Archivo de Diciembre, 2019

R. Ramiro Rueda, en los albores de la Antropología criminal

Miércoles, 4 de Diciembre, 2019

El abuelo del que será alcalde de Lugo protagoniza el nacimiento de esta especialidad en España

LA LLEGADA DEL siglo XX marca la decadencia de la frenología y la aparición de la moderna Antropología criminal, es decir, la irrupción de la ciencia en la investigación y el análisis jurídico de los delitos, los primeros pasos del CSI y de tantas series análogas sobre asesinatos.

En ese momento encontramos a Ramón Ramiro Rueda y Neira (O Saviñao, 1840), que ocupará la primera cátedra de Estudios superiores de Derecho Penal y Antropología criminal de España, también llamada Antropometría penal, en la Universidad Central de Madrid, aunque eso sí, durante muy pocos meses, pues es nombrado con 63 años de edad y muere a los 64.

Rueda y Neira había nacido en Lamaquebrada (Fión, O Saviñao), el año señalado y muere en Madrid el 3 de mayo de 1904, muy poco tiempo después de ganar esa cátedra, por lo que su influencia real en el Derecho tiene más que ver con el Penal, al que dedica un tratado que sirve de texto para la asignatura en muchas universidades españolas y en Santiago, de donde fue catedrático durante décadas.

Hace el llamado bachillerato de Artes en el Instituto de Monforte (1858) y estudia Derecho en Santiago, para marchar luego a la Universidad Central, donde obtiene el Bachiller en Derecho Administrativo con la calificación de sobresaliente (1864).

Desde el año anterior a su tesis sobre el retracto ya es catedrático en Santiago de Mercantil y Penal y uno de sus alumnos es Alfredo Brañas. Obtiene la cátedra en propiedad el año 1868, cuando contrae matrimonio con Eladia de Andrés García. La casa familiar se encuentra en la praza dos Literarios, en cuyo bajo se instalarán las oficinas de Correos.

La familia veranea en Vilagarcía de Arousa y en las tierras que poseen en Sobrado dos Monxes. No consta que mantuviesen propiedades en O Saviñao. Es presidente/fundador de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago y desde ella contribuye a la creación de escuelas en varios barrios consideradas modélicas, como las del campo de San Clemente. También promueve las colonias infantiles en Vilagarcía y un grupo escolar en O Inferniño. Joven aún, merece la encomienda de Carlos III.

En 1872 participa en la creación de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Santiago.

Su primogénito Manuel Rueda de Andrés hace la carrera militar, va a Cuba con los Cazadores de La Habana y allí resulta levemente herido. Quince años más tarde, en 1913, muerto ya su padre y siendo capitán del Regimiento de Zaragoza, se casa con María de las Hermitas Fernández Rodríguez. Al año siguiente tendrán a su primer hijo, Ramiro Rueda Fernández, que con el andar de los tiempos será alcalde de Lugo, entre otras muchas cosas.

Por lo tanto, aunque nacido en Santiago, el alcalde Rueda procede de una familia lucense. Pero volvamos al abuelo.

En su discurso inaugural del curso 1883/84, se preguntaba si el Código Penal concede al elemento psíquico toda la importancia que realmente tiene y en 1883 solicita autorización para estudiar penales en el extranjero. En 1902 realiza estudios de antropometría criminal en la cárcel Modelo de Madrid, cuyos resultados comienza a exponer en su última e innovadora cátedra cuando le sorprende la muerte.

Traduce del portugués la obra de Antonio D’Azevedo Castelo Branco, “Estudios penitenciarios y Criminales” y es un ardiente defensor del libre comercio por considerar que el nefasto proteccionismo es “el origen de los males que afectan al comercio y la industria”.

Antonio, el gigante de Barreiros que no fue pívot

Martes, 3 de Diciembre, 2019

Seleccionado para el equipo nacional en la Operación Altura de 1961, renuncia a las pocas semanas

LA OPERACIÓN ALTURA de 1961 localiza a cinco muchachos que rondan los dos metros, o los superan. Los responsables se ponen muy contentos y lanzan las campanas al vuelo antes de saber si su hallazgo sirve para algo.

Al frente de la leva deportiva se encuentra Joaquín Hernández Gallego, excelente jugador, reconocido entrenador y magnífica persona, que está al frente del Hesperia, pero que pronto pasará a la sección juvenil del Real Madrid y a su primer equipo, que dirigirá al mismo tiempo que la selección nacional. Cosas de antes

El 16 de septiembre de ese año viaja a Lugo para entrevistarse con José Antonio Santiso, presidente de la Federación Lucense y pieza clave en el descubrimiento que Hernández viene a confirmar.

Se trata de Antonio Martínez Pérez (Barreiros, 1938), joven pero talludo secretario del club de fútbol de San Miguel de Reinante, dedicado al negocio familiar y que jamás en su larga vida _ a lo alto _, tuvo relación con el baloncesto más allá de saber que hay un aro y que se bota una pelota.

Pero al decir de los olisqueadores, Antonio es una joya. Mide 2,14, una cifra que les pone los dientes largos para especular resultados: “Con que lo tengamos al lado de la bombilla y se le pasen balones, el tío se estira y los mete”.

Hernández va a Reinante, conoce a Antonio, habla con la familia y llegan a un acuerdo.

El siguiente paso es concentrarlos en la residencia del Gimnasio Moscardó de Madrid y someterlos a una inmersión cruenta en el mundo canastil para ver qué pescados traen las redes.

Ya no se habla de cinco, sino de tres. El de Lugo, de 23 años; otro chico de Vigo llamado Alfonso Álvarez Fernández, de 18 años y 1,90 m y otro de Béjar, Valentín Vázquez Sánchez de 2,01 m. Se estima que todavía pueden crecer más, porque de hecho Alfonso gana 4 centímetros en el último año.

El plan consiste en dos horas y media de entrenamiento con pelota y algo más, sin ella. El chico de Vigo, que ya era jugador del Areosa, dice que les exigen mucho tiro, muchas suspensiones… “quieren hacer de nosotros unos atletas”. Lógico.

Entrenan solos o con los del Hesperia, y semanas después, con los juveniles del Real Madrid. Además el vigués estudia para aprobar el ingreso en la escuela de aparejadores. Antonio no estudia, así que hay que imaginarlo muchas horas del día con la mente puesta en el Cantábrico, en su familia, en el arroz con bogavante.

No les comentan los resultados, ni si van bien o van mal. Alfonso, más acostumbrado, lo entiende y aplaude que sean prudentes con ellos. Antonio, no. Se desespera y no se ve de pantalón corto. Del de Béjar ya ni se habla.

Cuando arranca diciembre como ahora, llega el final de la aventura. Las impresiones de Hernández y sus colaboradores no son buenas. Antonio es torpón. Será todo lo alto que quieras, pero no está hecho para el baloncesto. Ni le interesa, ni le acompaña la mínima coordinación muscular que el deporte exige. Y lo que es peor, jamás la conseguirá por mucho que entrene con los Harlem Globetrotters.

Lo único que trasciende de todo ello es que el chico de Lugo abandona. Renuncia a seguir la meta que otros le marcaron y que él dejó crecer como sus piernas por si sonaba la flauta. Pero no sonó. Era imposible.

Aquella operación fue un fiasco. Algunos comentaristas tan poco versados en baloncesto como Antonio escriben entonces que ese deporte está mal organizado y que tienen que establecerse categorías. “Gigantes contra gigantes y chaparros contra chaparros”. Lo que hay que oír.

El niño de Friol que acabó con la viruela

Lunes, 2 de Diciembre, 2019

Hace 216 años parte de A Coruña la Expedición Balmis y muere en Lugo Camilo Maldonado

EN UNA TV movie de 2016 titulada “22 ángeles” se narra la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Es la historia del viaje que partiendo de A Coruña el 30 de noviembre de 1803 bajo la dirección de Francisco Javier Balmis, va a conseguir la erradicación de la viruela en el mundo.

Estamos pues en el 216 aniversario de aquella magnífica iniciativa, una de las que siempre se recordarán como hitos de la medicina.

La clave de su éxito radica en la utilización de 22 niños gallegos como reservorios de la vacuna que la mantienen fresca en sus cuerpos a medida que la reparten “brazo a brazo” en los distintos puertos a los que llegan con su preciosa carga.

Ninguno de los llamados niños vacuníferos regresa de la expedición, lo que da mayor idea de su sacrificio.

Jenner, el descubridor de la vacuna, declara: “No imagino que en los anales de la Historia se halle un ejemplo de filantropía tan noble y excelso como éste”. Y Humboldt recalca: “Este viaje permanecerá como el más memorable de la Historia”.

Uno de esos 22 niños es de Lugo. Se llama Juan Antonio, tiene 6 años y ha nacido en la parroquia de Santa María de Xiá (Friol, 1797), aunque entregado en la inclusa del Real Hospital de Santiago, será criado hasta esa edad por una familia de Santa Cruz de Ribadulla, en Vedra.

Ahora bien, no son 22 los niños utilizados, sino 28, veintidós gallegos y seis castellanos. Estos últimos seis son devueltos a la Casa de Desamparados de Madrid, entre otros motivos, por salud y porque ya han servido como portadores. A partir de ese dato y en justicia, hay que considerar que todos son héroes y todos forman parte de la expedición. Por lo tanto el título del telefilm más adecuado habría sido “28 ángeles”.

A la hora de evaluar las mayores posibilidades de éxito, las autoridades consideran que los niños procedentes de Madrid tenían más posibilidades de haber padecido la enfermedad y presentar mayor resistencia a la vacuna. La elección se decanta también hacia los niños gallegos, pues presuponen que su origen más cercano a la costa les permitirá afrontar con mayores garantías esa larga travesía marítima, aunque su cuna hubiese sido Friol, como Juan Antonio.

Uno de los seis descartados es Camilo Maldonado, un muchacho de once años con un apellido que sugiere orígenes gallegos, aunque su nacimiento haya sido madrileño.

Al pasar por Lugo el 14 de diciembre, cuando viaja de regreso a Madrid, fallece y es enterrado en la ciudad, convirtiéndose de esa forma en la primera víctima de la expedición, en el primer héroe de la viruela.

La historia lo va a castigar todavía más, pues al no regresar a Madrid, en muchas narraciones su nombre ni siquiera aparece, y así nos encontramos que los seis sólo son cinco: Andrés Naya, Domingo Naya, Antonio Verediaa y Vicente Ferrer.

En Lugo no existe la más leve referencia ni al héroe Juan Antonio de Friol, y al héroe Maldonado. Del primero no se sabe dónde muere. El segundo sucumbe en la ciudad, pero de ninguno hay en ella, ni en la provincia memoria de su contribución contra la viruela, pese a haberlo intentado en 2010 la actual diputada Ana Prieto.

Quizás ahora, desde sus nuevas responsabilidades y con el empuje de la producción televisiva que habrá divulgado el hecho, sea un momento más oportuno para el necesario recuerdo y evitar que un día alguien pueda echar en cara a esta ciudad y a esta provincia que ignoren lo que en ellas ha ocurrido, incluso cuando se trataba de acabar con la viruela en el mundo.

El banquero que quiso conservar la muralla

Lunes, 2 de Diciembre, 2019

Se cumplen los 97 años de la muerte del primer propietario de un automóvil en Lugo

RAMÓN NICOLÁS SOLER y Noriega (Ferrol, 1843) fue vecino de Lugo durante sesenta y dos años, por lo que nada hay en contra de acoplarlo como lucense, no solo por vecindad, sino también por lo mucho y variado de su contribución.

Con 17 años ya vive en Lugo, donde se convierte en contratista de obras con el éxito suficiente como para que en 1879, cuando se sacan a subasta pública las obras de las torres de la fachada principal de la catedral, le sean adjudicadas a él.

Soler es accionista del Teatro Jofre, inaugurado en 1892. El 17 de septiembre de 1893 se constituye la Cámara de Comercio, Industria y Navegación, y don Ramón Nicolás es elegido su primer presidente, aunque solo va a permanecer un año en el cargo. Durante su mandato se pone la primera piedra para celebrar la Exposición Regional de 1896.

Su actividad empresarial no cesa. Ya es presidente de la Banca Soler, en Reina 3, y propietario de la fábrica de la luz eléctrica de Lugo. También este año presenta una proposición para la subasta del ferrocarril del Ferrol a Betanzos, cuya adjudicación no logra.

En esta época hay que referirse a la debatida cuestión sobre si Ramón Nicolás Soler es o no el primer propietario de un coche en Lugo. Sus detractores afirman que no, pues al Weyher del señor Soler le corresponde la matrícula LU-5 en 1905, por lo que efectivamente hubo cuatro antes, encabezados por Ramón Alvarado y Osorio, dueño del LU-1 de 1904. Lo que pasa es que Soler ya tuvo un Daimler de bencina y con él realiza viajes por Galicia que quedan plasmados en la prensa.

El 4 de junio de 1898, varias cabeceras se hacen eco de que a las dos de la tarde de ese día llega a Ferrol “por la vía terrestre, utilizando un curioso coche automóvil construido por la casa Daimler”. Dan detalles. Sale de Lugo a las cinco de la mañana y llega a las dos de la tarde, es decir, nueve horas, a 22 km por hora.

Un año después, sale de Santiago a las seis y cuarto de la mañana y llega a Lugo a las doce. Ha rebajado tres horas en un recorrido de unos cien km. No está nada mal.

Los coches de Soler _ no se sabe si el primero, o los dos _, provocan la admiración de los lucenses y se encaraman a la posteridad en dos coplillas populares.

Entonces interviene en las gestiones para instalar una fábrica de remolacha en Galicia que finalmente se ubica en Portas, cerca de Caldas de Reis, y que tiene una efímera existencia de apenas tres años (1901-1903).

Una curiosidad, sus hijos Ramón y Nicolás rescatan un cadáver del Miño en septiembre de 1903. Pero quizás el aspecto menos conocido de Soler sea su participación en la polémica surgida el año 1905, en torno a si debe demolerse o no la muralla. Todo comienza con dos derrumbes cercanos en el tiempo.

El Regional dice que la cuestión debe someterse a plebiscito, como el Brexit, y que se haga lo que decida la mayoría. ¡Horror! ¿Y si sale que sí, que debe ser derruida? Hay cosas que es mejor no preguntarlas.

La Idea Moderna es partidaria de demoler, en contra de “los entusiastas admiradores de esa mole de cal y piedra”. El núcleo duro de los conservacionistas se parapeta en las columnas de El Norte de Galicia que forman Emilio Tapia Rivas, Germán Vázquez de Parga de la Riva, presidente de la Diputación, el abogado José María Montenegro y Soto, el arquitecto Nemesio Cobreros y Cuevillas y Soler, nuestro protagonista. Ya sabemos quién gana.

Soler fallece la noche del 3 de diciembre de 1922. Le sobreviven sus hijos Ramón, José, Nicolás, Fernando, Ana, Emilia, María y Carmen Soler Zubiri.