El gallo de Horezu
Miércoles, 11 de Octubre, 2017
El gallo de Horezu
Hace unos días acabé de escribir una novela cuya protagonista femenina comparte varios rasgos de personalidad con la esposa de Puigdemont, la periodista rumana Marcela Topor.
Las coincidencias no son buscadas, por supuesto. Las descubro este verano, cuando la novela ya estaba tan crecidita que era imposible enderezar el rumbo del personaje. De ahí que mi sorpresa cuando conozco a Marcela sea tremebunda. Tanto estrujar el cerebelo para dar con un invento que es igual a la señora Puigdemont.
¿Cuáles son entonces esas concomitancias? Bueno, hablaremos solo de las reconocidas por la periodista, ya que no todas son trasladables a la columna.
Ambas son guapas y de cara redonda, medio meigas, medio supersticiosas, y con clara vocación espiritista. Ambas coleccionan amuletos y talismanes que ponen al servicio de las actividades de sus respectivos maridos, logrando con ello que sus hombres triunfen en sus proyectos con unas trayectorias que parecen no tener techo.
A partir de ahí, yo sé lo que le pasa a la protagonista de mi historia, pero no la suerte que le espera a Marcela Topor y a su marido, de modo que para comprobar si se mantienen los parecidos habrá que esperar algún tiempo.
La mujer de la novela acumula entre otros talismanes, una alfombra armenia de Karabaj. Desde que es presidente, la esposa de Puigdemont mantiene a su marido bajo la protección del gallo de Horezu, una figura con fama de proporcionar buena suerte, cuya localización geográfica hay que situarla en el noroeste de Bucarest.
Ante las previsiones para la tarde de ayer, creció en mí el interés por el gallo de Horezu, pues solo le cabía acabar desplumado. O por Rajoy, o por la CUP, pero se ha aplazado. Fue la independencia más corta del mundo.











