López Díaz, traductor del Códice Calixtino al gallego
Miércoles, 4 de Agosto, 2021El catedrático de O Páramo también es es el autor del Diccionario Galego-Latino.
CUANDO EN 2010 el presidente Núñez Feijóo es recibido en el Vaticano por el Papa Benedicto XVI lleva en sus manos una reproducción del botafumeiro y un ejemplar, en edición de lujo, del Códice Calixtino traducido al gallego por el catedrático Xosé López Díaz (O Páramo, 1937), sacerdote secularizado.
Varias generaciones de bachilleres y seminaristas lucenses aprendieron los rudimentos de la lengua latina y muchas cosas más en las clases que López Díaz imparte, tanto en el Lucus Augusti, o Masculino, como en el Seminario.
Ellos tienen un recuerdo vivo y directo del catedrático, pero el resto de los gallegos lo tendrán por dos de sus obras, tan capitales como monumentales. Una, segunda en orden cronológico de salida, es el Diccionario Galego-Latino, de 2010, publicado por la Consellería de Educación e Ordenación Universitaria, Secretaría Xeral de Política Lingüística, y cuya portada se ilustra con cuatro fotos de la muralla romana de Lugo.
La otra, la ya mencionada traducción del Códice, también de unos meses antes en 2010, es un encargo de la Xunta de Galicia como el anterior, en concreto por la Sociedade de Xestión do Plan Xacobeo que entonces encabeza Ignacio Rodríguez Eguibar, conocedor de la valía del catedrático y de su idoneidad para este trabajo de orfebrería lingüística.
Su resultado lo ilustra el artista Francisco Leiro con 34 letras capitales y seis portadas. Entre otros colaboradores, cuenta con la ayuda de Manuel Celso Matalobos. La presentación la realiza el sucesor de quien lo encarga, su tocayo Ignacio Santos, y del editor de A Nosa Terra, Xosé Fernández Puga.
Las dos obras han sido calificadas como ediciones históricas para Galicia y no haría falta recalcar ese carácter si se conoce su contenido.
Cuando recibe la encomienda, el hombre se asusta, pero una vez acabado el trabajo, comenta que no resultó tan difícil como había supuesto. A ello dedica tres años y la casualidad _ o la puntería _, quiere que le ponga el ramo siendo un Año Santo.
Otra casualidad, buscada o no, es que inicia la traducción el 23 de abril de 2007, Día del Libro.
Del Códice existía una traducción completa al castellano, realizada en 1951 por Abelardo Moralejo, Casimiro Torres y Julio Feo, así como otras al francés, de 2002, y al italiano, de 2008.
El propio traductor recomienda saltarse el Libro I, una antología de textos litúrgicos, para llegar antes a los capítulos más amenos de los narradores. También incluye en su apéndice cantos a dos y tres voces, que según Xosé López, “representan el conjunto polifónico más antiguo de la historia de la música”.
Como si se intuyese la historia, el papa Inocencio II autentifica el libro y advierte que incurrirá en excomunión quien lo robe en su traslado a Santiago, o ya en la basílica compostelana.
En 2011, meses después de finalizar la traducción, desaparece el Códice y comienza a contarse el año en que permanece fuera de la catedral.
En ese momento Xosé lamenta que la gente se haga una idea de la pérdida que significa la desaparición del libro, y en un intento por informarles de su magnitud, recuerda que los expertos la equiparan a lo que sería el robo de las Meninas o la destrucción del Pórtico de la Gloria.
Él no llega a manejar nunca el libro original, dadas las dificultades de acceso hasta para su traductor, aunque no para el ladrón.
En su trabajo utiliza una edición facsímil realizada por el historiador alemán Klaus Herberd y el teólogo español Manuel Santos Noia.








