El premio
Lunes, 6 de Diciembre, 2021
Los premios no son salarios
Me tomo el domingo, el puente, y lo que haga falta de descanso, para glosarles lo amables y simpáticas que son las personas que se concentran en torno al premio Moncho do Pío que con tanta injusticia me entregaron el pasado sábado en Chantada.
Injusticia, sí, porque como les expliqué en las palabras de agradecimiento, los premios, cualesquiera que sean, deben concederse con una o dos pizcas de injusticia, ya que de lo contrario no serían premios, sino salarios.
El alma mater de la iniciativa que lleva XIX ediciones convocándose a mayor gloria de la Ribeira Sacra, es Ramón Rodríguez Porto, viejo amigo de la casa, lo que contribuye a que la injusticia sea más notoria. Hombre generoso, culto, alegre y enamorado de su tierra, hizo de perfecto anfitrión, aunque a veces me quiso privar de la compañía de su nieta Marta, una niña de quilates.
Pero el Moncho do Pío a quien se rinde homenaje y lembranza no es él, sino su padre, también Ramón, por supuesto, e hijo de Pío Rodríguez Pérez, de ahí el apodo.
No deja de ser curioso que uno de los argumentos del artículo premiado sea el paso por aquellas tierras de otro Pío, el que se apellidó Baroja y Nessi, que el nada agraciado año de 1936 discurre por allí a uña de caballo mecánico para escribir cuatro vaguedades en el semanario Estampa y cobrar lo que fuese menester poco antes de iniciarse el fregado.
También estuvo el alcalde de Chantada y senador, Manuel Lorenzo Varela, con quien compartimos año de nacencia. Ambos acordamos que estábamos de muy buen ver para la edad calzada.
Si Ramón aporta al premio el vino de Terras Bendaña, en San Pedro de Líncora, el arte lo pone José Randolfe Vilariño, pintor de trazos contundentes, como contundente fue el cocido con el que se culmina el acto. Así da gusto escribir.









