Ni el mapa
Lunes, 14 de Septiembre, 2020
Un mapa sin huevos fritos
Tres jóvenes de 15 y 16 años insultan y agreden a una pareja de inmigrantes en el Metro de Madrid. Su lenguaje es soez, inhumano y extremadamente violento.
Una joven malagueña que se asoma a la televisión en busca de pareja reconoce que ignora dónde queda Málaga, si está cerca o lejos de Sevilla, y se asombra de que tuviese que preocuparse por eso. Solo sabe que está allí, en un cuadradito de la pantalla de televisión y que le ponen encima un huevo frito cuando hace sol. Ha cumplido veintitantos.
A otro lo paran por la calle para preguntarle el nombre del jefe del Estado español y reacciona como si le pidiesen el número exacto de pelos que crecen en su inútil molondra.
¿Qué mierda de educación estamos dando? Y sobre todo, ¿por qué no hablamos todo el día del fenomenal problema que estamos ocasionando?
Ya no solo es que un alumno pueda llegar a veinteañero sin haber visto un mapa entero de España, sin saber qué es Toledo, ni por dónde cae, más o menos el Noguera Ribagorzana. Eso es grave, pero peor es que está condenado de por vida a ser un tullido que avanzará haciendo el ridículo a cada paso, salvo que se recluya en comunas de personajes tan desilustrados como él.
Esta no es ninguna deficiencia histórica de España, ni mucho menos. Esta es una conquista de los tiempos recientes. Convertir la enseñanza primaria en una fábrica de analfabetos funcionales a manos de una numerosa recua de políticos descerebrados que han reducido a gravilla la inmensa labor de los maestros de escuela, siempre despreciados, siempre mal pagados, pero que salvaron a generaciones de españoles de caer en esos certificados sin cimientos que antes se llamaban bachillerato, cultura general o enciclopedia Álvarez, desaparecidos hoy en aras a saber de qué oscuros intereses.










