Archivo de Noviembre, 2020

El hartazgo

Domingo, 15 de Noviembre, 2020

Esta España no la quiere ni el PSOE

Paco Vázquez, Carmona, Corcuera, Guerra, Vara, Lambán, Redondo, Sotillos… ilustres apellidos del PSOE post-Suresnes han dado un paso adelante, convencidos de que su partido navega hacia el sumidero de las cloacas pilotado con mano firme por un desaprensivo tan egoísta como peligroso, que por un plato de lentejas vende a su madre, a su patria, a su idioma, a su ley, a su partido y a sus muertos, bien los que cayeron con un tiro en la nuca, bien los que caen todos los días pronados en los hospitales.

De momento los sublevados se agrupan en distintas formaciones, pero es de suponer que acaben encontrándose si realmente desean que su gesto sirva de algo, y no hay motivo para dudarlo. Otro cantar es la fuerza con la que Sánchez intente contrarrestarlos.

Dicen que se lo ha encargado al de siempre, a Iván Redondo, que de esa forma aumenta su número de boletos para ser declarado Rasputín del siglo, ya que el del XX tiene otro claro ganador. ¿Qué método utilizará Redondo? ¿Didactismo? ¿Las famosas purgas stalinistas? ¿El soborno?

Su pupilo y él han llevado la indignidad a tal extremo que se puede esperar cualquier cosa y ninguna debe descartarse ni sorprender porque los umbrales de saturación están rebasados ampliamente.

La revuelta no tiene antecedentes, porque cualquier contestación interna que otros líderes pudiesen haber originado carecía de la magnitud de estas actuaciones que Sánchez y buena parte de sus ministros dispensan con una pasmosa ligereza, a velocidad de vértigo y sin los períodos propios de reflexión y diálogo que se deben exigir para adoptar acuerdos de mucha mejor enjundia, cuanto más si atañen a aspectos fundamentales de la convivencia. Todo lo cual nos refuerza la creencia de que estamos ante un irresponsable.

La paja en el ojo ajeno

Sábado, 14 de Noviembre, 2020

La ministra en el momento de decirlo

Preguntada por el traspaso de poderes en Estados Unidos y las posibilidades que tiene Trump de entorpecerlo, retrasarlo o impedirlo, la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, declara con rotundidad ministerial que su confianza en el funcionamiento de las instituciones norteamericanas es absoluta y por lo tanto, nada le hace dudar de que el traspaso se va a realizar de acuerdo con los plazos previstos y las formalidades de rigor.

Eso es lo que los ciudadanos de cualquier país normal, de los EE.UU. hasta el último creado, esperan de sus instituciones, porque de lo contrario, no estaríamos hablando de un país sino de una selva, aunque todas funcionan con mayor respeto a las leyes naturales que algunas de las que se tienen por naciones civilizadas.

Oyendo a la ministra de asuntos foráneos le entran a uno las ganas irresistibles de sugerirle que le aplique el cuento a su presidente, porque si escuchamos lo que dicen los socios que se ha buscado para sus presupuestos, nos encontraremos con el mensaje exactamente inverso y ese anuncio de que vienen a laminar el régimen y cualquier institución que se precie de serlo.

Es difícil rebasar el umbral de indignación que este caballero ha originado desde que pisa moqueta y sin embargo, por arte de su infinita insensibilidad frente a la vergüenza o la cordura, y gracias a la inestimable colaboración de sus aliados, día a día se suceden nuevos motivos para dudar de su sensatez, de sus fines, de la validez legal de sus actos y de todo lo que en el fondo la ministra ha querido decir ayer sobre ese entramado institucional de los norteamericanos al que tanto estima y en el que tanto confía para evitar que Trump haga una tropelía.

¿Tropelías, dice? Oiga, que en su país, sus socios le han anunciado un golpe de estado y usted ni se ha movido.

La carta de Amelia

Viernes, 13 de Noviembre, 2020

Amelia Valcárcel

Sin duda es Irene Montero la ministra que recibe más cartas abiertas de particulares o periodistas que casi siempre le expresan su profundo desacuerdo con la ideología que en forma de paparrucha emana de su organismo, cuya titularidad ostenta precisamente por todo lo contrario de lo que predica, es decir, por ser “pareja de…”

Como eso de momento es irremediable, el sentido de las cartas va directamente contra el contenido de lo que ella cuece en sus conciliábulos de asesores. Pero si la mayoría de ellas pasarán de gancho al cesto de los papeles, la que ha recibido días atrás no debe dejarla tan indiferente.

Se la remite un numeroso grupo de mujeres entre las que se encuentran algunas de las cabezas mejor amuebladas de España, como es el caso de la filósofa feminista Amelia Valcárcel y Bernaldo de Quirós, y otras de apabullante trayectoria curricular como ella.

A muchas les une su afinidad con el PSOE _ suponemos que con el de Julián Besteiro, no con éste de incierta ética _, e incluso cuenta con el respaldo o la simpatía de la vicepresidenta Carmen Calvo, y la exdiputada Ángeles Álvarez.

Quieren que Sánchez le pare los pies a esta Juanita Calamidad antes de que culmine su atroz Ley Trans, o Ley para la Igualdad Plena y Efectiva de las Personas Trans, cuyo análisis les merece las peores conclusiones desde las premisas más arraigadas del feminismo progresista y que se exponen a partir de una acusación no ideológica, sino intelectual, cual es afirmar que la ministra Montero confunde sexo y género.

Con ese ladrillo roto, cualquier edificio que se construya amenaza ruina desde antes de la inauguración, o sea, desde antes de su paso por el Congreso.

Ahora bien, con Sánchez puede ocurrir de todo y su contrario dentro de las 24 horas del día.

Alfredo Labajjo, o pintor moderno máis antigo

Viernes, 13 de Noviembre, 2020

Hoxe inaugúrase unha antolóxica da súa obra na galería Nova-Rúa Arte

NINGUÉN SABE CANDO morre Alfredo Labajjo (Lugo, 1939). Foi un día de outono de hai un ano, cando xa non contesta as chamadas para tomar o primeiro cocido no Mesón de Crecente, ou aqueles codillos do Anda, ou os chuletóns de La Parrilla. Alfredo non era de dente fino, porque non era fino nin durmido, pero distinguía moi ben o bo xantar e a cociña sen sofisticacións.

“O meu nome completo é Alfredo Luis Francisco Constantino Rodríguez-Labajo Grandío. Nazo no número 17 de Campo Castelo, na casa que chamaban do crime, porque din que alí mataron a un home. Ti o saberás, que andas matando xente. Percorrín moitas escolas e botáronme de case todas, a pesar de ser meu pai o director tamén de case todos os centros de ensino do Lugo daqueles anos. Lémbrome da escola das Pulgas na rúa San Pedro. Chamábana así porque se supón que habería pulgas. Recordo aquela muller moi maior sentada na taza do water, dándonos clase mentres almorzaba un cazolo de migas de pan. É dicir, á vez que comía, descomía”.

Alfredo non chega a tanto, ao menos que eu saiba. Nunha época, antes de marchar a Ancares, trocoulle pintura por comida a Cándido do Verruga e alí estivo ben alimentado durante meses.

Daquela propóñolle unha sección para El Progreso. Consiste en xantar nun lugar distinto cada semana. Él faría a ilustración mentres eu escribo do plato típico da casa. Pareceulle ben, pero non chegamos nin ao primeiro. Volveuse lacaceiro e xa antes da exposición na Deputación o ano 2012 non colle un pincel nin a tiros.

“Tino Grandío era meu primo carnal. Miña nai e seu pai eran irmáns. O pai de Tino era o irmán maior de trece irmáns, que aquí non era moi corrente iso. A túa nai coñece a todos? Miña nai dicía que na casa eran a comer todos os día vinte e cinco. E que era algo normal. Como se poden ser 25 a comer todos os días? O Manolo, o pai de Tino, xuíz de paz de Lousada, era un tipo moi célebre. Dicíalle a meu pai: Deixa vir a Alfredito para a aldea. El tiña moitos fillos. Porque aprende máis na aldea que na escola”.

Teimaba coa xente que falaba alto de máis, aínda que el tampoco era dos que bisbean. En moitas ocasións, cando no restaurante había conversas subidas de ton, berraba con todas as súas forzas; “Silencio!!!” e deixaba a todos calados. Como el seguía ao seu, ninguén sabía quen fora.

“Miña nai e miña tía Amparo falaban en galego entre elas. Os demais falaban en castelán. En realidade comecei a falar galego cando estiven en Londres. Todos os galegos que había alí o falaban. Tamén en Madrid, onde tiña o meu taller na zona de Ópera, en concreto na rúa Escalinata onde había moi bos sitios galegos. Un amigo meu que era panadeiro tiña a Boutique do Pan e dicía: Os galegos somos os máis listos porque somos quen de vender o pan máis caro có xamón. Encargoume pintarlle todo aquilo, pero non se paraba de calor”.

O pai non quería saber nada dos seus gustos pola pintura, de tal xeito que chegado o momento foi á Escola de Enxeñeiros Técnicos Industriais, onde era importante o debuxo. Pero claro, non houbo metamorfose e aquel home, herdeiro directo dos pintores de Altamira, acabou por facer o que lle petaba coa axuda, entre outros, de Puchy e de Lorenzo García-Diego.

Na procura de rusticidade pasa de Madrid a Lugo e de Ancares a Friol, onde atopa a morte presentida por todos os que o coñecen. ¿Cando foi? Non sei. Supoño que xa pasamos o cabodano, como lembra a exposición que lle prepara Puchy Saavedra e que abre hoxe.

No es eso

Viernes, 13 de Noviembre, 2020

Inquietante parecido del Gran Hermano con Sánchez

Cuando tienes el delito como eje radial de tu existencia no es de extrañar que te obsesione controlar la justicia, domesticar los medios de comunicación y manipular las encuestas.

Es lo que te pide el cuerpo, lo que te tira, como a un alpinista la montaña, como a un pescador, la caña. Algo natural.

Pero cuando el hombre _ la especie humana, dicho en politiqués renovado _, se da cuenta de los abusos que el poder comete impunemente bajo esas premisas, recapacita y concluye: Hagamos la democracia.

La cosa viene de la Grecia clásica, no crean que es un invento de los Estados Unidos, pero le costó cuajar y todavía se le resisten territorios, porque la especie humana, tan creativa ella, ha encontrado subterfugios con los que saltarse sus propias reglas, ya sea añadiéndole un apellido, como democracias orgánicas, populares y bolivarianas, o bien a pelo, como parece ser que perpetra últimamente ante nuestras pasmadas narices.

Porque si los movimientos que realizan nuestros amados gobernantes multipartitos y multinacionales conducen a reforzar la democracia, si los ministerios de la verdad, el nombramiento de jueces, la oscura financiación, las amistades maduras, los espionajes, las ventas fraudulentas, las ocultaciones, los despilfarros y los engaños en general, son conductas encaminadas a reforzar nuestra nuestro sistema de libertades, deberían encargar a esas panda de asesores y altavoces que contratan en las teles a su servicio para que nos lo explicasen por lo menudo, porque lo que se deduce a simple vista es que están cocinando una dictacruda de libro, con sus cómplices necesarios de la periferia, que piensan cortarnos por do haya los más sabrosos solomillos para su exclusivo uso y disfrute, y con aportaciones llegadas del extranjeros que culminarán el asalto a las urnas.

Triste jornada para algunos

Miércoles, 11 de Noviembre, 2020

Charles Pfizer

La imagen de Charles Pfizer, el cofundador de la farmaceútica que ha traído la primera noticia de alborozo del año, serviría para simbolizar a los padres del capitalismo del XIX.

Pulcramente trajeado, ora en negros absolutos, ora en grises y corbata blanca; barba hulihee _ que sé cómo se llama, pero no por qué _; con sus dos grandes cascadas de pelo igualmente blanco que bajan más allá del mentón, dejando a éste mondo y lirondo, y un bigote cuidado en paralelo a los labios.

Esto es así porque los fundadores, los alemanes Pfizer y su primo Erhart, instalan su empresa en Flushing Ave de Brooklyn y la ven crecer desde 1849 hasta que se mueren, y desde entonces hasta hoy, en un ininterrumpido sistema liberal y capitalista que les permite disfrutar de sus éxitos y volver a intentarlo después de cada fracaso.

Ocurrió con el antihelmíntico Santonín para expulsar gusanos parásitos, que fue su primer gran éxito de ventas, y ocurrió con la Viagra, por citar otra marca bien conocida. Ahora anuncian lo cerca que están de una vacuna que podría poner fin a la pesadilla, y con las reservas propias de estos momentos previos a todo descubrimiento de esta índole, el mundo lo ha recibido con la alegría contenida.

Todos, incluso personajes como Pablo Echenique, cuya formación dice ser enemiga de los ricos, combatiente del capitalismo, enfrentada a las multinacionales y crítica con las grandes farmacéuticas. ¿De qué se alegra Echenique? ¿De que sus ideas son incapaces de generar un solo gramo de bienestar porque propugnan la miseria para todos, salvo para sus dirigentes?

La verdad, no lo entendemos. Hoy debería ser una jornada más de onda tristeza para ellos, pues se demuestra que el Foro de Sao Paulo solo salva a la nomenklatura.

Ulises Sarry, dibujante de altos vuelos

Miércoles, 11 de Noviembre, 2020

El artista fallece en Canarias hace hoy un año, cuando ya ha cumplido los 85 de vida

HOY SE CUMPLE el primer aniversario de la muerte de Ulises López Sarry (Lugo, 1935), un artista que dejó pocos palos por tocar, y todos bien.

Sus padres son el dentista José López Sarry y Paulina Moreno Herráez, que lo son también de Iván, José, Gustavo y Paloma, los tres primeros, mayores que él.

Después de trotar por Barcelona, París, Utrecht, Alemania y varias ciudades del África francesa, como Dakar y Nuakchot, la primera obra suya en Lugo es una tira de cómic al estilo del Guerrero del antifaz (El Progreso 1956) y un plano artístico de las obras del puerto de Burela, visto desde el Monte Castelo (El Progreso 1958). En esta línea le seguirán una figuración sobre cómo sería la I Feria Exposición Provincial (abril 1958) y el nuevo edificio de la Escuela Técnica de I. Agrícolas.

Ulises dibuja todo lo que se propone, ya sean encargos técnicos, murales, cómic, carteles, ilustraciones, ojos de vidrio para anoftalmos que vende Antón Figueroa, óleos, tarot o grabados sobre madera que descubre en Montpellier de la mano de José Luis Calle, a quien rinde en vida una eterna admiración.

Se casa con Morocha Ares y tendrán a Penélope, Gala y Owen. Hace de todo, participa en festejos taurinos, destaca como nadador; es fotógrafo y cineasta.

En 1966, el Círculo Cinematográfico del Femenino estrena su primera película. Se llama Blanca González y la ha dirigido Balboa, con Ulises como operador y Epifanio Ramos de Castro colaborando en un guión de 12 m. Cuenta la historia de un suspenso injusto.

Cinco años más tarde realiza A volta (1971), “comedia con toque gore”, como la define la Cinemateca de Galicia/IB Cinema cuando la recupera para celebrar el Día Mundial del Cine. Es la historia de un emigrante que regresa a Lugo sin imaginar lo que le espera. Los actores son Paco Martín, Margarita Rodríguez, Minucha Rey y Balboa. Obtuvo varios premios con sus fotos.

Suyos son los carteles de San Froilán de 1965 y 1968, innumerables Fotos de la Semana y hasta premios de disfraces en el Círculo, como cuando acude con su mujer como Caperucita y el lobo.

Con Balboa monta una galería en Doctor Castro y una fotografía tomada por él le sirve a la mindoniense Silvia Veiga para ser seleccionada en el concurso Maja de España (1966), que luego ganará.

Participa en varias colectivas de pintores lucenses (1966) y en otra con Balboa y Caridad (1965). Preguntado qué le parece la obra de sus compañeros, responde: “Son una catástrofe. Me horroriza su pintura”. Es humor, claro.

Se lanza al Miño para salvar a un hombre, aunque no lo logra. En 1965 Carmen Polo de Franco visita Lugo sin previo aviso y Ulises la fotografía en la catedral. Serán las fotos de El Progreso.

Es presidente del Club Francés, hace montañismo, crea el club Papaventos, construye un ultraligero, pone de moda el Padornelo de Mondoñedo y dibuja un tarot gallego, el Tarot Sarry (Ediciós do Castro, con prólogo de Cunqueiro y textos de Paco Martín), un homenaje a su abuela, que le contaba historias apasionantes mediante sus cartas.

Pepe Torres organiza la Cabalgata de Reyes de 1967. Para recabar fondos le encarga un sello sin valor postal y él imagina el perfil de los tres reyes acercándose a Lugo sobre O Picato.

Un día entra en mi despacho con un proyecto originalísimo bajo el brazo. Lo llama La cerca lejana y se trata de destripar la muralla. Cuando ve la luz es muy apreciado.

Ulises fue un pionero en el uso de los ordenadores. Se muda a Canarias y aunque al principio mantiene su actividad, acaba por no hacer nada, algo realmente inaudito en él.

Una efeméride vírica

Martes, 10 de Noviembre, 2020

Una gripe de narices

Hace un siglo el poeta y dramaturgo francés Edmon Rostand, como buen marsellés, sufre en sus carnes y en sus pensamientos las calamidades de la I Gran Guerra, llamada la Mundial porque está a un tris de serlo al pie de la letra.

Para armar la mundial stricto sensu le faltó, por ejemplo, España y por eso su prensa queda libre de censuras bélicas para informar con libertad de los otros estragos que en esos momentos producía un virus maligno al que denominan grippe, aunque después pierde una pe para hacer una palabra más española. Ahí nos pasamos. En publicar noticias, no en quitarle la pe.

A Europa y al mundo entero se les abren las puertas para calificar la pandemia como gripe española, pues es donde se habla de ella, pero no por ser su origen, sino por no estar enfrascada en su guerra. Le llega con la del Rif.

Total, otra leyenda negra para el saco.

¿Qué pinta Rostand en este episodio? Bueno, el autor de Cyrano de Bergerac, ya mermado de salud a pesar de que solo ronda los 50 años, ansía festejar la llegada de la paz y cuando se firma el armisticio, tal día como mañana del año 1918, Edmon se echa a la calle para mezclarse con la muchedumbre que se manifiesta gozosa en la despedida de la guerra y en la bienvenida a un esplendoroso futuro de paz, que como sabemos solo iba a durar dos décadas, y en España incluso menos.

Si han pensado que aquellas manifestaciones se parecen mucho al 8M de 2020, aciertan. Al menos para Edmon Rostand sí lo fueron porque se contagia de la gripe y pocas semanas después muere sin remedio.

Aunque no es el único, Rostand bien merece el título como última víctima de la I GM. Su caso es una demostración de que la historia se repite con insospechadas variantes cada siglo.

Manuel Castro, el editor que fabricaba best sellers

Martes, 10 de Noviembre, 2020

El sarriano se hace comercial en Cuba y de regreso levanta una de las editoriales de mayor éxito en los años veinte

FUE UNO DE los grandes editores españoles de todos los tiempos. Libros populares, éxitos de venta, clásicos, novelas por capítulos y un amplio catálogo bajo el sello de Editorial Castro.

Manuel Castro (Sarria, 1877) presumía de ser uno de los supervivientes de las fuerzas de Vara del Rey en Caney, allá cuando se perdió Cuba.

Era la única pista que daba a quien quisiese saber su edad, así que a lo mejor la fecha de nacimiento que damos baila más de un año. “Mi madre murió con 82 y jamás dijo su edad. Yo me parezco bastante a ella”.

Nace frente por frente a la casa de Matías López y a los dos les acompaña la fortuna en sus empresas. No está mal. Cumplidos los 11 años llega a Madrid para ser el chico de los recados de su tío, el célebre librero Eduardo Cruz Gómez, casado con Juana Castro. Durante cuatro años se empapa del negocio y de la ciudad.

Como hace pellas tiene tiempo para capear novillas y salir embolado por los aires, de modo que su tío lo devuelve a Sarria por ser demasiado torero. Aquí tienen los sarrianos un nuevo rasgo de su afición al ruedo.

Tres años más y se pone en los 18, que es cuando dice a la familia que se va a América, porque allí no ve un duro ni de los sevillanos, que son los falsos, tan falsos como los papeles con los que zarpa desde A Coruña bajo el nombre de Bernardo Jurjo.

A las cuatro horas de llegar a Santiago de Cuba ya está trabajando, dice con orgullo. Aunque para poder trabajar permanece neutral durante la guerra, va a Caney y lo hiere una bala yankee.

Luego es comercial de los hilos alsacianos D.M.C. (Dollfus Mieg & Cie) de los que vende más que nadie y pasa a la casa Singer con igual éxito. Con la abundancia retoma el antiguo negocio de los libros, pero ahora como editor y en España.

La Editorial Castro invierte medio millón de pesetas en los fondos de varias casas barcelonesas y gasta otros dos millones en reimprimirlos.

Distribuye catálogos en aquellas poblaciones de más de 5.000 habitantes, se publicita en prensa y las ventas le recompensan con creces. “Si no se conoce la novela es porque nadie se la pone cerca”.

Utiliza comisionistas a los que aplica sus métodos en Cuba y le da resultado. Hace tiradas medias de 10.000 ejemplares por título y lo sorprendente es que los vende.

Su fama llega al extremo de que en Sarria son detenidos tres estafadores que haciéndose pasar por sus agentes, cobran ciertas cantidades a los vecinos.

Alguno de sus éxitos de mayor venta son Genoveva de Bravante, en su versión de Antonio Contreras; o Los Siete Niños de Écija, que superó las diez ediciones en poco tiempo. Castro mantenía la composición de todos sus libros, lo que suponía una gran inversión en estereotipos, pero una gran ventaja a la hora de hacer reediciones, que él ordena sin problema cada vez que agota una tirada.

Otros títulos que superan los 100.00 ejemplares son La mujer adúltera, El cura de aldea, El mártir del Gólgota, El diablo en Palacio, La golfilla de la calle y ¡Perdida en la vida! Dos de sus autores son Gregorio Marañón y Margarita Nelken.

En una entrevista confiesa que solo tiene el vicio de fumar. “Me fumo nueve puros diarios y constantemente la pipa. Además tomo al día diez tazas de café en mi casa”.

En 1928 se traslada a un moderno edificio en Carabanchel. Poco después fallece su mujer, Concepción Moyano Pérez, y con la guerra la editorial se cierra. En octubre de 1937 la artillería republicana destruye su sede de Carabanchel, utilizada como baluarte por los rebeldes.

Leiras Pulpeiro, “defensor da clas desherdada”

Lunes, 9 de Noviembre, 2020

O médico e poeta mindoniense conquista ao lector galego cun só libro ao final dos seus días

DENTRO DA MITIFICACIÓN do personaxe inclúese o feito de que a noite do seu enterro fóra do recinto consagrado no cemiterio de Mondoñedo, dous ou tres mozos entran armados de palas e botan terra bieita sobre o lugar onde xa repousan os restos de Manuel Leiras Pulpeiro (Mondoñedo, 1854).

Pode ser certo ou non. Na realidade é unha anécdota un tanto contradictoria, porque o pensamento de Leiras está máis lonxe daquela terra litúrxica, que da que lle serve de acollida, terra civil, por dicilo na mesma dirección.

Ao seu agnosticismo engade unha militancia anticlerical, unha fe masónica como Lúculo e un laicismo rigoroso, pero admitamos que a posible acción nocturna dos admiradores de Leiras tería unha significación máis aló da meramente relixiosa, como rexeitamento da censura sepulcral que se lle impón.

En realidade, o personaxe non precisa ningún tipo de mitificación, porque Leiras foi recoñecido como un grande en vida, e moito máis despois da súa morte. Cando iso ocorre, o único que fai o mito é restarlle importancia ao home ou á muller que trata de glorificar.

Novembro é o mes fúnebre de Leiras. Morre tal día coma hoxe de hai 108 anos e tamén será en novembro de 1921 cando ten lugar a multitudinaria homenaxe en Mondoñedo, grazas aos seus veciños a un e outro lado do Atlántico. Alí estarán Vicente Risco, Antón Villar Ponte, Eladio Rodríguez, Eugenio Carré Aldao, Luis Peña Novo e o alcalde e xornalista local Cándido Carreiras, republicano coma el, de quen se conta que no ano 1930 irá a súa tumba para darlle as novas coa famosa frase: “Leiras, Leiriñas; chegou a República”.

Ese mesmo ano son colocadas as tres placas de bronce que financian os mindonienses de América para as casas de Leiras, Pascual Veiga e Noriega, e tamén se publica o primeiro tomo da súa obra completa.

O médico, poeta e humanista, recoñecido como o defensor “da clas desherdada”, tamén nace cerca do mes de novembro, o 25 de outubro. É fillo do médico Vicente Leiras, orixinario de Santiago de Lindín, e da ribadense Matilde Pulpeiro. Para máis datos, coma sempre, García Doural, Reigosa, Requeixo, Martínez, Alonso Montero…

Entre 1867 e 1868 aproba no Seminario da súa cidade o segundo e o terceiro ano de Latín coa cualificación de meritísimo. En Madrid remata Medicina e Cirurxía o 22 de decembro de 1877. Casa con María Andía Villar.

O estro poético de Leiras, a riqueza do seu galego e a temática das súas composicións fixeron del un autor popular e reclamado, aínda que el non era dado a prodigarse.

Na revista Galicia, de Martínez Salazar, publica un Refraneiro popular, e tamén xunta un Vocabulario mindoniense, pero só dá ao prelo os seus Cantares gallegos (1911), que El Progreso acolle rendido de admiración cunha ampla crítica do filósofo e futuro propietario do castelo de Pambre, Manuel García Blanco, publicada por suposto no curto espacio de tempo que vai entre a saída dos Cantares e a morte do poeta, en 1912.

Para García Blanco, as Montañesas de Noriega e os Cantares de Leiras, converten a Mondoñedo na capital poética de Galicia. Sabedor de que gran parte da obra de Leiras permanece inédita, o filófoso solicita que sexa coñecida por todos os galegos sen sospeitar que apenas faltan once meses para o seu pasamento.

En 1910, na súa vertente de médico, publica uns Apuntes para la Geografía médica del distrito municipal de Mondoñedo, en colaboración co seu colega Pastor Taladriz Díaz.

Pouco antes de morrer é premiada en Vigo a súa composición O galo no Coto.