Adiós, África
Miércoles, 21 de Agosto, 2024Ya se puede hablar de décadas de flujo migratorio africano. También se puede hablar de siglos, pero sabemos a lo que nos referimos.
En ese tiempo hemos escuchado toneladas de soluciones, pero en el fondo no se ha implementado ninguna, salvo la recepción resignada, desordenada e irracional que a unos les sirve para presumir de solidaridad y a otros, para poner el grito en el cielo ante semejante irresponsabilidad.
De José Antonio Marina es la ‘Historia Universal de las Soluciones’, publicada este año. Un libro prometedor, como todos los suyos, con un título que trata de escaparse del mundo de la filosofía para adentrarse en el de la política. Es decir, que intenta ser práctico, una aspiración más que loable.
Habla de la emigración y debe ser escuchado. Al menos no se dedica a lanzarse a la cara lugares comunes como hacen en estos momentos Yolanda Díaz y García Albiol, como si no supiésemos de qué va el drama migratorio.
Apenas había comenzado el siglo XXI cuando leímos en otro texto de Marina lo que era, o lo que él proponía como emigración rotatoria. Ofrecer permisos de residencia y trabajo válidos por tres o cuatro años con el fin de que el emigrante se hiciese con unos ahorros y regresase a su país dispuesto a emprender allí alguna actividad comercial, agrícola, o lo que fuese.
Era la versión española de “hacer las Américas”, pero al revés. Demasiado ingenuo, demasiado buenista, demasiado utópico. Las condiciones nada tienen que ver en amos momentos históricos, salvo el hecho de abandonar la tierra donde se ha nacido, pero ahora, en la mayoría de los casos, sin ápice de morriña ni ansias de volver. Eso no quiere decir que no se deban intentar soluciones. Todo lo contrario, lo único que no se puede hacer es admitir el problema con los brazos cruzados, batallando entre nosotros y en constante ululato cual plaga bíblica.




