Archivo de Octubre, 2019

Baño triunfa en los negocios a poco de emigrar

Jueves, 3 de Octubre, 2019

El de Xove financia el homenaje del municipio a su pariente Tomás Mariño en septiembre de 1921

FRANCISCO BAÑO (XOVE, 1850?) es uno de los fundadores de la ciudad argentina de Necochea, convertida hoy en un enclave turístico que atrae a miles de veraneantes, con una población similar a la de Lugo.

Francisco y su hermano Maximino salen de Xove todavía adolescentes. Habían nacido en la misma casa donde lo hace otro ilustre hijo del municipio, su pariente Tomás Mariño Pardo.

En 1881, cuando se lleva a cabo la fundación de Necochea, Francisco ya es todo un personaje dentro de la pujante sociedad argentina. El nombre de la ciudad rinde homenaje al general Mariano de Necochea, colaborador de San Martín en las guerras de independencia.

Entonces Francisco ya ha ingresado en la masonería argentina dentro de la logia El Sol Argentino del Valle del Quequén.

Cuando los fundadores se enfrentan al diseño de la futura ciudad, se determina situar el centro administrativo y social a más de tres kilómetros del mar, una decisión adoptada por Baño, ya que se pretendía ubicarlo en la misma línea de costa, y el de Xove sugiere separarlo, “para evitar las molestias constantes que los médanos y el viento podían causar”, según relata en su libro “Horas perdidas” (Buernos Aires, 1920).

En reconocimiento, se le asigna a Baño el honor de plantar la primera bandera de la fundación, que deja un reguero de símbolos masónicos en la ciudad, perfectamente reconocibles hoy, pues masones eran casi todos los fundadores.

Baño será uno de los directores del Banco de España y América, y el primer presidente del Centro Hijos del partido de Vivero, en abril de 1909. Aproximadamente en esas fechas, su hermano Maximino es nombrado vocal de la Sociedad Argentina de Créditos, o Banco de Descuentos, fundado casi sólo con capital español. En 1908 decide denominarse Banco de Castilla y Río de la Plata.

Años después, Baño conoce los pioneros trabajos de su paisano y pariente Tomás Mariño en torno a la solución de los problemas de la navegación aérea, cuarenta años antes de las aportaciones de Zeppelin.

Baño vibra de entusiasmo y decide poner todo de su parte para que la gesta de Mariño no quede en el olvido. Habla con Manuel Insua Santos, el descubridor de los textos de Mariño, y juntos deciden publicar el trabajo en el Heraldo de Vivero, financiar una placa conmemorativa en la casa natal de Mariño y entregar ese manuscrito al Archivo Regional de Galicia.

Baño no solo lo financia, sino que se desplaza a Galicia para supervisar y participar en los homenajes, siempre en un discreto segundo plano.

Las palabras que pronuncia en Xove el día en que se inaugura la placa nos descubren a un Baño cautivado por el mundo del conocimiento, y como es habitual en esa época, espiritista y admirador de capacidades humanas todavía semiocultas, como la telepatía:

“Eso que los espiritistas llaman espíritus que vagan por los espacios, y que encarnándose en la materia inspiran al hombre y dirigen sus actos; como asimismo ese otro que algunos sabios denominan casos de telepatía, no son ni más ni menos, señores, que los pensamientos, que, sin el invento de Volta y Marconi, corren de un extremo a otro sin respetar distancias”.

Quizá los asistentes al acto no supieron analizar con exactitud qué les decía su paisano de Necochea, pero Baño hablaba en clave espiritista y masónica, incapaz de sustraerse de hacerlo aunque tuviese delante a todos los párrocos de los contornos, de Cervo a O Vicedo.

Manuela como Valle, la enamorada del rey

Miércoles, 2 de Octubre, 2019

El 1 de octubre de 1842 nace en Mondoñedo la actriz que va a conquistar al público lisboeta del XIX y a su rey Pedro V

LA HISTORIA DE la actriz Manuela Rey (Mondoñedo, 1842), ídolo del público lisboeta en el ecuador del XIX, llega a los gallegos actuales a través de Dionisio Gamallo Fierros, Andrés García Doural y Antonio Reigosa.

Las aportaciones de Gamallo y Reigosa han sido recogidas en estas páginas de El Progreso y entre lo averiguado por los tres se tiene hoy suficiente información para saber quién ha sido el personaje, cuáles son sus orígenes en A Pradela de San Vicente de Trigás, cómo fue su largo recorrido entre Mondoñedo y Lisboa y qué éxitos logra a lo largo de su corta existencia, pues nace otro 1 de octubre como hoy, el de 1842, y muere tan solo 23 años después.

Siempre quedará el misterio de saber cuán íntima fue la admiración que sentía por ella el rey Pedro V, antes de su matrimonio con la princesa Estefanía de Hohenzollern-Sigmaringen.

El octavo conde da Ponte, João Saldanha da Gama Guedes de Brito, da testimonio de que fueron enamorados en toda la extensión de la palabra, que no es exacto sinónimo de amantes. Y el escritor Júlio de Sousa e Costa lo pone negro sobre blanco en su libro “O segredo de dom Pedro V”, que Gamallo conoce a través de su edición portuguesa de 1940, aunque en puridad, de lo que allí se habla no es de una aventura galante de un rey mujeriego y de una actriz casquivana, sino de un amor imposible entre un monarca y una artista.

Únase a que Manuela era un bellezón y que entre los portugueses la mujer destaca por ser elegante, culta y joven dama del teatro, y tendremos los protagonistas ideales para una novela rosa de altos vuelos ¡y con personajes reales!

Sin que ella lo desee, Manuela es protagonista de duelos de amor, como el que cita Reigosa entre el dramaturgo J. A. Correia de Barros y el periodista Francisco Serra en 1865.

Y recordamos su pronto fallecimiento y el del rey Muito Amado, la novela rosa va camino de convertirse en el dramón portugués del XIX. A diferencia de la historia que nos cuenta Fernando Fernán Gómez en el Viaje a Ninguna Parte, el periplo que Manuela realiza con la compañía ambulante de cómicos que la recoge en Mondoñedo, sí tiene un destino glorioso, aunque efímero. El tifus se encarga de que así sea el 26 de febrero de 1866, cinco años después de morir Pedro V.

A Gamallo, Doural y Reigosa se adelanta el periodista gallego que ejerce de corresponsal en Lisboa del diario vigués El Miño, cuya cabecera se publica mientras dura la sanción a La Oliva, pues el 1 de abril de ese mismo año informa que allí ha muerto “una de las notabilidades dramáticas de esta capital. Es más: la mejor actriz que tenía el teatro nacional portugués”.

La sorpresa de los vigueses es morrocotuda cuando ese corresponsal _ cuya identidad perseguimos _, les dice que se llamaba Manuela López Rey, que era hermosa y que había nacido en Mondoñedo.

De ella dice que los “azares de la fortuna” la habían llevado hasta allí, lo cual indica que también podría estar al tanto de su peregrinar teatral.

“Manuela Rey _ dice El Miño en 1866 _, era una de esas vocaciones espontáneas, que se manifiestan sin esfuerzo, que se enseñorean del arte casi sin estudio. Su muerte ha sido muy sentida porque el lugar que deja en la escena portuguesa nadie lo puede llenar hoy”.

Habla de un entierro multitudinario y de su actual labor de recoger “pormenores biográficos acerca de ella, con el fin de remitir algún articulito para El Miño, lo cual espero no retardar por mucho tiempo”.

Delante tiene pormenores y pormayores.

El nacimiento lucense de Julián Besteiro

Miércoles, 2 de Octubre, 2019

El próximo septiembre se cumplirán los 150 del alumbramiento que casi todos localizan en Madrid

EL RELATO DE RIVAS Reija convierte a Julián Besteiro (O Corgo, 1870) en un lucense más, y a sus pruebas nos remitimos.

La persona que actúa como comadrona en el parto es la señora Apolonia o Polonia, a quien Rivas llega a tratar en persona. Su abuelo paterno, Manuel Rivas Besteiro, guarda cierto parentesco con el político, como denota su segundo apellido.

Todo se realiza de sorpresa y con cierta premura. La intención de sus padres es inscribir al niño en Madrid, donde tienen casa, alejándolo de la casa paterna de O Corgo como pequeños burgueses que son. Paradojas de la existencia.

Rivas Reija hace en vida lo que puede para que Besteiro tenga cuna lucense, ya que lucenses son los brazos de Apolonia y el paisaje que lo ve nacer.

Pero hasta el momento, ya sea por falta de pruebas mayores, de interés, o por conspiración castizomasónica, las biografías del expresidente de las Cortes apuestan mayoritariamente a favor de un nacimiento el 21 de septiembre en la capitalina Costanilla de Santiago, 15, y no el 14 de septiembre del mismo año en Cima de Vila, lugar de la parroquia de Santa María de Franqueán (O Corgo), donde también lo había hecho su padre, José Francisco Besteiro Guiza el 15 de diciembre de 1819.

Quienes porfíen en la empresa de rescatar la verdadera nacencia de don Julián Besteiro deberán consultar un trabajo remitido por Rivas Reija a Gómez Vilabella y fechado en 1970, donde narra que Julián nace accidentalmente en su casa paterna de Cima de Vila. El aspecto de la criatura es inquietante, por lo que se decide administrale el agua de socorro, esto es, un bautismo de urgencia.

Rivas recoge testimonios de los vecinos más ancianos de Franqueán, entre ellos el de la señora Apolonia/Polonia. Dice que lo ve nacer en estado preagónico y que todos le dan pocas esperanzas de vida. Recuerda que se comenta; “Este neno nunca vai ao poleiro”.

Explica que su madre, Juana Peregrina Fernández y García, lo concibe después de veintitantos años de matrimonio. Llega a Lugo muy enferma para pasar el verano de 1870 en la casa de Cima de Vila. Rivas sospecha que el alumbramiento es prematuro y que probablemente ya tuviesen en mente regresar a Madrid para parir allí, sin poder conseguirlo.

Pero madre e hijo mejoran lo suficiente como para arriesgarse al viaje 8 o 9 días después. Cuando comienza a haber constancia de su existencia es el 24 de septiembre de ese año, al ser bautizado por segunda vez, ahora con todas las formalidades, en la iglesia de San Ginés, de Madrid. Recibe los nombres de Julián, Mateo y José María. Su verdadero nacimiento _ anota Rivas _, supone que los padres cometen una infracción de la nueva Ley del Registro Civil, ya que ésta obliga a realizar la inscripción de los nacidos dentro de las 24 horas siguientes de parto.

En el trabajo de Rivas se afirma que Julián Besteiro se refería con gran cariño a su casa de Franqueán. “Mi tierra de Chamoso”, y añade que pasaba nueve meses en Madrid, y tres en Lugo, “a orillas del río Tórdea, semi-centro del Condado de Chamoso”, a donde siempre llega delicado de salud para regresar a Madrid con las fuerzas renovadas.

Otra consideración: “En el Catastro de la Única, de Piñeiro, figura Fabián Vesteyro, como traficante de bueyes, en 1752-53, única profesión lucrativa en Lugo, profesión que siguieron todos los Vesteyros de la Casa de Piñeiro. Y era tal su prestigio y honradez, que llegaban a las ferias de Monterroso, y los labradores les fiaban el ganado hasta la feria siguiente”.