Cómo casarse con un millonario
Martes, 20 de Septiembre, 2022
¿Dentro o fuera del arca?
Doña Calixta Vendaval y Chumacera, de Guerrilla y Somatén, era señora santanderina, de posibles limitados y casa fina. Madre de tres muchachas y de un gaznápiro, cuyas desventuras en la capital cántabra nos relata José María de Pereda. A sus cuatro hijos pastorea lo que puede. Al zangolotino, que es bruto y feo como su padre, menos, pero a las tres flores de su jardín, las trae y las lleva por toda la ciudad, de paseo a procesión, de desfile a concierto y de misa a verbena.
Todo lo hace con ánimo de que prendan en amores y se alivie su nómina diaria de comensales, pues ya se sientan muy apretados a una mesa de la que se levantan con más hambre que cuando llegan.
Se conduce doña Calixta en el completo convencimiento de que el buen paño en el arca no se vende, y sin airear el producto, no hay probo funcionario, ni rentista, ni propietario que le eche el ojo a alguna de las tres beldades, que sin serlo por entero, lucen igual que otras que ya son casadas y que tienen a sus madres muy aligeradas de presupuesto.
Como la situación no varía, le da pie a Pereda para corregir a la casamentera en sus lemas y defender que en la historia de los buenos matrimonios, el buen paño en el arca sí se vende.
Nos acordamos de doña Calixta al leer que se anuncia un chorreo de dinero público para publicidad y propaganda, cuyo objetivo, llámese inversión o llámese gasto, parece el mismo que el de la señora de Guerrilla y Somatén, esto es, presentar como bueno algo que no lo es tanto.
Si para vender la idea de que ha hecho cosas chulísimas, el Gobierno necesita ahora incrementar el autobombo un 124 por ciento _ eso se dice ahora, pero a saber a dónde se llega _, es señal de que no las tiene todas consigo y de que teme quedarse compuesta y sin novio, como las hijas de doña Calixta, señora de mirada punzante y bajita de estatura.











