La casa de papel
Domingo, 21 de Agosto, 2022
El misterio del cuarto amarillo oro
Cuando lo ignoras todo en economía no hay problema que se te resista. Pones a funcionar la máquina de hacer dinero y lo repartes.
Después, al descubrir la inflación, la deflación, la estanflación y el resto de vocablos dedicados a complicarte la vida, se te cae el alma a los pies y empiezas a combinar causas y efectos hasta que acabas por reconocer que no tienes ni zorra idea de cómo funciona el mundo de los depósitos, los fondos y las reservas.
Ellos sabrán, piensas con la vista puesta en aquellos a los que has confiado la administración de la finca, pero pronto compruebas que tampoco son expertos en nada, especialmente cuando les oyes decir que el dinero público no es de nadie y otros hallazgos similares. O cuando llevan a una comunidad a la bancarrota y vuelven a ser nombrados para una responsabilidad todavía mayor. O cuando no reaccionan con una dimisión honrosa ante la evidencia de su fracaso: Señores, yo de esto no sé. Marcho.
Qué va. Todo se tapa y disimula bajo la capa grisácea de la mediocridad y la manipulación. Nuestra economía va de miedo, dicen; somos la envidia del globo terráqueo. Pero luego analizas uno por uno los parámetros y ves que descendemos como Paquito Fernández Ochoa, que en paz descanse.
El Tribunal de Cuentas detecta 9.000 millones de euros de maquillaje contable en el ejercicio de 2018, el primero de Sánchez, y da lo mismo que si estuviese contando flamencos de una bandada sobre el lago Nakuru. Es más, seguimos dedicando cantidades inmensas a los proyectos más peregrinos, a los colectivos más inútiles y a los individuos menos productivos que se pueden encontrar a la redonda.
Desde la ignorancia reconocida al principio, a veces no nos queda otra que sospechar si no estarán doblando turnos en la máquina de hacer dinero en la casa de papel. Turnos y horas extra.











