José Álvarez, filántropo de Cervo arruinado en busca de oro
Miércoles, 9 de Junio, 2021Mejora las carreteras de su municipio y siendo alcalde, pone la primera piedra del puerto de Burela
DE LA MISERIA a la opulencia y la filantropía, para acabar en la ruina. Así podría resumirse el periplo vital de José Álvarez Fernández (Cervo, 1866), nacido en San Román de Vilastrofe, en el lugar que Francisco Piñeiro identifica como A Casanova. Este autor y otros, como Martín Vizoso, han seguido sus pasos con gran detalle, de modo que solo nos resta condensar su biografía en un esbozo.
Infancia labriega y emigración hacia Buenos Aires a los tempranos 16 años. El primer sueldo que puede enviar a su familia coincide con la muerte de su madre, Manuela Fernández Díaz. Deja viudo a su padre, Francisco Álvarez, y huérfanos a los siete hermanos.
Hay que saltar las penurias iniales para verlo en 1902 al frente de su primera empresa, Cigarrillos Boers. Después, los Moro y los París, hasta convertirse en uno de los principales socios de los cigarrillos Centenario, de Álvarez y Cia.
Desde 1910, la publicidad de los Centenario suele acompañarse de una figura femenina como símbolo de prestigio para el hombre y de liberación para la mujer, ya que a ésta se la ve fumar en público contra cualquier convencionalismo anterior.
Están destinados a las clases media y alta, y no se consideran ni los mejores, ni los peores. En momentos de éxito produce 2.500.000 cigarrillos al día en una fábrica con 450 operarios, doscientos de los cuales son mujeres que empaquetan los cigarrillos a mano, ya que todavía no se ha mecanizado ese trabajo.
Una de ellas, llamada Luisa Conti, de ascendencia italiana, enamora a José. Morirá de parto después de darle tres hijos. Su suegra, sin consultarlo con su otra hija, que es menor de edad, arregla una segunda boda de José, esta vez con Argentina Conti.
“Álvarez de los cigarrillos” se convierte entonces en el filántropo de Cervo por antonomasia. Comienza en 1913 por adquirir los terrenos en O Paraño donde levantar el Grupo Escolar que financian los Hijos de Vivero que él preside en Argentina. Su contribución es de 1.500 pesetas, que no es poco. También se hace cargo de otro en Burela, ayuda al Asilo de Viveiro y a muchos particulares.
Asimismo emprende la construcción de la carretera desde Vilaestrofe al puerto de Burela, que revaloriza los terrenos de los vecinos y construye el cementerio en colaboración con Manuel Candia.
En 1918 regresa a España y se establece en A Coruña, desde donde impulsa la Compañía Aurífera de Galicia, S.A. Una buena parte de su fortuna se invierte en la construcción de un salto de agua, el laboratorio y un lavadero de mineral para la explotación de la mina de oro Emilina, en Corcoesto (Cabana de Bergantiños).
El elevado coste de las obras y la nula rentabilidad de lo extraído espantan a los socios mayoritarios que se han conjurado en una notaría de Lugo. Los minoritarios, de América la mayoría, y dos fundadores, Miranda Luaces y José Álvarez, echan los restos de sus capitales en la mina… y se arruinan. Él ya había cortado sus vínculos con Argentina.
En 1924, Álvarez regresa a Vilastrofe para ser alcalde y diputado provincial durante seis años, cargos para los que ha hecho méritos. Ojo, pone la primera piedra al moderno puerto de Burela y se une a otro proyecto, la Hidroeléctrica do Xunco, para dotar de corriente eléctrica a Burela y San Román.
Además de Argentina, en su esquela de 1948 figuran cinco hijos, Manuel, Alberto, María Luisa, Jorge y Sarita.
Al año siguiente se le rinde homenaje con la inauguración de un monumento
en la confluencia de sus dos carreteras. Hoy permanece una placa de 1912 en O Almacén.











