Lence-Santar, el cruzado del honor mindoniense
Miércoles, 15 de Enero, 2020
Hace hoy 60 años de su muerte, cuando Álvaro Cunqueiro le dedica una bella necrología que lo retrata
SE CUMPLEN HOY los 60 años de la muerte de Eduardo Lence-Santar y Guitián (Mondoñedo, 1876), cronista de su ciudad, hombre de luengas barbas valleinclanescas, de las que Honor Tracy, en su libro Silk Hats and no Breakfast, escribe que “eran el orgullo de la región”, y a quien Cunqueiro dedica en La Noche una bella, bellísima necrología, nacida de la amistad y el reconocimiento.
Por fuerza y gusto hemos de seguirla, aunque los datos los complete su otro biógrafo oficial, Enrique Cal Pardo, a quien, en caso de vivir, le pediríamos permiso para abandonarnos en la prosa de don Álvaro, ya que la suya es de fácil acceso.
“Una revista gallega de la Argentina dijo una vez que D. Eduardo de Lence-Santar y Guitián había nacido en Sarria, lo que motivó que el cronista de Mondoñedo montase en cólera. Se salvaron los de Buenos Aires porque había mar por el medio”.
“Tenía por su Mondoñedo un amor turbulento y celoso, _ como acaso lo sean todos los amores sin medida. Sólo él podía tocar el secreto de la ciudad y conservar la memoria de su vida pasada. Más de una vez puso al final de un artículo algo como esto: “Todos los datos que figuran en este trabajo son propiedad del autor, excepto uno, que es del P. Flórez”.
“A Lence tocaba decidir, y sin apelación, lo que era memorable o no, lo que pasaba a los anales mindonienses o se dejaba al vendaval. Le preguntaba a José María de la Fuente: “¿E meterei a Alvarito Cunqueiro entre os fillos ilustres de Mondoñedo?” Esto lo trajo preocupado algún tiempo, pero yo ya estaba en su “Guía de la Muy Noble, Leal y Fiel Ciudad de Mondoñedo”, porque con un hermano de José María, Edmundo de la Fuente, le había ayudado una noche a medir el perímetro de la urbe, siguiendo las rondas y por donde iría la cerca que mandó construir D. Martín el Calígrafo. Al día siguiente me gritaba Lence desde la ventana de su casa: “_ ¡Xa escribín o capítulo da “Guía” coas medidas! ¡Xa pasaches á Historia!”
“Tenía un sentido heroico de la lealtad mindoniense. Tengo para mí que cuando suponía que alguien no dedicaba a Mondoñedo los vítores que él consideraba el mínimo cortés, acariciaba en su armario aquellos sables que tenía de guerrilleros de la Independencia o del Rey legítimo, que terminaron sus días siendo canónigos y racioneros en nuestra Catedral, y pasaban por su corazón ventoleras de pasos honrosos de la antañona y estrepitosa caballería. Salía de sus casillas áspero y ciego, y no se paraba en barras”.
“Porque Murguía dijo no sé qué de la Alborada de Veiga, _ nunca llegué a enterarme bien _, Lence enarbolaba un artículo que iba a mandar a El Progreso de Lugo y lo titulaba: “La calumnia de Murguía”. Tenía, como el Dante, partido el censo galaico en Infierno, Purgatorio y Paraíso”.
“Tenía una prosa característica, llena de admiraciones e interrogaciones, y usaba una graciosa reduplicación del adjetivo: “rica, riquísima”, o “hermosa, hermosísima”; ésta última era su famosa mantelería de Vilaboa, “damascada, parece de seda”. Se refería a ella tres o cuatro veces al año en sus artículos, advirtiendo que no la vendía ni por catorce mil pesetas”.
“Solamente dos veces habían salido bien fotografiadas sus barbas: una en Santiago de Compostela por un tal Almeida, que creo tenía su salón en Bautizados, y otra en Ribadeo”.
“Mandaba a El Progreso de Lugo noticias urgentes que decían: “Ha llegado prematuramente la primavera. En la plaza ya se vendieron los primeros guisantes, y en el huerto de quien esto escribe han florecido unas hermosas clavelinas”…











