Archivo de Enero, 2020

Cambio de oficio

Domingo, 5 de Enero, 2020

Esto, pero en una exposición de Sargadelos

A la clase política: Quisiera hacerles llegar la profunda, dolorosa y frustrante desilusión que me han causado. No pretendo hacerme portavoz de nadie, pero como buen cartero fisgón que aspiro a ser, arriesgo a decir que esa sensación es compartida ahora mismo para unos cuantos ciudadanos más, pero me da igual, como si soy yo solo.

Cada uno de ustedes, miembros de la clase política, deberán otorgarse el grado de responsabilidad que les parezca en esta depresión estomacal, intestinal y mental que se ha apoderado de mi ánimo y que, de momento, no sé cómo combatir.

Por darle un nombre al agente causante me referiré a la investidura como patógeno más evidente, aunque no sé si el diagnóstico es el adecuado, si confluyen virus y bacterias de distinto pelaje, si llueve sobre mojado o si voy mayor.

Sólo sé que mi profundo e irrealizable deseo en estas vísperas de la noche mágica, cuando todos los niños tardan en dormir por la duda que les asalta al pensar que su carta se pudo haber extraviado, es que desaparezca la investidura, el Congreso, la insoportable señora que se suaviza las facciones, los infumables eufemismos con los que nos quieren meter un sapo por la boca, las réplicas y las contrarréplicas. Que desaparezca todo eso.

En el fondo, ya lo están intuyendo, el deseo les incluye a ustedes, al menos a los que han sido inyectados por el virus de la investidura y parecen ciegos toqueteando estanterías donde reposan preciosas piezas de porcelana y cristal. ¡Qué digo ciegos! ¡Chimpancés saltones!

Entiéndanme bien. No les deseo ningún mal. Simplemente un cambio de oficio. Un oficio para el que valgan y para el que estén preparados, porque el de políticos… como que no.

El arte de la convivencia, del respeto, del progreso y del saber hacer no ha llegado a sus carteras del cole. Y lo siento, claro.

Cuenta atrás

Sábado, 4 de Enero, 2020

Usted lo ha dicho, no dormiría tranquilo con Iglesias al lado

A Pedro Sánchez, candidato: Como puede imaginar sin gran dificultad, la elección entre usted o España no tiene color. Y ésa es la disyuntiva en la que nos ha colocado con una inconsciencia que asusta y estremece. Hoy están contentos en todos los hogares que odian a España y que desean verla dinamitada por egoísmos ancestrales, por miopía o por falta de viajes, como decían Azorín, Baroja y Cela, por citar solo las tres primeras letras del abecedario.

No le decimos nada nuevo, señor Sánchez, porque esta desazón, este insomnio en el que nos sumerge, este billete al caos, lo ha comprado usted antes. Póngase delante del espejo y escúchese todos los horrores que salían de su boca para describir el panorama al que ahora nos conduce sin que haya pasado ni un año.

No hace falta retroceder mucho en el tiempo para recordar sus definiciones sobre los independentistas y Podemos, sobre Bildu, ERC y todos los que apuestan por el cuanto peor, mejor. Supongo que habrá mandado quemar las cintas donde se recogen sus palabras, pero es inútil. Ya están en los discos duros de todos los españoles, de todos los que ha traicionado por asegurarse este ascenso inmerecido y vergonzoso.

No tiene currículum, no tiene tesis, no tiene cultura, ni experiencia, carece de vergüenza, de palabra y de honor. Con esos mimbres y los pasos que ha dado para conseguir la Presidencia, es matemáticamente imposible que realice una buena gobernación. Matemáticamente imposible.

Por eso y porque la vida nos ofrece siempre una tabla de salvación a la que aferrarnos, la única buena noticia de estos días que rodean la Epifanía _ abra un diccionario para averiguar qué significa _, es que alborea la cuenta atrás para perderlo de vista y para reconstruir todo lo que ahora se apresta a romper.

Va a dormir mal a partir de ahora. Muy mal.

Siete segundos

Viernes, 3 de Enero, 2020

Ese rostro nada evangélico

A Su Santidad el Papa Francisco: Acabo de verlo en la Plaza de San Pedro durante su resistencia a ser atrapado por quien imaginamos una peregrina asiática, devota y entusiasmada que no quiere despegarse del Santísimo Padre que es usted, una vez que ha conseguido pillar su mano derecha.

Al comprobar que la mujer se afianza en su presa, trata de zafarse y como no lo consigue, no se le ocurre mejor cosa que palmotearla por dos veces con la izquierda, como haríamos cualquiera de nosotros para apartar a un perro demasiado cariñoso, o demasiado mordedor.

Mal, Bergoglio; muy mal. Lo de Sánchez limpiándose la mano después de habérsela dado a una mujer negra, puede ser soberbia, pero lo suyo el día 31 se sitúa entre la ira, la inmodestia, la falta de paciencia y un déficit notable de caridad.

Mucho me temo, monseñor Bergoglio, que esas imágenes de apenas siete segundos de duración, le van a perseguir el resto de sus días y el resto de los días de la televisión y de las redes sociales.

Siete segundos que pueden destrozar un pontificado, porque hoy en día, ya sabe usted que estas filmaciones pasan unas facturas bárbaras. A la gente se le ha capado la facultad de discernir y se guía únicamente por impulsos hertzianos de 35 frames, 23 palabras de tuit, dos estribillos y una consigna que rime amaña con caña.

Ya nadie lee a Platón, a Kant o a Hegel para entender el mundo. Mucho menos a santo Tomás de Aquino, a san Francisco de Asís, el suyo; o al de Sales, el patrono de los periodistas. Les bastan dos pinceladas y vía. Siete segundos de furia navideña contra la asiática entusiasta y se acabó.

El resumen, o la moraleja, es de una simpleza monumental: Si no quiere que le agarren la mano, ¿para qué se la ofrece?

Dorrego, el lujo de los baños de mar en A Coruña

Viernes, 3 de Enero, 2020

El empresario de Castro de Rei convierte La Salud (Riazor), en el establecimiento de referencia para la hidroterapia española

INFUSIONES DE ALGAS, hierbas aromáticas, un invernadero para recitales de música, salas coquetonas, tiradas de pichón, conejo y gallo, electricidad en las habitaciones, agua dulce de Lugo, la atención más exquisita y todo lo necesario para hacer del baño de mar un lujo asiático son las líneas maestras que a principios del siglo XX ofrece a sus clientes la coruñesa Casa de Baños La Salud, refundada por Ramón Dorrego Fernández (Castro de Rei, 1850).

Nuestro hombre nace en la parroquia de Santiago de Duarría y emigra a Cuba, donde conoce a Belén de Génova y Díaz, también llamada de Córdoba. Se enamoran, se casan y tienen ocho hijos, Ramón, Domingo, Belén, Rosendo, Manuel, Carmen, Herminia y José.

El paso de Ramón Dorrego por La Habana va a dejar una huella indeleble, pues en esa ciudad funda la confitería y panadería El Cetro de Oro, cuyo edificio posterior (1910) figura en todas las guías turísticas y en todos los tratados sobre arquitectura habanera por ser una de las muestras más genuinas y logradas dentro del estilo modernista, o Art Nouveau. En esos años posteriores es Rosendo Dorrego quien queda al frente del establecimiento cubano.

Pero en España don Ramón será siempre recordado por su gestión al frente de La Salud, el gran establecimiento de Pila, Oleaje y Duchas, fundado en A Coruña por el médico municipal de aquella ciudad, Juan de Villardefrancos. La fundación hay que datarla en 1886, la llegada de Dorrego en 1900 y su vida activa, hasta 1963.

Dentro de su equipamiento se dice que dispone de una red de maromas en toda la extensión de la playa de Riazor, salvavidas, lanchas tripuladas y bañeras, además de todo lo mencionado antes. En los permisos concedidos para las reformas, se le autoriza “a desmontar por medio de barrenos las rocas aisladas que se eleven menos de un metro sobre la mar viva equinocial y comprendidas dentro de la playa de la concesión”, que es Riazor.

En A Coruña y Vigo se concentran las casas de baño de la época, esto es, La Salud y La Primitiva, frente a Riazor, y La Iniciadora, en Samil. La Salud se anuncia en el primero número de El Progreso de 1908 y tiene clientela lucense desde los primeros momentos.

El agua de Lugo compite en calidad con la de A Toxa y sus sales naturales, o las de Carballo, Cuntis, Arteixo, Caldas de Reis, Molgas, Archena, Puente Viesgo y Ledesma, de las que también dispone en Riazor.

La Salud está inmediata a la playa, en el número 22 de la calle Rubini. Dos médicos de reconocido prestigio, Emilio Fraga y Víctor Andrade, y el farmacéutico Julio Morillo, yerno de Dorrego, llevan la dirección facultativa, a la vanguardia en tratamientos hidroterápicos con la incorporación de baños medicamentosos de almidón, alcalino y salvado, infusión de algas, sublimado, yodado o gelatinoso, además de sala de duchas y lo más moderno en hidroterapia, que provoca la admiración de su clientela.

Los cacos también estuvieron interesados en el lujo de La Salud, concretamente en las tuberías de plomo y cobre con las que se realiza la toma de aguas y así, el 13 de marzo de 1918 se llevan 140 kilos de estos materiales, propiedad de la casa y existentes en la playa de Riazor. Los daños causados ascienden a 500 pesetas y se repararon de inmediato.

No es de extrañar que La Salud sea galardonada con el diploma de honor en el Concurso Nacional de este tipo de establecimientos, ni que su fama llegue a toda España, con una clientela que de año en año reserva sus plazas para la temporada.

Ramón Dorrego fallece en 1926, pero la actividad de la casa de baños se prolonga casi cuarenta años más.

Los años lucenses del Caballero de París

Jueves, 2 de Enero, 2020

López Lledín nace hace 120 años en A Fonsagrada, hoy tierras de Negueira de Muñiz, donde se enamora de la hija del médico

SE CUMPLEN LOS 120 años del nacimiento del Caballero de París, José Luis López Lledín (Negueira de Muñiz, 1899), inmortalizado en La Habana por una estatua que lo representa peatón en la ciudad.

Cuando él nace, la parroquia de San Salvador de Negueira, solar de la aldea de Vilaseca, es tierra de A Fonsagrada, pero desde 1928 forma el territorio de Negueira de Muñiz.

De Vilaseca dicen algunos de sus biógrafos que es una población muy pequeña y que en ese momento apenas tiene un par de centenares de casas. ¡Qué barbaridad! ¡Pero si eso sería Nueva York! Vilaseca limita con el Eo y consigo misma. Poco más.

Los hermanos de José Luis fueron once, pero tampoco es dato del que debamos fiarnos, porque otras fuentes reducen ese número a ocho. Manuel Curiel, que publica su vida en edición bilingüe, dice que es el cuarto de los López Lledín, después de Inocencia, Isabel y Manuela, y antes de Amancio, Mercedes, Benigno y Antonio.

De los once, o de los ocho, sólo él aprende a leer y a escribir durante la infancia. Eso dicen. Según quien cuente su historia, siete de ellos emigran a América, y la única mujer, Inocencia, cree que cuatro van a Cuba. Por lo que se ve, tampoco ella puede asegurarlo. En la isla todos forman familia, menos José Luis.

Lo que su hermana recuerda de la juventud del personaje da para sinopsis de una atractiva novela, de un culebrón o de un drama clásico. Y eso que Inocencia apenas esboza cuatro rasgos de lo que Lledín va a ser.

Dice que José Luis es muy estudioso y que va bastante tiempo a la escuela, lo cual no quiere decir exactamente que asista normalmente a las clases, sino que va. Abandona los estudios cuando cursa la mitad del bachillerato. ¿En Lugo? ¿Por libre? No se especifica. Le gustan las buenas lecturas, la buena música y las comodidades, “al extremo que le dicen el rico de la familia”.

Se enamora de la hija de un médico de A Fonsagrada. ¿Valentín López Troncoso? ¿Armando Peñamaría? Se llama Merceditas y le dedica versos de amor, pero la muchacha enferma y muere estando José Luis a su lado. Ese mismo día jura que jamás se casará, y así lo cumple.

Poco después tiene lugar el viaje a América para el cual se ofrecen dos fechas y dos circunstancias. Daylina Morales Escobar dice que llega a La Habana en 1914, antes de cumplir los quince años. El doctor Luis Calzadilla Fierro, que escribe su biografía en un libro titulado Yo soy el Caballero de París, afirma que viaja a bordo del vapor alemán Chemnitz, capitaneado por un tal Miztlaft, quien deja constancia de que el muchacho debe ser atendido de altas fiebres durante la navegación. En ese caso, su arribada al puerto de la capital cubana se habría producido el 10 de diciembre de 1913.

Curiel se abona a esta fecha, pero el periodista José Quílez Vicente entrevista a Inocencia para Bohemia _ ¡qué gran revista para hablar de José Luis! _, y le informa que está en Cuba desde 1910 y que su hermano José llega el 4 de octubre de 1914. Tanta precisión en las dos fechas es muy sospechosa, ahora bien, nada comparable al estupor que causan las palabras del propio interesado, pues dice que llega a la isla a bordo del buque de emigrantes Princesa de Cecilia, también alemán. Al menos hay una coincidencia.

Su primo Julio Lledín asegura que en Cuba realiza estudios, aprende inglés y logra trabajar en varios establecimientos de hostelería, donde se le aprecia porque es culto, sabe hablar a la gente y la trata de manera excelente. Aún no ha nacido la leyenda del Caballero.

Héctor, el último preso español de Fidel Castro

Jueves, 2 de Enero, 2020

Suárez consigue su liberación en las Navidades de 1978, después de 18 de cárcel en una condena de 20 años

EL REGIMEN CASTRISTA dice al presidente Suárez que en septiembre de 1978 sólo mantiene en sus cárceles a un preso de nacionalidad española. Pesa sobre él una pena de 20 años, por lo que le faltan dos para cumplirla en su integridad. Adolfo Suárez logra la promesa de que será puesto en libertad lo más pronto posible. Tiene 47 años y es lucense, paisano de Ramón Castro, el padre de Fidel.

Semanas después el comandante recibe en audiencia al embajador de España en Cuba, Enrique Suárez de Puga, y le anuncia que el preso podrá pasar en España las inmediatas Navidades con su familia.

Héctor Odilio Alonso Fernández (Lugo, 1931), es trasladado a un edificio de la Dirección de Establecimientos Penitenciarios, del que sale el 30 de diciembre de ese año. Vuela a Madrid y luego llega a Lugo.

En 1960 había sido condenado a la citada pena por delitos contra la seguridad del Estado cubano. Es decir, tan solo el año siguiente de la llegada de Castro al poder.

Primero ocupa celda en la prisión de la isla de Pinos _ hoy isla de la Juventud _, donde curiosamente también estuvieron presos Castro y muchos de los barbudos del 59; y más tarde, en la cárcel de Boniato, en Santiago de Cuba.

Pero el caso de Héctor no está tan relacionado con la supuesta gravedad del delito cometido _ cuya naturaleza se desconoce _, como con su negativa rotunda a vestir el uniforme de presidiario que la ley le obliga a llevar.

Desde el primer momento de su entrada en prisión hace saber su rechazo a esas ropas y comienza su cautiverio con las únicas que le son permitidas, una camiseta y unos calzoncillos.

En esas circunstancias de rebeldía disciplinaria, Héctor no puede beneficiarse de ninguna rebaja sobre la pena que le hubiese podido corresponder durante esos dieciocho años y así permanece todo ese tiempo.

Se cuenta, y posiblemente sea cierto, que en el último año, antes o después de la mediación de Suárez, las autoridades carcelarias se conformaban con que Héctor usase el uniforme algunos días, quizá como un ejemplo ante sus compañeros que al régimen le permitiese decir: ¿Ven ustedes? Héctor también obedece.

Pero el lucense persiste en su rechazo y si nadie lo desmiente, sale de prisión sin haber vestido lo que para él era un infamante uniforme. No es el único recluso que se niega a usar el chaleco y los pantalones grises. Otros le secundan en su postura, pero ante la posibilidad de un indulto a cambio de vestir el uniforme durante unos días, todos pasan por el aro y se lo cuelgan. Es una actitud imposible de criticar, pero en Héctor no encuentra el terreno abonado y con él las autoridades pinchan en hueso.

Alonso Fernández, que está soltero, sufre tumores en la cabeza como consecuencia de los malos tratos recibidos.

El periodista gallego Álvaro Ruibal, bajo su habitual seudónimo de ERO, escribe una columna en La Vanguardia cuando la libertad de Héctor aún está en el aire, donde dice:

“¡Un poco de formalidad! No se puede tener entre rejas a nadie por la minucia de andar en calzoncillos, sobre todo si los lleva va para una veintena. La costumbre es ley. Son arbitrariedades de funcionarios sañudos. A un amigo, condenado a una fuerte pena, de resultas de la guerra civil, le ponían en libertad si aprendía el catecismo del P. Astete, y como se negaba a ello, le retuvieron meses y meses a la sombra. Fue una indignidad.”

Héctor se sale con la suya, pero a un precio demasiado alto, aunque ¿quién sabe?

Uvas de consenso

Jueves, 2 de Enero, 2020

¿Qué tal le sentaría a Gayoso?

A la atención de doña Cristina Pedroche: Estimada señora de Muñoz, yo quería haberle visto campaneando para descubrir cuanto antes el traje que le habían endilgado este año tan crucial, pero me fue imposible de todo punto.

En el salón donde nos encontrábamos, los pedrochistas fuimos tildados de mirones y de otras lindezas que no soy capaz de reproducir aquí, y eso que no me ando con chiquitas. Otro sector se decantó desde los primeros momentos por la TvG al grito de: “A xente é adicta a Gayoso e Benedicta!”

El resto de las cadenas también tenían partidarios y detractores, de modo que la elección de la emisora no fue asunto baladí en los minutos previos. “Yo nunca tomo las uvas _ declaró el portavoz del sector disidente _. Las campanadas agravan el cambio climático y además espantan a los cormoranes moñudos en su fase de nidificación”.

Aquello era muy serio. Te podías estar metiendo la primera uva y aparecer Greta en holograma para espetarte eso de ¿Cómo te atreves?

Por fin, cuando ya estaban encima los cuartos, hubo consenso y optamos por ver dos campanadas en cada emisora. El que dijo que nunca las tomaba se encargó de ir cambiando los canales y pese a la dificultad intrínseca que supone un manejo del mando a nivel experto, todo salió a pedir de boca, o sea, que no hubo atragantados.

Comprenderá, doña Cristina, que en esas condiciones poco traje vislumbré, aunque terminada la ceremonia tribal, o danza de la suerte, nos fuimos todos a vérselo, como corresponde a unos acendrados fisgones.

Debo decirle para su disgusto que apenas ha llamado la atención del respetable. Ni usted, ni esa coraza áurea que le impedía moverse con naturalidad.

Lo siento. Pruebe el año que viene con Pertegaz, que siempre fue una garantía.