Un cese sexual
Sábado, 10 de Noviembre, 2018
La burra de Balaam
El todavía rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Emilio Lora-Tamayo, descuelga el teléfono y escucha:
_ Buenos días. Soy Ángeles Heras, secretaria de Estado de Universidades y le llamo para decirle que queremos que dimita, o lo cesamos.
_ ¡Pero si llevo 10 meses y son cuatro años!
_ Ya, pero el Gobierno quiere nombrar a una mujer como rectora.
_ ¿A quién?
_ No sabemos, pero será una mujer.
_ Entonces a mí me cesan por ser hombre.
_ ¿Ve? Ya se pone usted machista.
Espeluznante, aterrador, psicodélico, alucinante tenebroso… todo lo que ustedes quieran, pero cierto. El Gobierno quiere una rectora, así sea la burra de Balaam, que sin dejar de ser burra tenía su aquel.
Si por el Gobierno fuera, le vino a decir la buena de Heras, la Universidad pasaría a llamarse en aquel mismo instante Marcelina Menéndez y Pelaya, que no es nadie, pero es mujer.
Han de saber que este ramalazo bobo en pro del mujerío que les ha dado a quienes ni siquiera son capaces de escribir una tesis sin acudir al plagio, o que cojean de conocimientos elementales, ayuda muy poco a la igualdad como demuestra el presente caso.
Al margen de la arbitrariedad dictatorial, caprichosa y merluza de colocar ante Lora-Tamayo una bandeja con cuchillo incorporado para que se corte la yugular, estos tipos cometen otra estupidez indeleble que no se borrará jamás del expediente de quien favorezcan con tan injusto nombramiento, pues sea quien sea la elegida, todos podremos mirarle a los ojos y decirle que ningún mérito académico la lleva al rectorado, salvo el de haber nacido mujer, una consideración que hasta ahora se tenía por injusta. Nadie debería aceptar ese cargo.











