La noche pasada
Jueves, 10 de Noviembre, 2016
Ese niño tan serio…
Para Hillary la noche avanzaba como los guiones de esas películas en las que la protagonista está metida en un buen lío, aunque confía en determinadas ayudas que le rodean.
Entonces comprueba que la llave está oxidada, que han cortado el teléfono, la pistola se encasquilla, al amigo que venía con otra nuevecita lo atropella un autobús, la policía se equivoca de piso… y al final se salva porque los guionistas son buenos por naturaleza y porque los finales felices son más taquilleros.
Pero en la vida no hay guionista que nos salve y aquello se veía venir desde el principio. “No, ya verás; ahora escrutan Ohio y remonta”. Pero nada, Ohio cae del lado de Trump como una losa. “Florida son 29 votos electorales… ahí sí que son suyos”. “Lo que vota Guam siempre gana, y allí ganó ella…”
Nada de nada sumado a otro poco de nada. Trump tiene mucho voto oculto, se publicaba anteayer. Y tanto, un voto que se camufla a todas las encuestas y que solo aflora cuando realmente importa.
En realidad, a Norteamérica la han hecho más los Trump que los Clinton y aunque la candidata demócrata ofrezca una imagen mucho más civilizada, más cabal, respetuosa, solidaria, liberal, progresista, moderna y conciliadora, su rival no se dirige ni al corazón ni al cerebro de los norteamericanos, sino a su bolsillo.
Y no lo hace con requilorios, sino con frases de la más estricta incorrección política que todos entienden. Todos los que tienen como meta el sueño americano.
Ahora solo cabe esperar que incumpla su programa. O parte de él.
Terminamos con la reseña de dos figuras espectaculares en papeles secundarios. La de su hijo, serio como el Damien de La Profecía, siempre a su lado; y la de Sánchez, agrandando su leyenda de perdedor y gafe profesional.











