoldo Calvo-Sotelo permanece 30 años en la política como diputado liberal-moretista por la provincia de Lugo

EL 1 DE noviembre de 1968, coincidiendo con el año de su centenario, Ribadeo rinde homenaje a Ramón Bustelo y González (Ribadeo, 1868). (Distintas fuentes lo consideran nacido en A Coruña, o el año 1873, o incluso en distintos días dentro de esa fecha).

Sea como sea, lo que está fuera de duda es la vinculación del hijo de José Bustelo y Brígida González Santamarina con Ribadeo, donde se le llama su “diputado por antonomasia”, donde preside el Club Deportivo Ribadense el año 1913 y donde hereda el Caserón y la banca de Francisco Antonio de Bengoechea, a través de su sobrino, el falso Martínez González-Bengoechea, que además lo vinculará al Partido Liberal, rama moretista, con el que hará política, siendo la pareja parlamentaria de Joaquín Quiroga Espín por la provincia lucense.

Cuando es diputado provincial en Lugo, Ramón se une a Rosario Vázquez Gómez, hija de un militar de la ciudad con raíces familiares en Guntín, y hermana del fundador del Partido Socialista de Uruguay, el masón Adolfo, al que su sobrino-nieto Leopoldo Calvo Sotelo Bustelo descubrirá de casualidad en un libro siendo ya adulto, con la consiguiente sorpresa morrocotuda. Rosario será muy recordada en Ribadeo por sus donaciones.

De este matrimonio nacen los ingenieros, Francisco y Ramón Bustelo Vázquez, así como Mercedes, que a su vez se casará con el letrado del Consejo de Estado, Leopoldo Calvo-Sotelo, el autor de Ribanova, a quien reconoce la prensa como “fino escritor humorista”, y que serán padres del futuro presidente del Gobierno, de quien Ramón es padrino en su bautizo.

Su labor política y parlamentaria, la del abuelo, abarca desde 1901 a 1931, salvo el corto período en 1907 cuando es senador y subsecretario de Abastecimientos y Transportes.

A finales de 1930, con la convocatoria de elecciones prevista para los primeros meses del año siguiente, Ramón Bustelo se dirige por carta a sus electores pidiéndoles una vez más su confianza.

No sospecha la reacción que va a provocar en el abogado de A Pontenova José María Díaz y Díaz-Villaamil, futuro gobernador civil de Huesca, Málaga y Zaragoza durante la II República, que se lanza a la yugular de Bustelo y le afea hasta la ortografía con una virulencia que sin duda tuvo que sorprender al curtido parlamentario y a muchos de los que lo conocen.

Aquella reacción, unida a las informaciones de lo que está sucediendo en España, le hace concebir un futuro completamente distinto para la actividad política y decide, no solo retirar su candidatura, sino también abandonar la actividad política.

Él lo explica en una carta pública anunciándolo en enero de 1931: “El trance peligroso por el que atraviesa la Nación pide esfuerzos que yo no me veo capaz de rendir (…) Quede para otros un empeño que juzgo superior a mis energías”. Tiene entonces 63 años.

Y con la despedida hace un resumen de su paso por la política: “Escuché a todos, atendí a muchos y no perseguí a ninguno”. Villaamil había ganado. Su firma lo dice todo: “Ramón Bustelo, exdiputado por Ribadeo”. El mismo día de su renuncia, se informa que le sustituye su hijo político, Leopoldo Calvo Sotelo, que morirá tan solo dos años más tarde.

En 1968 se coloca una placa en la casa familia, de acuerdo con el mandato municipal y allí acuden sus tres hijos, sus nietos Leopoldo y Ana María, el marido de ésta, Rafael del Pino, y el escritor Joaquín Calvo-Sotelo, entre otros miembros de la familia.

Dionisio Gamallo se encarga de recordar a los lectores de El Progreso quién fue don Ramón.

Eso no es negar

1 de Noviembre , 2020

Fantástica discusión científica

Al principio me preguntaba, ¿qué será lo que niegan los negacionistas? ¿La existencia del virus? ¿La validez del confinamiento para combatirlo? ¿La eficacia de las mascarillas? ¿La filosofía de Illa?

Ahora ya lo sé. Lo que niegan es el sentido común.

La conclusión es fácil de establecer. Si en un país que ha llegado a registrar 60.000 muertos relacionados con ese virus, unos desalmados dedican la noche a destrozar mobiliario urbano, a enfrentarse con la policía, a romper escaparates y a otras lindezas bajo la bandera del negacionismo, lo único que cabe pensar es que han perdido el regir.

Bueno, también suele suceder en estos casos que alguien con intereses distintos a los que en apariencia se dirimen _ por ejemplo, desestabilizar un montón _, los aliente, financie o convoque.

En ese caso, los negacionistas pasarían a llamarse guerrilla urbana, sicarios, matones y sus sinónimos. Si no están subvencionados y actúan motu proprio, entonces les encaja más la acepción de vándalos o gamberros de toda la vida.

A Pío Baroja, como a cualquier otra persona sensible y amante del orden, le preocupan los gamberros y les dedica varios análisis. En uno de ellos, allá por el 1935, en plena época republicana, dice que son mozos de actitud desvergonzada, que hacen gala ante el público de ser impertinentes, atrevidos, irrespetuosos; que alardean de procacidad y de insolencia, propios, afirma él, de las Vascongadas y Navarra, y algo en Santander, Asturias y Galicia.

Luego insiste que los focos del gamberrismo son San Sebastián y Bilbao, “dos ciudades que pretendían, sobre todo la primera, ser la quinta esencia de la pulcritud y de la corrección más extremadas”.

Pues ya ve, don Pío. Que la insolencia no ha mejorado. En todo caso, se ha disfrazado.

Good news

31 de Octubre , 2020

Good news en forma de canción

A lo largo de la historia del periodismo se ha intentado en varias ocasiones mantener un diario que solo recogiese noticias positivas.

Todos fracasaron, excepto alguno que hoy se aloja en internet. En ese sentido hay que modificar el dicho clásico: El papel lo aguanta todo. No, hoy el que aguanta todo es internet.

Testimonios de gente que participó en alguno de esos proyectos _ en España también los hubo _, aseguran que uno de los problemas a los que se enfrentaban a diario era la selección de las noticias, porque la misma pieza, sin modificar ni una coma su redacción, para unos era positiva y para otros, lo contrario.

No es nada extraño, aunque lo parezca. Cualquier ciudadano puede comprobar a diario que su criterio sobre lo que es positivo y el que aplica el Gobierno discurren por caminos opuestos.

Fíjense si serán opuestos que ellos están pensando en premiarse con un aumento de sueldo por lo bien que lo hacen, mientras que para usted será un aumento de impuestos, ¡con un par!

Están rodeados de ineficacia, de desbarajustes y de huida de responsabilidades. Por no entrar en mayores honduras. Nos conducen hacia un futuro en el que solo caben dos únicas alternativas, o la miseria ruinosa, o la ruina miserable, y sin embargo se preocupan de aumentarse los presupuestos en los organismos más inútiles, en los aparatos de propaganda y en las paguitas que acaben por entontecer conciencias.

¿Cómo vamos a coincidir en cuáles son las noticias positivas? Espantar empresas, financiar independentistas, prohibir motes, denunciar el rosa de las niñas e inventar chorradas diarias no lo son, por mucho que quisiéramos engañarnos.

Así se explica que no triunfe ese periódico. Unos están a Rolex y otros, a setas. Pero venenosas.

Caza al mote

30 de Octubre , 2020

Si motes, no, de caricaturas ya ni hablamos. Vamos, como los yihadistas. (Azaña, por Demetrio)

Enrique Santiago, abogado, miembro del PC y diputado de Podemos, quiere que se prohíba referirse a Iglesias como marqués de Galapagar, o a la pareja en plural, porque es ofensivo.

¿En dónde vivirá este Santiago y cierra España? ¿En alguna burbuja inmobiliaria? ¿Acaso no sabe que cada español tiene un mote y que buena parte de ellos son ofensivos, según se mire?

Cientos de pueblos han reunido los suyos y al leerlos te encuentras de todo, Abrazatortas, Cagadurito, Estripaconejos, Juanpelotas, Ojos de gorrino, Siete culos, Vaca tonta…

A Pepe Blanco, el de Lugo, le pusieron Garbanzo Remojao por la expresión de su rostro; a Cristina Kirchner le llaman Álgebra, porque está plagada de operaciones, y a Joaquín Ruiz Jiménez, el ministro de Educación, Sor Intrépida, porque siendo demócrata cristiano, también se atrevía a según qué cosas.

Este último apodo, muy celebrado en su tiempo, se debe a la coña marinera del propio Franco, que al final va a resultar más liberal que alguno de los nuevos apóstoles de la mano dura, aunque él tampoco se reía cuando le llamaban el Fresco General que viene del Norte, ni cuando a su alcalde, ministro de la Gobernación y luego presidente, Carlos Arias Navarro, lo bautizaron como Carnicero de Málaga, rebajado a Carnicerito por Cuco Cerecedo.

Azaña fue El Verrugas por la misma razón que el desaparecido restaurante lucense; Alfonso Guerra, el Tahúr del Misisipi; Martínez de la Rosa, Rosita la Pastelera; Adolfo Suárez, el Posturas de Moncloa, y Zapatero tiene uno bueno, Bambi; muchos malos y uno mediopensionista, el Maquiavelo de León.

Sánchez en avión se postula como Falconetti, pero cada día le brota alguno nuevo. Su escapada de ayer le valdría el título de Richard Kimble el Fugitivo. En cualquier caso, ya lo saben, todos a la cárcel.

Cao y Durán, de la harina a la fotografía

29 de Octubre , 2020

Cubre informaciones del Rey Alfonso XIII y retrata a los ilustres del principios de siglo XX

CUANDO CUMPLE LOS 15 años, José Cao y Durán (Muras, 1864), toma carretera y manta desde su parroquia de Santo Estevo de Silán a Madrid. Emplea 16 días en el viaje porque hace el recorrido en el carromato de un maragato que le cobra once pesos por transporte y comida. Otros en su época van a pie, como Manuel Lence, el futuro propietario de Viena Capellanes.

Entra de mozo en una panadería, que es destino muy común para la emigración gallega, pero ni la dureza del trabajo, ni la morriña pueden con Pepiño Cao.

De esa época dirá más tarde: “Con el sudor de mi frente tengo ganadas cuatro borlas de doctor: una de pan francés, otra de pan candeal, otra de francesillas y otra de pan de Viena”.

Y con tales títulos, compra la carrera de un repartidor de pan a domicilio en el distrito del Centro y se independiza. Queda a deber cinco mil reales, que no es moco de pavo. Ahora las amenazas no vienen del jefe, sino de los guardias que le obligan a repesar las barras de pan que vende para que no haya fraude. ¡Oh tempora, oh mores!

En pocos años ha saldado sus cuentas pendientes y paga la cantidad que le libra de ir al Ejército. Entonces regresa a Muras y presume de haber conquistado Madrid, aunque todavía le queda mucho por hacer.

Vuelve a la capital y se casa con Isidora García Argós. Abre domicilio en la calle Quintana, 3 y tiene cuatro hijos, Francisco, Joaquín, Isidoro Guillermo y Margarita Pepita Cao García Durán y Argós, fallecida a los 22 años en 1921.

Ahora es comisionista de harinas y fabricante de pan de Viena desde 1890. En el orden político, ingresa en el Partido Republicano Progresista. A imagen y semejanza de su padre, que fue alcalde de Muras con la I República, él se hace con una concejalía de Madrid en 1905.

Julio Camba escribe una deliciosa crónica desde París en la que comenta la escasez de champagne y la pesadilla que le sobreviene al soñar que la bella señorita que le sirve la bebida se ha transformado en “Cao y Durán pronunciando un espiche republicano”.

Su biógrafo, el periodista Romero Yáñez, resalta la dificultad de que un republicano gane en el distrito del Centro, habitado por monárquicos, y tiene razón. “Yo no he venido al Ayuntamiento para aprender lecciones de elocuencia, sino para administrar honradamente los intereses de mis mandatarios”, declara en una ocasión.

También es vocal y tesorero del Centro Gallego de Madrid durante la presidencia de Eduardo Vicenti.

Pero José Cao, fíjense qué salto, va a pasar a la historia como fotógrafo de prensa. Esta segunda actividad suya comienza en 1897, cuando establece en Madrid una fotografía, que es como en ese momento se denominan las casas dedicadas a este oficio.

Logra convertirla en una de las de mayor prestigio en la capital, y entonces los periódicos que empiezan a usar elementos gráficos en sus páginas se arrojan a sus brazos en busca de un buen operador. Colabora con el periodista Manuel Carretero y publica en la Ilustración Artística, El Liberal, Pluma y Lápiz, Vida Galante y Vida Gallega, que lo tiene por su redactor en Madrid.

Cubre informaciones del Rey Alfonso XIII y naturalmente, de todos los actos de los madrigallegos. En cuanto a retratos, destacan los del expresidente Nicolás Salmerón, José Zulueta y Gomis, Manuel Allende Salazar, Santiago Ramón y Cajal y el diputado gallego Mariano Ordóñez que aparece en su cromo.

Durante años es agüista en el balneario de Mondariz y veraneante en Ferreira do Valadouro, aunque reúne propiedades en Lugo, Madrid y Cantabria.

Nos tratan de parvulitos

29 de Octubre , 2020

Clarividente anónimo contemporáneo

La obsesión por el lenguaje que demuestran nuestros amados administradores públicos da una idea de lo mucho que les preocupa la pantalla y de lo poco, la buena administración.

Desde que han pinchado en hueso con la Real Academia están más calmados con el “todos y todas”, o el “miembros y miembras”. Es propio de burros y va contra toda lógica lingüística. Punto.

Pero siempre hay nuevos campos donde hurgar. Ya oyeron el otro día al presidente, todo afligido, diciendo que no se debería decir “toque de queda”, sino “restricción de movilidad nocturna”, que es una de las cursilerías más grandes jamás pronunciadas desde que alguien inventó pompis para no decir culo.

Se cree el personaje que puede modificar la naturaleza de las cosas a golpe de diccionario y no de ADN. Ustedes imagínense que se hubiese resucitado la pena de la muerte. Por favor, es solo un supuesto. El presidente anuncia la nueva medida al tiempo que nos pide a los medios de comunicación y a los ciudadanos que no la llamemos así, que no es una pena de muerte, como antes, sino la aplicación de un acuerdo sobre la suspensión de la vida a determinados individuos.

_ El caso es que lo matan, ¿no?

_ Sí, hombre; pero no suena tan fuerte.

El toque de queda significa todos en casa desde la época de las incursiones vikingas y se aplicó por muy diversos motivos hasta ayer, cuando le irrita a Sánchez porque tiene la piel muy fina.

Lo mismo le pasa al otro, que quiere meter en la cárcel a quien le llame marqués de Galapagar, siempre que él pueda seguir despotricando a diestro y a más diestro. A siniestro no se le ocurre.

Ya Zapatero quiso legislar sobre el diccionario. Y es que la cabeza no para, aunque solo sea para urdir tonterías.

Amada López de Meneses, la gran historiadora de los gitanos

28 de Octubre , 2020

Nacida en As Nogais, Amada disfrutó de una prodigiosa memoria que le permitía recordar todo lo leído

EN LOS AÑOS treinta era imposible que los periodistas hablasen con ella sin alabarle la belleza. Primero, porque realmente era una mujer muy guapa, y segundo, porque entonces no era concebible que también fuese una erudita.

Amada López de Meneses (As Nogais, 1906), ligada al lugar de Os Casares de Torés, destaca por su cultura e inteligencia desde la infancia. En 1923 termina el bachillerato en Lugo con matrículas de honor en todas las asignaturas y cómo será su fama que en septiembre de 1927, cuando el eminente botánico y genetista ruso Nikolái Vavílov visita As Nogais en su recorrido por todo el mundo tras los centros de origen de las plantas, Amada encabeza el comité local que atiende sus preguntas.

Vavílov, director del Instituto Agronómico y de Botánica Aplicada de Leningrado, procede de Pola de Lena y llega acompañado por los catedráticos Gustavo Nieto Valls, de Ourense; Luis Iglesias, de Santiago, y Luis Crespi, de Madrid.

Se interesa por las gramíneas, especialmente por la avena y se lleva muestras de todas ellas. España es el país número 40 de los que recorre con ese fin y Amada, la persona ideal para ser su cicerone.

Pero su especialidad no va a ser la botánica, sino la historia. Huérfana de padre desde niña, marcha a Madrid con su familia y allí estudia Filosofía y Letras, para presentarse a cátedras en 1929.

Dos años más tarde investiga en el archivo de Simancas y es uno de los historiadores que solicitan trasladarlo al edificio de la Academia de Caballería en Valladolid con el fin de conservar todos los documentos en su integridad.

En 1932 es becada por la Junta de Ampliación de Estudios en París, pero no se lleva bien con la capital francesa. Solo recibe 1.525 pesetas, aunque “menos mal _ dice ella _, que en enero de 1933, pude colocarme como “repetitrice” de español en la Escuela Normal Superior de Maestras”. Estudia en La Sorbonne, pero no le gusta la vida en París. “¡Figúrese usted que el Institute Hispanique me ofreció una plaza de profesora y la he rehusado!”

Y para que no la llamen sosa, recalca que le encantan los cines, los teatros, los paseos los bailes, “y hasta el flirt”, esto es, el ligoteo.

Sus primeras investigaciones tratan sobre El oratorio del Caballero de Gracia, Las pensiones que en 1758 concedió la Academia de San Fernando para ampliación de estudios en Roma, Un nieto de Moctezuma en la cárcel de Sevilla, y Los extremeños en América.

Reconoce que uno de sus secretos es que disfruta de una memoria prodigiosa, pues es capaz de leer un folio una sola vez y acordarse de su contenido completo y literal.

De esa forma no necesita dedicar muchas horas al estudio, por lo que “el tiempo sobrante, cuando no lo dedicaba a las diversiones, lo empleaba en efectuar rebuscas en los archivos y bibliotecas de Madrid y en vacaciones, en los de provincias”.

La nombran miembro correspondiente de la Real Academia Galega y en su diversa y variada obra destacan algunos trabajos, como los Ilustres extranjeros que en 1525 y 1526 visitan Barcelona (1935), que fue objeto del interés de la prensa por cuanto se investiga sobre los antecedentes del turismo moderno, y otros sobre la peste negra.

Se le considera la gran historiadora de los gitanos en España, por los importantes documentos descubiertos sobre su llegada.

También escribe varias biografías, como la de Crescas de Viviers, el astrólogo de Juan I el Cazador, Carlos de Borbón-Montpensier y Pedro el Ceremonioso.