De barras bravas no sapiens
Lunes, 10 de Diciembre, 2018
Hay que tener la cabeza muy desocupada y una autoestima cota 0 para reducir tu vida a pegarte el mayor número de veces con otros congéneres de los que solo sabes que son seguidores de un equipo de fútbol que no es el tuyo.
Solo en la desgracia de ser un analfabeto funcional se concibe que nadie esté dispuesto a poner en riesgo su vida o la de los demás por una entidad, las más de las veces sociedad anónima deportiva SAD, que luce en su nombre alabanzas a la actividad física, como atlético, deportivo, gimnástico, olímpico y sus variantes inglesas, como sporting o racing, y otras que aluden a una trepidante rapidez, como rayo, torpedo o dinámico, sin descartar nunca la condición real, si se tiene.
Las ciudades asumen con naturalidad que cuando se celebra _ es un decir _, algún partido de los considerados de alto riesgo, la plantilla policial tenga que movilizarse al completo si al día siguiente queremos que la Cibeles esté en el mismo sitio; aunque nadie sepa a ciencia cierta por qué está allí la Cibeles, ni quién es, ni a qué equipo apoya.
El espectáculo es tan rastrero que llegas a dudar dónde se concentra mayor incuria; si en las bandas desalmadas de los furiosos aficionados (?), o en las autoridades que asumen su fracaso educacional a base de profesionales portaporras como único método a mano en estas grandes ocasiones.
Que se sepa, es la primera vez que para llevarse a cabo un acontecimiento de esta naturaleza ha tenido que cambiar de continente, y por supuesto ha sido Madrid la ciudad neutral que lo acoja. Eso quiere decir que la cosa va a más y es posible que la próxima gran final de algo se juegue en la constelación de Orión.
Y después todavía tendremos que oír que se ha alcanzado la escolarización plena, o esa pregunta tan bonita que plantea ¿para qué sirve el latín?











