El perdón del párroco
2 de Noviembre , 2020
La iglesia de Lemona
Es domingo y los creyentes acuden a la misa de precepto. Hasta ahora, los de Lemona tenían que oír los sermones de un párroco negacionista. Sí, porque Mikel Azpeitia negaba que existiese el terrorismo, ya que aquello era una lucha entre iguales y si alguien tenía que morir, pues bueno, eran gajes del oficio y del plan divino para con el País Vasco.
Ahora el cura Azpeitia se arrepiente de sus ideas y pide perdón con amargo desconsuelo, eso sí, obligado por su obispo. ¿Pero qué sentido tiene el arrepentimiento de este blanqueador de asesinatos?
El expárroco frisa los setenta años. Se ha pasado la vida con la bendición larga para los etarras y rácana para los que él llama alguaciles. Y ahora, como se ha hecho público su ideario y observa la escandalera, recula y se lacera a la fuerza.
Que le perdone quien le tenga que perdonar si su arrepentimiento es sincero, pero cuesta trabajo creerlo. Azpeitia es la demostración papable de los efectos del terror en una sociedad esclavizada, pero no por quienes ellos designan como sus enemigos, sino por los auténticos administradores de la violencia y el pistoletazo.
Durante la noche el miedo va haciendo suyas las neuronas de quien lo padece, una a una, hasta parasitar su mente por completo para convertirla en un zombi colonizado como Azpeitia, tan convencido de lo que dice que expone como doctrina lo que es la antítesis de su supuesta vocación religiosa.
Y aquello está plagado de zombis, como en otros lugares donde se impone o intenta imponer el pensamiento único, como comienza a ocurrir por desgracia en toda España.
¿La policía ejerce la violencia? Naturalmente. Está autorizada para hacerlo, y si se extralimita debe penar con más razón que cualquiera. Eso viene en 1º de Palotes, señor cura. Lo que no viene en ningún sitio es su mala baba.











