Sacrificios humanos
Martes, 10 de Abril, 2018
Toma, y que deje de llover
Es lógico, pero utópico. Queremos que nunca pase ninguna desgracia en nuestro entorno, que no haya ningún accidente, y si lo hay, que dimita de inmediato el ministro del ramo.
Es la misma secuencia que seguían los primitivos cuando les iba chungo. Llegado el caso, cogían de la mano a cuatro vírgenes y las sacrificaban a sus ídolos, ora evisceradas, ora en churrasco. “Mal no nos puede hacer”, pensaba el jefe. Y a nadie se le ocurría pensar que si los dioses lo eran de verdad, se habrían zampado ya a cuatro o a cuatrocientas, si con eso mitigan sus cólicos de riñón.
Pero como hoy los sacrificios humanos no están bien vistos y además hay democracia, se cambian las tornas y se pide la cabeza de algún político, tenga o no tenga responsabilidad en la desgracia.
Es la misma relación causa-efecto, aunque cambia el homenajeado. Antes se calmaba a los dioses con unas cuantas cabezas cortadas; ahora, a los contribuyentes. Algo hemos mejorado, porque hoy es improbable que llamen a tu puerta con esa encomienda. “Venimos a por la niña, que esta tarde hay holocausto”.
Es un alivio. Aunque eso sí, debido al recuerdo ancestral de cuando los sayones amostachados se llevaban a Remeditos, ahora nos tomamos la venganza por la mano y queremos que le corten el cuello al de Fomento si nieva en demasía, o si a la naturaleza le da por actuar sin tener en cuenta la transitoria tercera sobre desgracias.
Cuando el ministro actúa con negligencia está muy justificado cortarle lo que haga falta, pero si los responsabilizamos de todo, acabarán por meterse en nuestras vidas de tal manera que más nos valdría escapar a algún paraje semidesértico.
Lo curioso es que también nos quejamos de que invaden nuestra privacidad. Pues una de dos, o nos controlan todo y nos dan algo de margen para equivocarnos.











