Salgado y López Quiroga o la pasión por escribir
Domingo, 20 de Junio, 2021El magistrado de Monterroso lleva a cabo una irregular carrera literaria contra viento, marea y críticas adversas
ES TAN ABUNDANTE la lista de cabeceras donde Francisco Salgado y López Quiroga (Monterroso, 1859) publica sus cuentos y poesías, en gallego y castellano, en tono jocoso o en grave tono, que antes acabaríamos citando dónde no lo hace; de modo que echen cuentas.
Viene a Lugo a hacerse bachiller, y a Santiago va a hacerse abogado, pero su vocación literaria y periodística sobrepasa a la jurídica, o al menos compite con ella en intensidad.
Así como su hermano Antonio será diputado en Cortes y provincial, Francisco ocupa diversos destinos dentro de la carrera judicial en Chantada, Salas de los Infantes (Burgos), Callosa d’en Sarrià (Alicante), Cambados y Pontedeume, donde se casa con Consuelo Boo para ser padres de Sara, Raquel y Lía.
La segunda forma matrimonio con el catedrático asentado en Lugo Primitivo Rodríguez Sanjurjo, y Lía acaba la carrera de piano en Madrid con excelentes puntuaciones.
Francisco también ocupa las fiscalías de Ourense y Coruña y desde el principio es activo publicista, como en la dirección de La Prensa Gallega en Santiago.
No obstante su primer opúsculo trata de su carrera, El secuestro del poder judicial (1902), dedicado al marqués de Figueroa, Juan Bautista Losada y Armada. En él se contienen opiniones que sonarán actuales, como cuando se queja de que la justicia “vaya uncida al carro de la política” y constituya un juguete de los demás poderes.
Bien con su nombre, bien bajo los seudónimos de Proscenio y Lady Sofrosine _ la moderación _, Salgado se lanza al terreno de la lírica y la verdad sea dicha, cosecha tantos palos como elogios.
Dionisio Gamallo califica sus poemas cortos de “ráfagas desigualísimas” y es benévolo. Otros le critican la métrica por el hecho de colar versos más largos en un grupo de octosílabos.
Uno le recomienda que permanezca en el foro y se olvide de la literatura y el de más allá le recuerda el precepto de Horacio a favor de la calidad sobre la cantidad. Esto último lo hace al ver que sus cantares suman 475.
En El Noroeste aparece una comentario que Francisco no digiere bien, y lejos de encomendarse a la moderación y la calma que enarbola en su seudónimo, la emprende a epítetos contra el periódico, que de nuevo le afea una reacción tan desproporcionada dada su condición de magistrado y juez. Y es que Salgado no consiente que nadie dude de su condición de literato, ni de su calidad, ni de nada.
La temática de sus colaboraciones es variada. En momentos previos al desastre de 1898, ataca a la masonería como causante de los males de la patria _ España gime _, y en 1936, clama contra la muerte de Calvo Sotelo.
En el medio, muchos cantares gallegos, que algunos quieren ver cerca de Noriega Varela y otros, de Rosalía de Castro, aunque en realidad su estilo está más cerca de Lamas Carvajal y O Tío Marcos da Portela.
Galicia y lo gallego mueve su estro y se lamenta de que “xa non se baila a muiñeira no corazón do Ribeiro”
En El Lucense escribe una humorada que se suele citar como libro, aunque es un folletón en dos entregas, Los bacilos y los bastoncitos de doña Perfecta.
No todo son críticas adversas. Ante la salida de uno de los dos volúmenes de Cantares d´a Terra, Julio Pérez de Guerra lo pone por las nubes en La Voz de la Verdad, aunque claro, son amigos y colegas. También publica A Leenda d’un pobre.
En 1935 Carmiña Prieto Rouco le dedica el poema Maldita guerra que hoy parece una certera profecía. Fallece en 1940, un año después que su esposa. Antonio Gato Soengas ha estudiado su vida y obra.











