Archivo de Mayo, 2020

Lo que lastra Lastra

Viernes, 15 de Mayo, 2020

No se saldrá subiendo impuestos, Lacalle dixit

Salvo los economistas que cobran directamente de las arcas públicas, y no todos, el resto está de acuerdo en que un aumento del gasto basado en la subida de impuestos da como resultado la película de Juan Antonio Bayona, lo imposible.

Pese a ello, hoy no existe en España otra hoja de ruta que no sea impuesto a la riqueza y cascada de gasto al sector necesitado pero improductivo. Como decían los romanos, ruina montium, aunque ellos la utilizan para extraer oro de la tierra, y nosotros vamos camino de sepultarlo.

Como saben hasta los niños de pecho, el gasto público español está lastrado por una cantidad de cargos que no tiene parangón en ninguno de los países con los que debamos compararnos. De vez en cuando nos lo refrescan por si a algún gobierno se le ocurre echar un ojo y tomar cartas en el asunto.

La nomenklatura se defiende diciendo que buena parte de esa cifra son concejales y alcaldes de entidades pequeñas sin sueldo. Pero no es verdad. Cuando los descuentas, la cifra de cargos y asesores sigue siendo desorbitada y con la llegada de Sánchez, Iglesias y demás familia, mucho más, porque hubo que contentar a un número mayor de chupópteros de distintas ganaderías tras la negociación de Lastra. Curioso.

Si estuviese reflejado en una eficiencia administrativa que te cagas lorito, pues bueno, aún podría tener un pase, pero la gente sabe que hay oficinas sobrecargadas de trabajo y otras donde pasan meses sin que se mueva un papel con sueldos de rajás.

Esa es otra. Háblales de una rebaja de haberes, pequeñita, simbólica, solidaria, como la de cualquier hijo de vecino y se les abren las fauces en una risotada que ni Mota cuando hizo aquel sketch en el que un diputado se tronchaba al leer una iniciativa de rebaja.

Cuando el cine quiere pintar a un tirano, en la primera escena lo vemos subiendo impuestos.

Lucía Pérez, que le quiten Eurovisión

Jueves, 14 de Mayo, 2020

El 14 de mayo de 2011 actúa en la LVI edición del festival en Düsseldorf

EN TORNO AL cambio de siglo, dos adolescentes con ganas de triunfar en el mundo de la canción se cruzan viernes sí y viernes también en los pasillos de Telelugo. Acuden para cantar en un musical llamado Supernova, que les iba como anillo al dedo. Al mismo tiempo trataban de colar alguna actuación allí donde pudiesen.

Sabían que la experiencia de aquellas tablas era fundamental para su carrera y al verlas todos estábamos convencidos de que llegarían lejos porque les sobraban fundamentos, ganas y fuerza de voluntad. Se llamaban, y siguen haciéndolo, Alba Messa y Lucía Pérez Vizcaíno (O Incio, 1985). Si una tenía catorce años, la otra acababa de cumplir los quince.

Sus carreras discurren por distintos caminos, pero ahora, veinte años después, ya sabemos que la intuición era correcta porque ambas siguen con sus ilusiones intactas.

Lucía nace en Goó y acude a la escuela de O Incio. Su afición musical la lleva a estudiar música en Sarria y desde los 13 años participa en en todos los festivales de canción infantil que se convocan, así como en Canteira de Cantareiros, de TvG, que gana.

En ese momento ya estudia Magisterio musical en la Universidad de Oviedo y posteriormente se matricula en Pedagogía.

Graba un primer disco con Félix Cebreiro y contacta con Chema Purón, que ya había compuesto para Paloma San Basilio. Su grabación Amores y amores merece el Disco de Oro Gallego.

Más adelante es elegida para representar a España en el Festival de Viña del Mar, de Chile, con la canción de Purón Qué haría contigo y queda en segundo lugar. Volverá tres años después, coincidiendo con su elección para interpretar el Himno de Galicia en la toma de posesión de Núñez Feijóo, en la Plaza del Obradoiro.

Tal día como hoy, 14 de mayo de 2011, participa en el festival de Eurovisión representando a España con la canción “Que me quiten lo bailao!”, de Rafael Artesero, que acaba con 50 puntos en un discreto puesto 23, como viene siendo habitual estos últimos años.

Claro que para llegar ahí, la canción deja atrás a otras mil composiciones que aspiran a ser interpretadas en Düsseldorf y a docenas de artistas que sueñan con lo mismo.

Aún así, Lucía nunca estuvo satisfecha de la canción que defiende: “Lo que sentí mucho fue ir a Eurovisión, que es una vez en la vida, con una canción que no era de mi estilo. Me tocó, no podía decir nada, era mi única opción y la acepté. Pero era un tema con el que yo no habría concursado. En mi primer disco después de Eurovisión, hay canciones aquí mucho más apropiadas, como Después de ti, con las que me hubiera sentido más a gusto. Ojalá me quite la espina y pueda volver”.

Al regresar y al margen de los resultados, Lucía reflexiona sobre la gran suerte de vivir una experiencia tan importante en el mundo de la canción ligera, no exenta de una crítica hacia nuestra manera de encarar el festival: “La pena que tengo es que en otros países se lo toman en serio pero aquí, en los 90, hubo un bache o bajón que, por fortuna, se está recuperando, ya que es el espectáculo más grande del mundo y sirve de trampolín para muchos artistas”.

El bajón al que se refiere Lucía llega a ser de tal magnitud que nos atrevemos a mandar una presentación exclusivamente destinada a burlarse del evento, como fue el llamado Rodolfo Chikilicuatre. Y no es que a Eurovisión haya que levantarle estatuas en cada ciudad por sus aportaciones musicales, pero que te saquen la lengua en sede oficial, ya no lo hace ningún niño escolarizado y lo estamos pagando año tras año.

Sonrisas y lágrimas

Jueves, 14 de Mayo, 2020

La teoría

Me intriga el contenido del nuevo libro de Leopoldo Abadía, cuya salida se anuncia. Lo ha titulado “Sonriendo bajo la crisis” y él mismo se fotografía en su portada a lo Gene Kelly con el paraguas de bailar entre los charcos de Nueva York.

No me diga más, pensará el lector, todo se debe a una hábil estrategia publicitaria para vender optimismo cuando está cayendo la del pulpo, es decir una crisis con ocho tentáculos a cada cual más estremecedor. Sí, eso es.

De Leopoldo Abadía ya habíamos recibido otras dosis de recetas para poner buena cara al mal tiempo, pero aunque el hombre ha nacido en 1933, lo de ahora es como levantarse de una guerra sin tener que limpiar escombros.

La teoría que expone el autor nos la sabemos todos: haz que tu normalidad irradie normalidad a los demás, esfuérzate, sé el empresario de tu propia vida, no te quejes, que otros habrá peor que tú, y arrea, etc.

Lo malo del asunto es que quienes nos han tocado para interpretar la partitura no son Churchill, ni creen en el esfuerzo, ni le dan aprecio a los valores individuales a los que se refiere constantemente Abadía.

Surgen del plagio, del odio interclasista y de la envidia. Manejan palabras como expropiación, okupación, impuestos revolucionarios y tasas. Les encanta la riqueza ya creada, pero son incapaces de generarla salvo por vía de la apropiación. Empobrecen lo que tocan. Provocan las divisiones. Odian la tradición y son refractarios a la libertad, la ilusión y las iniciativas privadas.

Supongo que el primer consejo de Abadía en su libro será cambiar de mentalidad y dotarnos de un gobierno que favorezca lo que el autor dice en las páginas siguientes, porque de lo contrario ya puede escribir varias enciclopedias, que nos va a resultar lo mismo que si dedica ese tiempo a la prolongada contemplación del lento discurrir de las nubes por delante del empíreo.

Eso sí que alarma

Miércoles, 13 de Mayo, 2020

Vamos a socializar (El Español)

Algunas fotos del pasado domingo en la Castellana son impresionantes. Si no es porque abundan las mascarillas y varias bicicletas salpican la imagen de tramo en tramo, diríase que fueron tomadas en la manifestación de Irene el 8M, ésa a la que si no ibas te costaba la vida, y si ibas, la salud.

Mis conocimientos epidemiológicos caben en una tarjeta de visita y sobra espacio en ella para copiar La chanson de Roland, pero algo me dice desde el interior de la nuez cerebral, entre el tálamo y el cerebelo, que no nos podemos pasar dos meses encerrados a cal y canto para luego saltar a esas demostraciones de congestión ciudadana.

O ha sido exagerado el confinamiento, o es desmadrado el paseo dominguero, Castellana arriba y abajo. Los que sí son epidemiólogos _ o algunos de ellos _, dicen que el estado de la pandemia, esto es, la presencia de corona en la sociedad, es prácticamente igual cuando nos encerramos que ahora.

Las consecuencias, no, porque nos hemos protegido y porque un ejército de sanitarios se han descornado para curar al mayor número de personas, a costa de muchas vidas.

En uno de esos vídeos que recibes al cabo del día se ve cómo un sanitario _ médico o enfermero _, se coloca todos los medios de protección que el protocolo le exige: mascarillas, visera, trajes, mandilones, guantes… antes de entrar en la habitación de un paciente infectado de corona. Cuando finaliza el minucioso equipamiento, se dirige a cámara, nos explica lo que acaba de hacer y con todo el sarcasmo del que es capaz, da muchas gracias a todos los deportistas que se lanzan gozosos a la práctica de ejercicios grupales sin la menor prevención, o a ocupar la Castellana formando felices hordas de exclaustrados rabiosos.

Eso sí, el estado de alarma que ni se toque.

Elola, nada hay por encima de la ley

Miércoles, 13 de Mayo, 2020

El monfortino será fusilado en mayo de 1939, pese a su ejemplar comportamiento a favor de los sublevados

“FUNCIONARIOS COMA O señor Elola honran á administración de xustiza e son o terror de caciques, que se revolven coraxudos contra os que velan polos seus sagrados prestixos”, así se expresa el semanario monfortino “A Voz do País”, el 11 de agosto de 1912 para elogiar la figura del que en ese momentos es juez de Instrucción de Sarria, Francisco Javier Elola Díaz-Varela (Monforte de Lemos, 1877).

Elola exhibe entonces su inquebrantable sentido de la ley y de la rectitud de conducta que van a formar la columna vertebral de toda su trayectoria profesional y personal.

En ese momento ya está casado con Consuelo Fernández González y la pareja acaba de tener en Sarria a una de sus cuatro hijos, María Isabel Ramona de la Cruz.

Desde 1903 es licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, y dos años más tarde, ingresa en la carrera judicial tras aprobar la correspondiente oposición en 1905.

Su primer destino lo lleva a Luarca y de la población asturiana vuelve a Galicia, cerca de su casa, a Sarria, donde deja un grato recuerdo y a la que se vincula también por el nacimiento de algunos de sus hijos.

El historiador Federico Vázquez Osuna ha seguido los pasos del jurista monfortino y a él debemos algunos datos de su biografía. Con Primo de Rivera en el poder es nombrado vocal de la Junta Organizadora del Poder Judicial y en 1924 pasa a ser juez del Distrito de Chamberí, de Madrid, uno de los más jóvenes magistrados que están a tiro de piedra de la Audiencia capitalina.

Representa a España en los congresos penales de París, Bruselas y Budapest de 1929, y con la llegada de la II República, se fijan en él para ocuparse, nada menos, que de la Fiscalía General desde el 13 mayo de 1931. El 31 de julio dimite y se le nombra magistrado del Tribunal Supremo, al tiempo que logra su acta de diputado por Lugo en las filas del Partido Radical, de Lerroux.

La coincidencia de estos cargos _ fiscal y magistrado, con el de diputado _, sufre las limitaciones de la nueva normativa de incompatibilidad. En cuanto a su filiación política, pasa del lerrouxismo a ser republicano independiente.

Cuando España ya está en guerra en el 1936, se le nombra presidente de la Sala III de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo, desde la que instruye el sumario por la causa de la insurrección del 18 de julio.

Su estricto respeto a las leyes se opone frontalmente a quienes vociferan desde posiciones republicanas que en aquel momento solo debe haber castigo y venganza contra los sublevados, al margen de los derechos que precisamente la República había venido a defender.

Elola pierde el choque y se le aparta de la instrucción, entre otros motivos, por admitir las pruebas propuestas por el general Fanjul para su defensa.

Curiosamente, tanto él como el general Joaquín Fanjul Goñi serán fusilados, cada uno por un bando, y sus ejecuciones servirán para simbolizar la destrucción de aquellos años.

En agosto de 1937 es nombrado presidente de la Junta de Inspección de Tribunales de Madrid, para investigar la adhesión republicana de los funcionarios de Justicia, con la irregularidad que cabe suponer en esos meses.

Va con el Gobierno a Valencia y luego, a Barcelona, donde tendrá un papel relevante en la persecución de quintacolumnistas infiltrados en la Justicia.

Creyéndose libre de delitos, no huye de Barcelona, donde es detenido, acusado de rebelión (?), condenado a muerte y ejecutado en el Campo de la Bota, el 12 de mayo de 1939.

Ortega a Domingo Carvallo: “Dedícate a la filosofía”

Martes, 12 de Mayo, 2020

El lucense, discípulo de él, de Husserl y de Heidegger, deja una obra en torno a lo óntico

ORTEGA Y GASSET, Edmund Husserl, Heidegger o Zubiri son hitos en la biografía de Domingo Carvallo González (Lugo, 1897), bien como ídolos, profesores o amigos suyos, lo que nos puede dar una idea sobre los elevados terrenos que pisa este filósofo lucense, fallecido hace hoy cuarenta años en Madrid y prácticamente desaparecido de la memoria oficial de la ciudad.

Al morir, sus cenizas son aventadas en la Ciudad Universitaria.

Domingo nace 83 años antes en el número 13 de la Ruanova, donde su padre homónimo tiene despacho de Notaría y Esteban Carvallo de Cora, de abogado.

Tuvo que ser un buen alumno desde los primeros años, pues en 1908 figura como uno de los más brillantes de la Academia San Antonio de Padua, con dos matrículas y dos sobresalientes en estudios por libre.

A los diecisiete años cambia de Academia y se traslada a la de Infantería de Toledo, cumpliendo así con la otra tradición familiar, Derecho y milicia.

De Toledo sale como teniente y en 1920 es destinado en el Regimiento de Zamora, de Lugo, y más adelante, como inspector de Abastecimientos, también en Lugo. En esos años se forja el intelectual, y el militar comienza a ceder terreno frente al filósofo, que le augura Ortega: “Dedícate a la filosofía”, le dice en Madrid.

Por eso figura enrolado en las filas de la revista Ronsel de Correa Calderón (1924), que con Luis Pimentel y Jesús Bal y Gay, forma el trío de amigos íntimos. Y por eso marcha a Friburgo como becario de los Alba, como Zubiri, para estudiar con Husserl entre 1928 y 1930, de donde regresa a un destino como teniente de Carabineros en Navarra.

El 18 de julio de 1936 es detenido en el Pirineo navarro y pasa al fuerte de San Cristóbal, en el monte de Ezcaba, supuestamente por leer libros sospechosos en alemán. Lo libera la mediación del sacerdote Fermin Yzurdiaga.

Da clases en Oviedo y regresa a Alemania a cubrir su etapa tras Heidegger. Ya está casado con María Luisa Dafonte y en esos años las circunstancias de la vida le conducen a la adopción de su familiar José Antonio Varela Dafonte, que se convertirá en un genial diplomático, arqueólogo y aventurero, que figura en esta colección de Lucenses.

Su obra responde a la esencia de sus principales inspiradores, Ortega _ al que conoce en Madrid el año 1928 como profesor _, Hesserl y Heidegger.

Así, en 1966 publica “Y sobre la superación de la metafísica”, como edición de autor, y “La estructura óntica”, primera de la trilogía temática sobre el ente.

De “La estructura…” hay una primera edición en alemán de 1962, _ Die ontische Strucktur _, prologada por el premio Nobel de Física, el físico teórico Werner Karl Heisenberg, y otra de 1973, en castellano, de la editorial Afrodisio Aguado.

Domingo Carvallo colabora con Celestino Fernández de la Vega y Ramón Piñeiro en la traducción al gallego de “Da esencia da verdade”, de Heidegger, que incluye una carta del filósofo alemán. Fue editada en 1955 por Galaxia, en edición bilingüe.

El año 1977, también de la mano de Afrodisio Aguado, da a la luz su novela “D. Pepo”.

Domingo opina entonces que Galicia es más tierra de poetas que de pensadores, y recela de la novelística española, a pesar de que cuando habla, en España se publica más prosa que nunca. Quizá sea por eso. Obligado a citar un autor, solo es capaz de decir el nombre de Luis Rosales.

En 1948, su hijo Domingo Carvallo Dafonte, de 15 años, destaca por las notas conseguidas en su Reválida. De tal palo…

Hace 102 años

Martes, 12 de Mayo, 2020

Sanitarios y mascarillas en 1918, la misma imagen

Cuando al gobierno español no le queda más remedio que reconocer la existencia de la pandemia _ en aquel momento solo era epidemia _, recurre a un eufemismo dulcificador y anuncia que se trata de un contagio “de marcada benignidad”.

Estamos en 1918 y el contagio aludido es de gripe, a la que más adelante se le añade el adjetivo de española. Se lo habíamos puesto a huevo. Ellos, enfrascados en matarse directamente desde esas interminables trincheras que tan bien refleja la película 1917, implantan la censura para no desmoralizar a sus tropas y dejan a España como único país donde no está prohibido hablar de la gripe, escrito a la moderna, o de la grippe, como antes se decía, precisamente para acercarse a su etimología francesa, que alude al hecho de acurrucarse.

Nuestra no intervención en la Gran Guerra nos cuesta cargar con la responsabilidad de la gripe para el resto de la historia, pues aún hoy es habitual encontrarse con la “gripe española” en cualquier texto moderno, aunque Francia, EE.UU. y China sean las que todavía se disputan el triste honor de haber sido el escenario de su origen.

Aquella marcada benignidad con la que Maura, el político español de turno, adorna su anuncio, pensando cual Mary Poppins infantilona, que con un poco de azúcar pasará, esconde una trágica realidad que se sabrá al final del proceso y que se resume en un número de víctimas superior a los 40 millones de personas.

La historia del anuncio se repite. Cuando se detecta el primer caso en España, ahí está Simón para subrayar que el riesgo de transmisión “es mínimo”, dulce expresión comparable a la de “marcada benignidad”.

La diferencia que está empezando a aflorar entre ambos casos es que si el gobierno de Maura no estaba advertido de lo que se le venía encima, el de Sánchez, sí.

Lecube, futbolista en dos tiempos, con intermedio nazi

Lunes, 11 de Mayo, 2020

El deportista de Ribadeo juega en la Real Sociedad, Celta y Atlético de Madrid entre otros equipos

ALGUNOS FUTBOLEROS LO comparan con Gento. Lo dicen por su velocidad para correr la banda como extremo derecho, pero también porque guarda cierto parecido físico con la Galerna del Cantábrico e incluso, porque su origen no es lejano.

En muchas de sus notas biográficas lo hacen nacer en Sestao, pero lo cierto es que Juan Emilio Gómez de Lecube (Ribadeo, 1906) viene al mundo en la esquina opuesta del Cantábrico, en concreto, tal día como mañana.

Seis años antes su padre, Luis Antonio Gómez, solicita en Ribadeo 18 pertenencias de minera de hierro a las que llama Lecube, sin duda como homenaje a su mujer, la madre de nuestro personaje. Lo más probable es que lo dos tenga orígenes vizcaínos, en concreto de Sestao y de ahí la confusión respecto a su hijo.

Hay un Luis Gómez de Lecube, de 19 años, que el año 1919 es detenido en La Habana, tras descerrajar cuatro tiros a su novia Catalina Lestegás, de 17 años, por no querer volver a su lado. No hemos podido confirmarlo, pero apostamos a que se trata de un hermano de nuestro personaje, seis años mayor que él.

Juan Lecube fue futbolista, pero al igual que Araceli González Carballo, la historia le estaba reservando un puesto en el mundo del espionaje, o casi. Salvadas las distancias, la suya no tiene el relumbrón de Garbo y su mujer. Más bien todo lo contrario, pero retomemos su peripecia, al menos desde que se hace futbolista en la Real Sociedad de San Sebastián y en la Gimnástica de Torrelavega, antes de arribar al Celta de Vigo, en la temporada 1927-28, donde coincide con Ramón Polo, Rogelio y Reigosa y juntos ganan el campeonato gallego.

En la Liga de 1928-29 se va al Atlético de Madrid, y allí compite los dos últimos años, porque aunque llega a fichar después por el Barcelona, no jugará. Sí lo hace en dos partidos amistosos con el Valencia el año 1932, dos compromisos que el equipo valenciano tiene contra el Castellón y el Atlético de Madrid.

Él, que es abierto partidario del nacionalsocialismo, hace la guerra con el bando nacional y después debemos dar un salto hasta 1942, cuando se sabe que agentes del MI5 lo arrestan en la isla de Trinidad, la colonia británica del Caribe, acusado de trabajar en España e Hispanoamérica para el ABWEHR (Amt Auslandsnachrichten und Abwehr), Servicio de Información Alemán en el Extranjero, y en consecuencia para la Alta Comandancia del Ejército alemán (OKW).

Al parecer había sido enviado desde Barcelona a Panamá para informar sobre los movimientos de tropas aliadas en aquel importante enclave al que nunca llega.

Deportado a Gran Bretaña, es interrogado en el Campo 020 de West Ham, donde niega hasta la saciedad los cargos que contra él se le dirigen, pese a que los británicos tienen docenas de mensajes decodificados suyos dirigidos a los alemanes y a que es torturado en celdas de castigo.

Eso no le libra de estar en West Ham hasta 1945. Durante esos tres años dirige numerosas peticiones de auxilio tanto hacia España, como a Gran Bretaña, pero con nulo resultado.

En septiembre, acabada la guerra, regresa a España e inicia una segunda etapa de su vida relacionada con el fútbol, pues obtiene el título de entrenador en 1950 y dirige al Lleida (1951-52)¸ al Sant Andreu (1952-53) y al Condal (1959-60), de Segunda División, y al Hospitalet, en Tercera, la temporada 1961-62.

Muere el 2 de mayo de 1966 en Barcelona, después de guardar silencio durante veinte años sobre sus coqueteos con el nazismo.

Mira quién habla

Lunes, 11 de Mayo, 2020

De aquí en adelante, todo patriotismo

Me pregunto, como en ocasiones anteriores, qué entenderá Sánchez cuando pone en su boca las palabras “patriotismo colectivo”, cuando apela a él para contrarrestar los efectos de corona.

Sería una gran sorpresa descubrir que en mi entorno alguien no haya dejado de actuar una sola vez con sentido patriótico. Quizás hay uno que puso dos petardos en una subestación eléctrica durante su juventud y no lo comenta porque se le cae la cara de vergüenza, pero salvada esa eventualidad, si hacemos algo, desde levantarnos a calentar una sopa; desde abrir un negocio a plantar nabos, se hace, consciente o inconscientemente, con ese patriotismo utilitario al que este hombre alude como si fuera raro y extraordinario. Lo será para él.

Es posible que haya algún mastuerzo como esos adolescentes yankees que juegan a contagiarse antes que los otros, porque el gilipollas nunca fue especie en peligro de extinción. ¿Se dirige a ellos el mensaje del presidente? Si es así debería haber sido más explícito, porque si en realidad apela a mi patriotismo, me parece lisa y llanamente un insulto.

Usted que gobierna apuntalado como casa vieja por los más contumaces enemigos de la casa común que se conoce, sí que debe aplicarse su propia arenga y desprenderse de semejante compañía en evitación de que medren y se hagan fuertes. Ésa sí sería una prueba de patriotismo colectivo e individual, aunque en ello le fuese la Moncla.

Porque, ¿para qué quiere la presidencia si va a salir de ella dejando un país mucho menos cohesionado, próspero, fuerte y rico, de cómo lo encontró? Mucho menos, seguro. Absolutamente, puede ser.

Sus contradicciones son tan burdas que le basta abrir la boca para sembrar nuevas hectáreas de desconfianza, así que aplíquese el cuento y haga algo.

María Rodríguez, de As Arieiras a los Andes

Domingo, 10 de Mayo, 2020

Una emigrante lucense supera una dificultad tras otra en compañía de sus tres hijos

GRACIAS A BERNARDINO Rojo, farmacéutico de Revenga de Campos (Palencia) el año 1914, conocemos la epopeya de una mujer de Lugo llamada María Rodríguez (Lugo, 1870), a quien la vida le reserva especiales padecimientos.

Manuel Vázquez está casado con María Rodríguez. Ambos son de Lugo y viven en la ciudad con sus dos hijos, aunque la mujer ya espera el tercero. El dinero no les da para vivir dignamente y Manuel decide buscar trabajo en Argentina.

El viaje de Manuel se produce en 1911, cuando María ha cumplido los 41 años. Ella queda en Lugo con Manuel, de 9 años; Antonio, de dos y el que ha de venir pocas semanas después, al que llaman Enrique. Durante los tres años siguientes, Manuel Vázquez trabaja de jornalero en la zona de Córdoba.

A los dos años y nueve meses de estancia allí, el matrimonio acuerda que todos se trasladen a Argentina. En febrero de 1914 Manuel reúne 150 pesos nacionales y se los gira a su mujer para que compre los pasajes. En la carta que acompaña el giro, Manuel le indica a María que los esperará en el puerto de Buenos Aires.

María llega al sitio indicado, pero no encuentra a Manuel y se traslada a Córdoba, donde sabe que está trabajando, a 706 kilómetros de la capital. A la primera decepción sigue ahora otra más terrible, pues llegada a Córdoba se traslada a cinco kilómetros de esa ciudad donde habla con un paisano de Lugo, íntimo amigo de Vázquez, quien le informa que dos meses antes éste ha fallecido de un ataque cerebral.

María se ve de repente viuda, en tierra extraña y sin amparo de ninguna especie. Resuelve regresar a Buenos Aires y trabajar allí. No tiene un centavo, pero vende todo y consigue 7 pesos. Con ese único capital, la mujer emprende el regreso a pie.

Veintiún días más tarde llega a Rosario. Se han desplazado a unos 20 kms al día, mal alimentados con los 7 pesos que alarga lo indecible. A excepción de cuatro o cinco noches, duermen a la intemperie. Dice Rojo en su artículo que “es de admirar el valor de esa mujer, y el valor que supo infundir a sus hijos”.

Manuel, de 14 años, comprende el infortunio de su madre y la sigue resignado. Los otros dos, inconscientes, llegan a Rosario con salud. Durante el trayecto María lleva a Enrique en brazos, mientras que Antonio, de 5, camina a la par que Manuel y llega con las plantas de los pies en carne viva.

Pero las desgracias no acaban aquí, pues Manuel es víctima de un accidente que le produce una herida en el brazo izquierdo. Él se lo sujeta con un pañuelo para evitar el dolor, pero por falta de higiene, la herida cobra graves proporciones y al ser examinado por la asistencia pública de Rosario los médicos dudan que pueda conservarlo.

En la nueva ciudad, donde no conocen a nadie, María se niega a pedir limosna. En el Consulado español solicita ayuda, pero sus planes tropiezan con la incomprensión del cónsul, que la despide sin miramientos. Acostumbrada como está a tener la suerte de espaldas, no desmaya y dirige ahora sus pasos hacia la policía de Rosario, donde se le da alimento y los pasajes para su traslado a Buenos Aires. También se realiza una colecta a su favor.

María Rodríguez parte con el propósito de depositar a sus hijos menores en un asilo y colocarse ella y su hijo mayor para atender a las necesidades. Se muestra agradecida a la policía rosarina, la única que hasta el momento ha sabido compadecerse de sus males y ayudarle desinteresadamente.

Se desconoce qué fue de María el resto de su vida.