Gulag
Domingo, 4 de Julio, 2021
Menudo objetivo
En manos de ignaros petulantes que apenas sobresalen del ras del suelo y que tienen entre sus perversos planes rebajar todavía más la cultura general, no es extraño que cada día aumenten sus atentados sin que nadie se alce y les diga ¡So burros!, que tanto vale de orden para que se detengan, como de fiel descripción de su analfabetismo, si se usa coma o no.
El intento de sustituir las palabras madre por el engendro burocrático de “progenitor gestante”, y padre por “progenitor no gestante”, no solo pone de relieve el profundo desprecio que sienten estos personajes como la ínclita Montero hacia la historia de la humanidad y su intención de sustituir el estudio por las ocurrencias, sino también su velado deseo de convertir todo lo que tocan en un inmenso Gulag ya ensayado por Stalin desde 1930.
Progenitor gestante suena a industrial autómata desprovisto de sentimientos. La finalidad conlleva eliminar todo atisbo de espiritualidad, elevación, belleza, amor, compasión o cualquier otro rasgo noble.
El Gulag comunista es frío, distante, cruel y obligatorio. Ellos lo dicen. Una sociedad de progenitoras gestantes es como una fábrica de la General Motors con comisarios políticos en cada sección tocados con gorros ushanka. Un panorama más triste que una novela de Chéjov en una noche de invierno con la electricidad al precio actual.
¿Y cómo se llamará a las madres cuando dejen de gestar? ¿Las que gestaron? ¿Y a las que nunca lo hicieron pero tienen hijos por otras vías? ¿Las que adoptaron?
Pero no es el huevo, sino el fuero. Es esa perfidia que se adivina detrás de cada uno de sus movimientos, convencidos como estamos de que nada puede haber digno en borrar dos hermosas palabras para sustituirlas por sendas categorías laborales de la Escala de Complemento.







