Bedia de la Cavallería, el azote de Primo de Rivera
Martes, 3 de Noviembre, 2020El militar de Viveiro es condenado en la dictadura por rebelión y con la República, dirige la Guardia Civil
CUANDO LA REPÚBLICA lo nombra inspector jefe de la Guardia Civil, Santiago Casares Quiroga, ministro del Interior, se lo comunica a la prensa: “No lo conozco, pero es gallego como yo”. Sí, Cecilio Bedia de la Cavallería (Viveiro, 1868) era gallego y desde tiempo atrás se había forjado la fama de ser el prototipo de militar republicano, fiel, obediente y sin demasiadas iniciativas, lo contrario de lo que había sido durante el Directorio.
Su padre, Urbano Bedia, fue diputado, vicepresidente de la Diputación y benefactor del antiguo Hospital de San Lázaro de Viveiro. Cecilio estudia el bachillerato en Lugo y en febrero de 1886 ingresa en la Academia Militar de Artillería de Segovia, de la que sale como teniente. En Burgos, uno de sus destinos, organiza un magnífico desfile de cañones que entonces se llaman carrousel. Cuando ya es comandante, en 1911, es enviado a Mallorca.
Con el Directorio es uno de los artilleros díscolos que critican y se oponen a las arbitrariedades del general Primo de Rivera. Estando en Pontevedra es detenido y Bedia culpa de la medida al entonces ministro de Hacienda, José Calvo Sotelo, que casualmente estaba en la capital gallega ese día de 1926.
En septiembre es condenado por rebelión militar a la pena de reclusión perpetua e inhabilitación perpetua absoluta, por lo que debe causar baja en el Ejército. Para él y para los otros condenados se habilita como prisión el fuerte Alfonso XII de Pamplona.
Pero la perpetua dura poco. En 1927 se presenta en Lugo, donde recibe el trato de bizarro militar, y en marzo de 1930 es repuesto al Ejército y nombrado director de la Fábrica de Armas de la Vega, en Oviedo, donde permanece pocos meses.
En la memoria colectiva de los españoles queda el convencimiento de que es condenado a muerte y amnistiado, pero ya hemos visto que no.
Se había casado en Burgos con Fernanda Alfaro Alfaro que muere el año 1932. Tienen cinco hijos, Fernando, Antonio, José María, María del Carmen y Luis Augusto. Una hermana de Fernanda era la mujer de Augusto Pozzi.
A raíz de su vuelta todo sucede muy deprisa. Ese mismo año de 1932 asciende a general de brigada, recibe la Orden de San Hermenegildo y lo nombran inspector general de la Benemérita el mismo día en que tiene lugar una revuelta militar contra la República. Por la noche cena con el director general de Seguridad, Arturo Menéndez, y el jefe del Gabinete militar del ministerio de la Guerra, comandante Sarabia, a los que les comenta cómo han cambiado las cosas. “Cuando me detienen en 1926 estaba prohibido que nos diesen de comer, y hoy ya ven, se ha alimentado a los rebeldes”.
A Bedia le preguntan por sus planes al frente del cuerpo y confiesa con sinceridad que no tiene ninguno. Lo que mande la superioridad, o sea, Azaña. Estará tres años en el cargo. La prensa lo presenta como el enemigo acérrimo de Primo.
Otro almuerzo significativo de la época tiene lugar el día en el que recibe la Orden de la República (fotografía del cromo). No hay camareros en el Hotel Nacional para servir un almuerzo a 1.500 comensales, los sindicatos prometen que los harán llegar a tiempo, pero finalmente se niegan a trabajar. Policías, funcionarios y mujeres que iban de acompañantes se ofrecen voluntarios y el banquete se celebra.
Aunque en el 36 ya está en la reserva, se pone al servicio del Gobierno y ocupa varios cargos durante la guerra. Morirá en el exilio de Buenos Aires el año 1953.








