Haciendo el indio
Viernes, 8 de Febrero, 2019
Éste es el gachó
Un indio de 27 años está muy enfadado porque sus padres lo han tenido sin su consentimiento. La noticia no aclara si la criatura se acaba de cabrear, o por el contrario lleva así desde el destete.
En el fondo da lo mismo, porque básicamente el indio entra de lleno en la categoría de los homo inhabilis y estos individuos suelen parecerse a los armarios empotrados desde su más tierna infancia, con mil disculpas a los armarios, porque ellos vaya si son útiles.
El indio no quería la existencia. Vaya por Dios. Sus padres se pusieron a la machaquina reproductora sin pedirle permiso, no como a Galileo Galilei, cuyos progenitores estuvieron detrás de él varios meses con un ¡Anda, déjate nacer! Claro, y así da gusto.
Él no quería, oiga, y sin embargo, ahí está, hecho un hombretón de 27 años, comiendo todos los días y seguro que dándose grandes panzadas de series yankees, indias y neozelandesas realizadas por otros personajes que jamás tuvieron entre sus preocupaciones la falta del permiso de concepción.
El hombre se ha dejado fotografiar detrás de una gran barba negra, a lo Melchor, y no nos extraña que lo haga, porque a cualquiera se le caería la cara de vergüenza después de confesar el escaqueo más desorejado de la historia. “A mí no me pidieron permiso para nacer”.
Ni a ti, ni a nadie, cariño. Por eso la gente normal, la que no padece egocentritis aguda como tú, está muy agradecida a sus padres por haberle dado la vida gratis et amore. Aunque la verdad, también lo sabemos, hay padres que deberían tener restringidos sus poderes reproductivos.
No conocemos a los del indio, pero por su bien deseamos que el niño haya salido a la tía Indira, que ya era rarita desde que la llevaron ofrecida al templo de Sabarimala, por desmedrada.









