El rostro impenetrable
Lunes, 11 de Julio, 2022
Kubrick no lo aguantó
Por lo que leo, la mayoría de los españoles de más de 40 años tenemos grabada la fecha del 13 de julio de 1997 como una tarde de transistores. No jugaba España. Se la jugaba España. ¿Habría entre los nuestros alguien tan miserable como para apretar el gatillo a pocos centímetros de la nuca de un chaval de 29 años, arrodillado, indefenso, inocente?
Ya sabíamos que sí lo había. Y no solo uno, como venían demostrando año tras año. Lo que no sabíamos, ni podíamos imaginarlo a las 14:50 horas de aquel domingo de julio, caluroso y apacible en Galicia, era que veinticinco años después íbamos a tener un gobierno tan sumiso como Miguel Ángel Blanco a los deseos de los asesinos, dispuesto a bajarse todo tipo de pantalón ante ellos con tal de recibir sus indignos votos haciéndonos creer que eso también es democracia.
¿Qué medicamento se habrá tomado quien lo preside para asistir a los actos de ayer en Ermua y mantener la cara de palo que le caracteriza? Ese rostro impenetrable por los que antes llamábamos buenos sentimientos, el minimum de sensibilidad que se supone a cada persona para considerarla humana.
No lo sé, pero en algún fármaco se apoya, seguro.
Marlon Brando termina como director la película a la que hacemos referencia, iniciada nada menos que por Stanley Kubrick. Algo pasa entre ellos que Kubrick cuelga el proyecto y se larga a preparar Lolita. Fue el enorme egocentrismo de Brando, su egolatría y toda cuanta palabra se inicie con el prefijo ego.
Pero ocurre que Brando era actor, y muy bueno, de modo que su narcisismo favorece el resultado en pantalla.
En nuestro caso no es un actor, aunque trabaja de actor. Por desgracia sabe que muchos de sus votantes lo van a juzgar por las apariencias, no por la política que realmente lleva a cabo. Llámese política o por su verdadero nombre.











