Willy Rabbit
Miércoles, 11 de Mayo, 2016
Es que me dibujaron así
He llegado a la conclusión de que Willy Toledo no existe, de igual forma que el Pato Donald o Ebenezer Scrooge. Los tres han sido creados con mala leche en distintas proporciones y también con distintos fines, pero son ficticios.
Donald, sin dejar de ser simpático, sirve de contrapunto para que el resto de personajes Disney sean todavía mucho más azucarados. Scrooge es el contraste frente al cual el espíritu navideño puede relucir en su máximo esplendor y a Toledo lo han dibujado tan miserable, para que Carmena, o todo lo que tenga a su derecha _ es un decir _, salga guapo en la foto.
Toledo es un paradigma, un frenesí, una excrecencia y un pirulí. Visto desde una perspectiva unitaria, es decir, cada una de sus actuaciones por separado, puede ser considerado un ser vivo, normal y corriente, como otros que se levantan y andan por la calle todo el día de arriba para abajo. Pero analizada la trayectoria del personaje en su conjunto, Toledo solo puede ser un dibujo animado. Bueno, tampoco demasiado animado porque el tío es retorcido, revanchista, triste, tortuoso, amargado, malaje y saborío.
Él cree que hace mucha gracia, pero es tan saborío como irse de cañas con Immanuel Kant para que te explique las diferencias entre la Crítica de la razón pura y la Crítica de la razón práctica.
De no haberlo creado para ser puesto al lado de Carmena y hacer simpática a la alcaldesa, Toledo habría sido un personaje ideal para figurar en alguno de los infiernos de la Divina comedia. Aquel tipo fue tan malo en vida que en el infierno le tocó al lado de Willy Toledo, que estará comiéndole la oreja hasta la eternidad. Ésa sí que es una condena insoportable.
Pero así como Jessica Rabbit acaba reconociendo su condición de dibu, Toledo también podrá decir cuando acabe su trabajo: “Yo no soy malo, es que me dibujaron así”.










