Una cuestión de tiempo
Martes, 22 de Febrero, 2022
No hay tiempo que perder, y casi ni que ganar
Como dicen en las películas de espías, si ustedes están leyendo esto, Casado es presidente del PP, Feijóo de Galicia y Ayuso de Madrid. En caso contrario habré modificado la columna y no podrán leer la presente, aunque como todas las escopetas están cargadas, tampoco puedo garantizarles que sea exactamente así.
Le he pedido al reloj que se detenga unas horas para que no caduque lo escrito, y el reloj me ha dicho que si estaba loco, que esto cambia en cuestión de segundos, como el expediente abierto a Ayuso. Ahora es muy grave. Ahora ya ni es expediente.
Pues si yo estoy loco con mis pretensiones, imagínense cómo está Casado, que ha solicitado llegar hasta julio. De aquí a julio caben diez casados, a razón de uno cada quince días, pero lo que es peor para ellos, de aquí a julio cabe la desaparición práctica del partido que hoy ejerce la muy leal oposición española, de modo que para mí las tengo que no le van a dar tanto plazo.
Poco después él mismo se ha percatado de que tal como está el panorama, cinco meses son una animalada y se conformó con pedir una semanita para convocar la Junta Directiva Nacional, medir fuerzas y organizar el congreso.
Sigue siendo una eternidad, pero lo intenta. Entre las graves carencias del PP actual, una muy destacada es el tiempo. En siete días se cuenta la creación del mundo. Otros siete pueden ser más que suficientes para el Apocalipsis.
Si la primera encuesta que hacen tras el seísmo ya le da más diputados en intención de voto a Vox que al PP; si los manifestantes gritan Casado dimite, la militancia se derrite; si los votantes prefieren a Feijóo; si nadie se manifiesta por ti y Ayuso sigue levantando pasiones… julio, el mes de Julio César, se presenta como un Rubicón inalcanzable. Ni para llegar hasta él, ni mucho menos para cruzarlo.











