Archivo de Noviembre, 2019

El libro póstumo de Fausto Galdo

Miércoles, 6 de Noviembre, 2019

Hoy se cumplen siete años de la muerte del médico, historiador y gastrónomo de Viveiro

HOY SE CUMPLEN los siete años de la muerte de Fausto Galdo Fernández (Viveiro, 1944), médico reumatólogo, gastrónomo y bon vivant, según su autoretrato literario, aunque por encima de todo ello, Fausto fue una excelente persona, de ésas con las que las horas pasan a la velocidad de las nubes, sin sentirse.

Como buen intelectual galleguista y tertuliófilo, Fausto disponía de su propia cova céltica en un punto equidistante de las playas de A Caosa, Cubelas y A Concha, mal llamada de O Torno, por ser ése sólo su extremo occidental. Allí oficiaba los veranos, rodeado del senado de O Porto de Arriba, do Lugar y de Lieiro.

Que si San Ciprián o San Cibrao es uno de los debates en el que los panelistas gastan más saliva, y cómo sería de infructuosa la perorata que al año siguiente se renueva con la misma intensidad.

Y no era la cova el único conventrículo abierto en verano o en invierno, como bien podrían atestiguar Xosé Ramón Barreiro Fernández, Juan Ramón Díaz y el que suscribe, miembros de la logia de los oportos.

De todo ello, de tertulias, de saberes y de gastronomía, Fausto deja un libro póstumo que se lee con el mismo agrado que los platos allí contenidos. Su Abecedario das Mantenzas ve la luz semanas después del fallecimiento de su autor, cuya biografía de la solapa todavía no lo recoge, aunque en la foto que la acompaña se intuye el deterioro de un hombre joven y creativo.

El Abecedario es al tiempo enciclopedia, anecdotario y recetario. No diremos que está contenido el conocimiento de Fausto sobre la materia porque sería un falso reduccionismo, pero sí que en cada una de sus entradas hay una o varias perlas de las muchas que Fausto cultivó sobre los elementos esenciales de la cocina gallega y de su mundo paralelo, que como en los casos de Cunqueiro, Castroviejo, Sueiro, Caius Apicius y de todos los sabios entre fogones, es la parte más sustanciosa del plato.

Es anecdotario porque Fausto lo adereza de sus propias vivencias y de sus experiencias culinarias al lado de Lina Varela Lorenzo, su madre política, y de Fernanda Rolón, su esposa.

El libro, que se abre con un bodegón de Faxildo Galdo, su hijo, es también recetario, con la particularidad de que cada plato va dedicado a uno de sus amigos, como regalo tangible de una relación con él, que cuando sale publicado ya sólo puede ser espiritual.

El prestigio de Fausto Galdo como reumatólogo lo lleva a las aulas, a presidir la Sociedad Gallega de Reumatología y a vicepresidir la Española. Dirige una decena de tesis de doctorado y a su lado se forman al menos una veintena de especialistas, todo ello desde su jefatura de la especialidad en el hospital coruñés o CHUAC, por cuyas siglas no daba un paso precisamente.

El Fausto académico cumple también las formas en sus tres vertientes como miembro de la de Medicina y Cirugía, correspondiente de la Galega y secretario y fundador de la Gastronómica Gallega.

Otro ámbito de actuación, por así decirlo, era Viveiro y todo lo que a la ciudad atañe, desde su historia y sus artistas, como cronista oficial que fue de la misma, hasta las sociedades de estudios que en torno a ella se formaron en su época y su papel en su creación, como son los casos de Terra de Viveiro y Estabañón.

A todo lo dicho debemos añadir otro de los cargos ocupados por él en vida, cual fue el de embajador médico de los habitantes de Viveiro y mariñanos en general delante de la corte coruñesa.

Por esas razones, en estos siete años nadie se ha olvidado de Fausto.

El fondo Menacho,veinte años de espera

Martes, 5 de Noviembre, 2019

Se cumplen los 32 años de la inauguración de la nueva Biblioteca Pública de Lugo

HACE 32 AÑOS se inaugura el nuevo edificio de la Biblioteca Pública de Lugo, que alberga el fondo Menacho. Que Lugo está en deuda con Benito Menacho Ulibarri (Lugo, 1865) no es un asunto opinable, sino contable. Por una parte, la biblioteca de 6.365 volúmenes repleta de incunables y ediciones difíciles de localizar que él dona a la ciudad tiene hoy un valor material incalculable. Por otra, los sacrificios por los que pasa Menacho para conseguirla le añaden un valor que trasciende lo material.

Su padre, nombrado gobernador militar de Lugo, se casa en dos ocasiones, primero con Antonia Acebedo y Vivero, y luego, en 1859, con Petronila Ulibarri y Blanco, madre del personaje que se va sentir profundamente lucense, aunque tras la adolescencia, su vida discurra alejada de la ciudad. Menacho Calogero fallece en Lugo el 10 de junio de 1877.

En América, antes de finalizar el XIX, inicia su gran obra, la biblioteca, que crecerá a costa de muchas renuncias y sacrificios.

Cuando se anuncia su intención de donar sus libros a la Diputación Provincial de Lugo, un amigo coruñés cuenta en abril de 1950 que la biblioteca es “grande, no sólo por el número de volúmenes de que se compone _ seis mil _, sino por la calidad de los libros. Desde el Semanario erudito de Valladares, pasando por la colección completa de la Gaceta de Holanda _ que no logró adquirir Cánovas del Castillo, uno de nuestros mejores bibliófilos _, hasta los libros más raros de Filosofía e Historia, entre ellos todo lo relacionado con los Austrias y Borbones, nuestro ilustre paisano, reunió, y encuadernó primorosamente esa rara colección que yace en los almacenes de la Aduana de La Coruña desde hace cerca de un año”.

Sí, porque como suele ocurrir en estos casos, el camino entre la donación y su llegada a destino no fue todo lo raudo que cabría esperar. Y menos mal que finalmente se lograr cumplir la voluntad del donante”.

“El distinguido militar no tenía fortuna _añade el informante_. Todo su afán era reunir una gran biblioteca, lo cual logró a prueba de sacrificios y renuncias, y cuando lo realizó —huyendo de tentaciones difíciles _ porque se la querían comprar y a buen precio: vale unos 60.000 pesos mejicanos _, la envió a La Coruña, para entregarla a la Diputación de Lugo, de donde es natural. Con la biblioteca se fue toda su fortuna, absolutamente toda. Hoy es un anciano y le cuesta trabajo vivir”.

“A pesar del tiempo transcurrido, la Diputación de Lugo no se ha preocupado seriamente de esa biblioteca, ¿Tiene la culpa la Dirección general de Aduanas? ¿La tiene la Diputación de Lugo? Quizás podamos repetir que “entre todas la mataron y ella sola se murió”. Porque lo cierto es que esos volúmenes se hallan depositados en la Aduana, sin que los interesados se hayan hecho cargo de tan preciado regalo”.

Especula luego que con el importe de la biblioteca Menacho habría podido pasar sus últimos años con holgura y lujos, “pero todo le ha parecido poco para mandar a su ciudad natal, a la que le unen los lazos inextinguibles de un amor acendrado”.

“¿Cómo hemos correspondido a esta generosidad? _ se pregunta el comentarista _ ¡A la vista está! Nos consta el disgusto del donante”.

La donación se produce en 1933, la Diputación la agradece el mes de octubre de 1934, y en 1935, se da por enterada de la concesión de la franquicia a la importación de los libros. La entrada en la biblioteca del fondo Menacho es del año 1952. Es decir, casi veinte años de espera.

Ramón, el hábil relojero, abuelo de los Canouras

Lunes, 4 de Noviembre, 2019

Hoy se celebra el Día Internacional del Joyero y del Relojero, en homenaje a Cellini

EL 3 DE noviembre se celebra el Día Internacional del Joyero y del Relojero por ser esta fecha la del nacimiento del escultor y joyero italiano Benvenuto Cellini (1500/1571).

Ello nos da pie para recordar hoy la biografía del cura de Ladrido _ tu infra _, y la de otro profesional de la provincia, de nombre Ramón Canoura Álvarez (Vilanova de Lourenzá, 1825), que no se debe confundir con los dos personajes homónimos del vecino municipio de O Valadouro, padre e hijo, mucho más cercanos en el tiempo.

Este Canoura ingresa siendo adolescente en el Arsenal de Ferrol, donde sus habilidades para la mecánica le abren las puertas tras superar los ejercicios correspondientes y la presentación de varios trabajos de precisión.

En vida de Canoura se conservaba en el establecimiento departamental una plancha grabada por él como muestra de su buen hacer y por algún sitio andará hoy.

Esa predisposición natural hacia los trabajos mecánicos difíciles y minuciosos pronto lo elevan a la categoría de jefe de taller. Pero sea por la morriña o por el amor, Ramón vuelve a Mondoñedo todavía joven y allí se casa con María Díaz y Maseda. Cerca del Masma se establece como platero y en la ciudad deja abundantes muestras de su maestría.

Viendo que sus condiciones naturales se lo permiten, da el salto a la relojería y se traslada a Lugo, donde va a tener su domicilio en el número 5 de la plaza de Santo Domingo.

Dicen sus coetáneos que en relojería realiza obras “solo asequibles a los ingenios privilegiados como el suyo”. Se refieren, entre otras, a un cronómetro de bolsillo y a un espectacular reloj de sobremesa, de siete esferas, en cada una de las cuales se indica la hora que en ese momento del día se vive en otras tantas ciudades.

Las elegidas son Lugo, Madrid _ que habría de ser la misma _, Washington, Montevideo, París, Roma y Londres. Lo que hoy puede parecer un sencillo ingenio, llama mucho la atención en su momento.

Además de aparatos de reloj, construye un torno para fabricarlos de acuerdo con su experiencia y necesidades. Todo ello le permite ganar premios en varias exposiciones y ser felicitado por el director de una de las más destacadas fábricas de Inglaterra, por las mejoras realizadas a un cronómetro de su creación.

En marzo de 1882 es uno de los promotores de la Escuela elemental de Artes y Oficios de Lugo, junto con José M. Amigó, Nemesio Cobreros, Víctor Castro, Baltasar Celleruelo y Aureliano José Pereira de la Riva.

Ramón y María tienen dos hijos, Manuel y Vicente. El primero de ellos muere antes que su padre y el segundo será comisario regio de Fomento y hombre fuerte de Canalejas en la provincia de Lugo, además de subdirector provincial de la Unión y el Fénix, redactor de El Norte de Galicia y tío abuelo de Lorenzo García Diego, por ejemplo, así como colega de Lerroux durante su estancia en Lugo.

La muerte de su otro hijo sume a Canoura en una profunda depresión que lo aparta del trabajo durante sus últimos años de vida hasta que fallece el 25 de septiembre de 1893.

Entre los portadores de las cintas de su féretro encontramos algunos apellidos del comercio lucense finisecular como Tato, Martínez Carril, Fernández Carballo, Castro Víñas, Varela Toiriz, González, Palmeiro o Varela Hortas.

Los descendientes de Ramón y de su hijo Vicente serán conocidos en Lugo como los Canouras, aunque ya no les corresponda a ellos ese apellido.

El cura de Ladrido, genial relojero

Lunes, 4 de Noviembre, 2019

El de Castro de Rei es el constructor del reloj de Sobrado y de otras piezas muy apreciadas

EL CURA RELOJERO de Ladrido pasó muchos años casi desapercibido, como tantos grandes hombres de Galicia, por la desconfianza que se deriva del desconocimiento. ¿Y si no es tan importante como dicen?

Federico Maciñeira, propietario de al menos dos de sus relojes; Luis Montañés y más recientemente, Suárez Sandomingo, entre otros, se han encargado de divulgar la figura de Francisco Javier Cayetano Méndez y Neira de Saavedra (Castro de Rei, 1744), nacido en la parroquia de Santa Mariña de Ramil, siendo sus padres Juan Méndez Neira y Catalina (o/y Manuela) Díaz.

El muchacho se hace sacerdote en Mondoñedo y muy probablemente allí también se hace relojero al lado de alguno de los maestros del oficio que obran en su época. Maciñeira sugiere que también viaja a Londres para empaparse de los grandes constructores ingleses, a los que imita, y según este autor, supera. Nos referimos a J. Watts y John Faylor.

Pero sea o no como dice su primer biógrafo, el mérito de Méndez y Neira es extraordinario, pues tengamos en cuenta que cuando llega con su destino a la parroquia de Santa Eulalia de Ladrido, en Ortigueira, monta dos hornos de fundición en los que va a fabricar todas las piezas necesarias para la construcción de sus relojes durante los veinte años en los que se prolonga allí su actividad.

Cunqueiro también conoce al cura de Ladrido, pero lo cree de Ortigueira. Es igual. Lo importante es que él sabe perfectamente cuál es la importancia del artista, artesano, constructor o como se le quiera llamar. Para Cunqueiro es, ni más ni menos, “el más extraordinario relojero que vieron los tiempos. Sus relojes de todas clases competían con los famosos ingleses”.

“Eran auténticos prodigios _ añade el escritor al periodista Pedro Rodríguez _. Los había que calculaban hasta los eclipses de luna, siempre que no se parasen, claro. Si hoy viviese, te aseguro que el Sputnik estaría hecho, sin duda alguna, por el cura”.

Una de sus obras más destacadas, por el tamaño y por su destino, es el que le encargan para el monasterio de Sobrado dos Monxes, que se cita siempre al lado de otro que le regala al rey Carlos IV y que por lo visto se ha perdido.

El de Sobrado está dispuesto para señalar los días, meses y lunaciones, como decía Cunqueiro, si no se para. El tercer Méndez y Neira más nombrado es uno que figura en su testamento y al que valora en 6.000 reales de vellón.

Su principal modelo son los relojes de mueble del londinense John Faylor, con horario, repetición secundaria, despertador, calendario y un aparato para el toque de campana. Ahora bien, el cura de Ladrido incorpora en sus modelos una importante innovación, pues en los suyos la cuerda dura cuatro días más que en los de Londres, lo cual es toda una revolución.

Varias familias de Lugo cuentan en su patrimonio con un auténtico reloj del cura de Ladrido, por ejemplo, los Perejón, Saavedra, Ron, Santaló y Dositeo Álvarez. También en el Museo Provincial hay al menos uno de sus aparatos y en el del Reloj de A Coruña.

Hace 217 años, finales de octubre de 1802, nota que su mala salud le impide seguir trabajando. Pide licencia de cuatro meses para lograr restablecerse y hasta marzo de 1803 regenta la parroquia Pedro Losada Aguiar. Sin embargo ya en diciembre de ese año hace testamento a favor de su sobrino, Francisco Vélez, que será su continuador y muere el 3 de julio de 1803 de un ataque de apoplejía.

Está enterrado en la capilla mayor de la iglesia de Ladrido, por él reconstruida.

El vuelo histórico de la lancaresa Elvira

Viernes, 1 de Noviembre, 2019

Su misión militar de hace 97 años fue el primer vuelo de transporte sanitario

LA ENFERMERA QUE más fama alcanza en la guerra del Riff es la hija de un humilde matrimonio de Lugo, analfabeta hasta su edad adulta y heroína en uno de los momentos más desesperados de la guerra. Es el caso de Elvira López Maurín (Láncara, 1891).

Elvira nace en la parroquia de San Martiño do Río y realiza la instrucción básica siendo ya adulta. En 1915, cuando tiene 24 años, se organizan los estudios de enfermería profesional y la lancaresa concibe la idea de seguirlos.

Será en agosto de 1918 cuando se forme la primera promoción de enfermeras profesionales de la Cruz Roja Española, integrada por Elvira y otras cuatro mujeres.

Por increíble que parezca, hasta ese momento el ejercicio de la enfermería se considera de tan elevado altruismo, que ni siquiera se concibe que deba cobrarse por llevarlo a cabo.

El director de la promoción es el comandante médico militar Víctor Manuel Nogueras. A finales de 1922 se incorpora al hospital de Melilla de la Cruz Roja, a donde también irá destinado el doctor Nogueras. En octubre cobran intensidad los ataques en la zona de Tizzi Azza y al llegar noviembre _ hace hoy 97 años _, se produce un sangriento ataque al fuerte de Dar Drius. Las bajas son muy numerosas, pero pueden aumentar porque hay centenares de heridos sin las mínimas atenciones profilácticas que eviten infecciones y gangrenas.

A las ocho de la tarde el general Ricardo Burguete, alto comisario de España en Marruecos, ordena que tres aeroplanos recojan en Nador un equipo quirúrgico con el que hacer frente a la tragedia en una operación de alto riesgo. El balance en el campamento de Dar Drius es de 23 muertos y 366 heridos.

En uno de ellos debe ir una enfermera. Se trata de una misión que excede en peligro el máximo exigible a una dama enfermera. ¿Debe ser obligada a volar? No, no se puede. Un vuelo nocturno sin experiencia, sobre una zona infestada de rebeldes y con un aterrizaje complicado es un riesgo que ningún jefe militar quiere asumir. Imposible.

La misión llega a oídos de las enfermeras y las dudas sobre su obligatoriedad también, pero Elvira las resuelve de un plumazo. “Hemos venido a salvar vidas. Si no actuamos ahora, ¿cuándo íbamos a hacerlo?”

Se presenta a Nogueras y le dice que cuente con ella, que irá en el vuelo de forma voluntaria y que nadie sienta remordimientos por tener que ordenárselo. No hay mucho que discutir. Se acepta el ofrecimiento y su gesto se extiende como la pólvora por los cuarteles de Melilla. “La de Lugo se ha presentado voluntaria”.

El vuelo es un éxito y durante toda la noche atienden y salvan a los heridos. La prensa española agota los adjetivos para referirse a Elvira. Es el primer transporte aéreo de personal sanitario español de la historia, y también el primer vuelo de una mujer sanitaria. La reina telegrafía directamente a Elvira, que debe trasladarse a Madrid para recibir los reconocimientos que le esperan. El presidente del Consejo de Ministros, José Sánchez Guerra, la recibe el día 7 de noviembre en audiencia especial y le ofrece “una alta recompensa honorífica”.

El 11 es la reina Victoria Eugenia, quien departe directamente con Elvira sobre su rasgo de altruismo y valor. El rey Alfonso XIII les concede una audiencia en el palacio real el día 20 de noviembre.

Muchos de los reconocimientos prometidos a Elvira no se llegan a realizar, pero aún no es tarde para que en su tierra natal no se borre su olvido y se la recuerde con algún tipo de homenaje.