Archivo de Marzo, 2016

Fuego en el teatro

Jueves, 10 de Marzo, 2016

Noticia del incendio y de la actuación en Lugo

El 16 de septiembre de 1952, el hipnotizador Juan Elegido Millán, que desde hace años se sube a los escenarios bajo el nombre artístico del Profesor Max, actúa en el Teatro Colón de A Coruña.

En determinado momento del espectáculo, Max hace subir a un espectador y anuncia al público que lo enviará al futuro. Una vez que está hipnotizado, le pregunta si cree que ese teatro arderá con el paso del tiempo. El espectador dice que sí.

El 17 de septiembre, miércoles, el Gran Teatro de Lugo anuncia que al día siguiente actuará allí el profesor Max con números de sugestión, telepatía, hipnotismo, mnemotecnia, magnetismo y cálculo mental.

En las mismas páginas de El Progreso donde se anuncia la presencia del Profesor Max en Lugo, se publica una noticia a dos columnas con este título: “Incendio en el Teatro Colón de La Coruña. Quedó destruida una parte del patio de butacas y del escenario”.

Quiere esto decir, que apenas terminada la función del hipnotizador, cuando el público comentaba camino de sus casas lo que habría de fraude en el mentalismo de Max, se cumplía la más espectacular de sus predicciones. O para ser más exactos, no de él, sino de un anónimo coruñés, medio dormido por sus habilidades.

Ninguna información de prensa relacionó entonces el incendio del Colón con Max, entre otras razones, porque de hacerlo sería tanto como acusarlo de pirómano. En Lugo se comentó convenientemente y la consecuencia fue que las dos actuaciones previstas en el Gran Teatro se convirtieron en cuatro y la exhibición ante los enfermos del Antituberculoso, también tuvo que repetirse. A partir de entonces la imagen publicitaria del Profesor Max incorpora el incendio coruñés como prueba definitiva de unas facultades que ni él mismo conoce en toda su extensión y que hace años nos llevaron a seguir su huella.

La música del Rey

Miércoles, 9 de Marzo, 2016

Alfonso XIII desciende del Giralda

En julio de 1904, Tío Choumín fue avisado a la carrera de que el Giralda había atracado a las cinco de la madrugada en Viveiro, y de que después de tirarles unos perdigonazos a los patos en O Vicedo, Alfonso XIII pasearía por la ciudad, pillada de improviso para vivir tan magno acontecimiento.

Por lo menos, Tío Choumín pondría unas notas de gaita en los aires y a falta de mejores bandas y fanfarrias, las calles no estarían en un inquietante silencio.

“¡Toma! ¡Si viste como un cualquiera! ¡Qué monada!” Cuesta trabajo creerlo, pero expresiones como las anteriores son las que los cronistas oyen a la gente de Viveiro durante la visita regia. Y Tío Choumín dándole al fol, sin descansar del soprete para cumplir bien el encargo. Anda que no le sacará rendimiento a la mañana. A partir de entonces cuenta que el general Camilo García de Polavieja le ha propuesto unirse a la Banda de Alabarderos. “Se chego a ir, poda que hoxe fose gaiteiro maior de Palacio”. Y nadie lo duda, porque Tío Choumín parece no tener competencia. ¿O sí?

Su orgullo artístico no admite de buen grado que se hable tanto y tan bien del gaiteiro de Ventosela, un tipo al que él no le ve mayor mérito. La catástrofe sobrevino en 1906, cuando la Comisión de Festas contrata al de Ventosela, si bien es cierto, con intención de unir a los dos músicos en alguna actuación. “Eu non podo repinicar a modo. Teño un uñeiro condanado que me fai ver as estrelas”, dice el de Céltigos como excusa. Luego se esconde en una casa para observar el paso del de Ventosela, que ejecuta “Choran os nenos en Corme”. Entonces descubre que su rival utiliza llaves ocultas de clarinete para atacar los semitonos. Desde ese día el enemigo está desarmado: “Ventosela, Ventosela; moita chavería na canaveira. Así calquera volve de América coas latas de gas cheas de onzas”.

Guerra al gabacho

Martes, 8 de Marzo, 2016

Tío Choumín

Del gaiteiro Tío Choumín de Céltigos se cuentan tantas y tan simpáticas anécdotas que conviene seleccionarlas para no perderse. Otra cosa es que sean todas ciertas, pero eso no se les exige ni a las de Valle.

Pese a que la celebridad del músico está garantizada por lo que de él escriben Ramón Canosa, Emilio Insua et al., no estaría completa esta Cuerda sin la presencia de Juan Gómez de Andrade, Tío Choumín de Céltigos, cuya ficha biográfica, por deducciones entresacadas de los recuerdos de Canosa, hay que iniciar el año 1830 en Negradas, aunque su nombre artístico de Céltigos lo sitúe algo más hacia el oeste.

Si Tío Choumín era imprescindible en las fiestas del Gran Val de Viveiro, en la romería de San Roque era consustancial. Y allí se le sitúa, antes de ascender, frente a la imagen del santo que se instala en la parte posterior de la puerta de Carlos V, para contar su manera de saludar cada año al santo francés, que si salva a la ciudad de la peste, a juicio del gaiteiro, no hace nada por mejorarlo de sus varices y eso se paga. ¿Cómo?

Pues tal como Tío Choumín sabe. Llegado el 16 de agosto, y arribado el músico a la ciudad, se va hasta la parte trasera de la rumbosa puerta, cara a cara con el santo, y una vez allí, ataca las notas del himno español, la Marcha Real o Marcha Granadera, para que al franchute le resuenen en los oídos las notas amenazantes de las tropas hispanas en recuerdo de la reciente Independencia.

Canosa recuerda que el personaje se lo explicó así:

_Ai neniño, fágocho por amolalo, que me deixou as varices como as tiña, e como santo é francés, todos os anos lle meto no corpo a Marcha Real, que lle senta coma unha purga.

Si bien, como arriesga a decir el autor de Catro vellos mariñeiros, José Travieso Quelle, quizá Tío Choumín no estuviese limpio de pecado para recibir los favores de Roc, dada su afición a la compañía femenina.

Símbolos masónicos

Lunes, 7 de Marzo, 2016


Sagasta, Martos y Moret tratan de impedir que Serrano levante la losa de la Constitución de 1869. El quinto en cuestión es Castelar. (Demócrito “El Motín”)

Pocos lucenses asiduos a la lectura de Las Dominicales del Pensamiento Libre _ la Biblia del laicismo, si cabe la expresión _, ignoran quién se esconde detrás del seudónimo Castor Numela, que siempre habla de Lugo.

No es difícil adivinarlo porque las más de las veces utiliza su nombre, Manuel Castro, y porque la clave que plantea no es enrevesada, basta colocar en orden las letras.

El 26 de julio de 1890 envía al seminario cumplida reseña de la inadmisible alcaldada cometida por el titular del consistorio, don Francisco Hernández Noya el pasado día 15, cuando dos honrados ciudadanos se dedicaban a vender o regalar obras protestantes por las calles de Lugo, tal como había hecho medio siglo antes George Borrow.

Denuncia Castro que enterado el obispo Aguirre de la propaganda que se realiza a plena luz del día, corre a denunciarla ante Noya y éste ordena detener a la pareja y ponerlos a disposición del juez, que a su vez, los deja en libertad al instante.

El corresponsal clama contra el alcalde. ¿Cómo es posible ignorar los derechos protegidos por la Constitución y las leyes? El contencioso es de calado, pues supone un pulso entre la autoridad civil y la religiosa.

Castro se cabrea y rebusca otras actuaciones de la autoridad municipal en esa misma dirección. Gracias a ello nos enteramos de que durante los últimos sanfroilanes, los de 1889, el obispado denuncia la forma que tienen las plataformas colocadas en el balcón del ayuntamiento para sostener los puntos de luz durante las fiestas. Son un surtido de óvalos y estrellas que a Gregorio María Aguirre le recuerdan símbolos masónicos, cuando en realidad nada de aquello hay. Bueno, pues da lo mismo, porque se retiran por si las moscas.

En la última línea, Castro escribe que los protestantes abandonan inmediatamente la ciudad.

La campaña de Singer

Domingo, 6 de Marzo, 2016

Singer, envuelta en ripios

Mientras permanece en Lugo, Manuel Castro López mantiene una constante lucha contra la iglesia en general y contra los clérigos en particular. Bien a través de sus corresponsalías de cabeceras militantes en el anticlericalismo, bien en las páginas de El Ciudadano por él fundado, Castro no pierde comba para meterle el dedo en el ojo a los católicos, hasta lograr la excomunión, claro.

El episodio más chusco de esta larga relación de desencuentros no tiene su origen en el clero, sino en alguien inimaginable, como es el representante de las máquinas de coser Singer, con sede en la calle de la Reina, 9.

El caso es que en octubre de 1890, a la espera de celebrar al santo patrón, el Singerman de Lugo tiene una ocurrencia publicitaria y se lanza a una campaña rompedora.

Editará miles de pasquines bajo el título “Historia verdadera del glorioso San Froilán, Obispo de León, excelso hijo y Patrono de la antigua ciudad de Lugo”. ¿Y eso qué tiene de extraordinario, además de ser muy largo?, se preguntará el lector con asombro. Y realmente nada tendría, si no fuese porque la biografía de San Froilán incluye las célebres Singer en algunos pasajes. Castro López no puede perdonar una ocasión como aquélla.

Dicen los ripios froilanescos en determinado momento: “Sus inspirados sermones, / según una vieja crónica, / convirtieron más impíos / que frases dijo su boca / y puntadas da una máquina / de Singer, que no son pocas.”

Todavía se está buscando al autor de la masacre poética; el mismo que remata su obra alegrándose de tener el brazo del santo en la catedral, “Y las máquinas de Singer / Reina 9, siempre están.” Vamos, que entre la reliquia y las Singer, en Lugo se cose lo que haga falta. En aquella ocasión, no solo los anticlericales están con Castro, sino toda la curia.

Aguas Malde, El Gallego

Sábado, 5 de Marzo, 2016

El colegio de Santiago de Cuba donde supuestamente estudia la hija de Aguas Malde

El naviego Félix de las Aguas Malde, haciéndose pasar por el coronel Fernández, corrupto y millonario, escribe al francés Tranchard para decirle que antes de disfrutar de la pasta hay que hacer frente a algunos gastos de poca monta.

Fernández _ es decir, Aguas Malde _, le informa de que en Madrid reside Benegas, su antiguo asistente, al que deberá girar o entregar la suma de 5.000 francos para las primeras necesidades y otros 20.000 para atender a su salud, a las deudas de la niña en el colegio cubano del Sagrado Corazón y al viaje de su traslado a España.

Todo ello va acompañado de recortes de periódicos acreditativos, de documentos sobre lo ocurrido en el Consejo de Guerra, de su nombramiento de coronel, así como la correspondencia entre él y su hija. Una obra de arte de la falsificación.

Tranchard tiene que contestar por telégrafo si acepta el plan, lo cual hace afirmativamente. Luego, convencido de que tratan de estafarle y de acuerdo con Juan Luciano Larroquette, intérprete del Hotel Colonial donde se hospeda, establece una cita con Benegas, a quien supone ser la misma persona que el coronel Fernández y que el estafador Aguas Malde.

La cita tiene lugar, no en el Colonial, sino en el Hotel de Oriente primero, y en el Café de París, después; donde Félix de las Aguas Malde es detenido por los agentes de policía Juan Monroy, Zoilo Pérez y Francisco Vargas.

El pollo de Lugo, conocido por la pasma en un alarde de originalidad como El Gallego, no es de los que apuntan bajo, como lo demuestra el tinglado que organiza, ni de los que se rinden a la primera, porque nada más ser detenido, acusa a Tranchard de ser el cerebro de la operación.

Dos años más tarde encontramos de nuevo su nombre en una requisitoria por otra estafa. En fin, todo un profesional.

El gran cheque de Navia

Viernes, 4 de Marzo, 2016

El Miguel Jover, donde supuestamente comienza la historia

Al poco tiempo de llegar a Madrid desde Bayona, el contratista de obras Joseph Desiré Tranchard comienza a recibir una serie de cartas en las que se le propone una extraña y suculenta operación.

El 28 de febrero de 1899, un tal Juan Fernández, coronel del ejército, le manifiesta que durante la guerra había sido jefe de Estado Mayor con el general Vara de Rey en Santiago de Cuba; que el general le había entregado tres millones de francos con destino a la compra en México de comestibles para el ejército y su transporte a la isla; que había sido apresado por el comandante de un barco de guerra yankee cuando iba a bordo del trasatlántico español Miguel Jover con rumbo a dicha república _ ciertamente capturado en Key West el año 1898 _, y que se le había formado Consejo de Guerra por supuesto desfalco de los tres millones, traducido en una condena de diez años de prisión, degradación militar, pago de las costas y devolución de la cantidad.

A partir de ahí, las cartas profundizan en el meollo de la cuestión. Fernández tiene a su hija Rosario en el colegio del Sagrado Corazón de María, en Santiago de Cuba, y también tiene un cheque al portador contra el Banco de Londres y México por valor de 1.800.000 francos.

Si Tranchard se encarga de la educación de Rosario hasta que él cumpla la condena, Fernández estaría dispuesto a entregarle una importante porción de esa letra, escondida ahora en lugar seguro. Él no puede comunicarse con Rosario, pero tiene a Tranchard por una persona honorable en sumo grado.

Como la solución del caso ha de quedar para mañana y como el lector perspicaz ya habrá imaginado que todo forma parte de una fabulosa estafa, adelantemos hoy que el autor de las cartas no es Fernández, sino un comerciante lucense de 46 años de edad llamado Félix de las Aguas Malde, natural de Navia de Suarna.

El gendarme de S-Tropez

Jueves, 3 de Marzo, 2016

Esquela de la errata

Cuando en 1906 fallece el notario Teolindo Soto y Barro, se publican dos esquelas en la prensa de Madrid. Una en El Imparcial y otra, en El Liberal. La primera ve la luz con una pequeña, pero significativa errata.

Teolindo Soto nace en Ortigueira y tras su paso por la universidad de Santiago se vincula de por vida a Lugo, donde será notario, presidente del Círculo das Artes y diputado liberal a la sombra de Manuel Becerra hasta la muerte de éste; y luego, por muy breve tiempo, senador por Pontevedra.

Antonio Palomero, que firma Gil Parrado, le dedica unos versos que le afean su labor en cortes: “Como nadie lo conoce / su oscuridad no desgarro, / pero sé que Soto Barro / es orador sotto voce.”

Y lo fue, pero sin dejar de colaborar estrechamente con los Alfonsos, XII y XIII. Casado con Leonor Reguera, son padres de siete hijos, aunque de uno, Manuel, se olvidan las biografías por haber fallecido siendo niño. En Lugo será muy conocido José Soto Reguera, pero hoy nos interesa su hermana mayor, bautizada Leonor como la madre y casada a contrapelo con un noble abogado sevillano, que a la sazón vende joyas en Ortigueira, Carlos Luis de Funes de Galarza.

Leonor y Carlos se dan a la fuga para que la negativa paterna se enfríe y recapacite, pero su escapada solo llega a Francia, donde apenas viven dos años antes de que la parca se lleve a don Teolindo, precisamente cuando el marqués de la Vega de Armijo le ha ofrecido una cartera ministerial.

Los fugados tienen sucesivos hijos, el tercero de los cuales llega en paralelo con la guerra del 14, prueba de que viene a armarla. Es conocido en todo el mundo como Louis de Fùnes, el gendarme de S- Tropez. En la esquela de don Teolindo, el cajista se equivoca llamando a Carlos “de Junes”, y claro, así no hay forma de seguir una pista.

Virgen coronada

Miércoles, 2 de Marzo, 2016

Fotos de la pieza robada (Alfonso)

Una extraña congregación dispuesta a vender la virgen de Pacios de Veiga no casa con la desaparición de las llaves de la capilla, porque o se vende, o se roba.

Pronto se descubre que se trata de lo segundo y el sargento de la Guardia Civil averigua que el anticuario Vázquez ha estado el 20 de octubre de 1925 en el Hotel Franco de Pobra de Brollón. Allí les dice que prepara un viaje para llevar a Madrid varias piedras de esta provincia. ¿Piedras? Hay gente para todo. El día 21 llegan al hotel Álvaro Maciá y sus hijos Eufemia y Jaime, que antes lo hospedaban en Pacios.

Comen juntos y el anticuario les entrega 6.000 pesetas antes de subir la imagen al tren y trasladarla a orillas del Manzanares, pero la policía no tarda en caer sobre la red de traficantes. Está formada por vendedores, anticuarios y restauradores con mayor o menor conocimiento sobre los métodos ilícitos utilizados para la adquisición de las piezas. Además de Vázquez, en la calle Juanelo; existe un tal Raimundo López, en Atocha 22, y Francisco de Arpe Caballero, en la de Ministriles, donde finalmente aparece la talla.

Más confusa es su tasación, pues aunque se habla de grandes cantidades _ desde las 6.000 pesetas pagadas en un principio, a las 35.000 en la segunda venta, y el millón final que se da por hecho _, en realidad el globo comienza a desinflarse pronto. La pieza no es de jaspe, ni bizantina, ni del siglo VI, sino del XV. Tampoco representa a Santa Eulalia, ni a la Virgen del Perpetuo Socorro.

Es una virgen coronada con el niño y flor en mano, los mismos atributos que la famosa Virgen de Marzo de Santo Domingo de Silos. Los expertos la tasan ahora en 3.000 ptas., una cantidad ridícula a todas luces. Para la historia queda por resolver cómo llega Vázquez a Pacios de Veiga y qué fue de la imagen tras rebajar 997.000 pesetas su precio inicial.

Un robo en Brollón

Martes, 1 de Marzo, 2016

La prensa de Madrid se volcó en el caso

Cómo y por qué llega desde Madrid el anticuario orensano Manuel Vázquez al remoto lugar de Pacios de Veiga, en Pobra de Brollón, son extremos que hoy, 91 años después de sucedido el hecho que nos ocupa, debemos abandonar por imposibles, aunque como verán, si son tan amables de acompañarnos, a la historia le avendría pistonudo que estuviésemos en el secreto de los acontecimientos.

El caso es que en Pacios encontramos a Manuel durante el verano de 1925. Se hospeda en casa de Álvaro Maciá López, que a su vez vive con sus dos hijos, Eufemia y Jaime.

Hace tiempo que Manuel anda detrás de la imagen de la virgen que existe en la capilla de Pacios de Veiga, pues tiene información de buena tinta sobre el precio que podría alcanzar en el mercado negro de las antigüedades. Nada menos que un millón de pesetas, una cifra desorbitada en aquellos años. ¿A qué viene tal valor?

Por informes que luego aparecen en la prensa, se trata de una talla bizantina en jaspe del siglo VI, que representa a Santa Eulalia, o la Virgen del Perpetuo Socorro y que pesa 80 kilos. Dejémoslo así de momento.

Por aquello de que siempre aparecen socios cuando de un buen negocio se trata, Álvaro le comenta a Manuel que una congregación religiosa estaría dispuesta a entablar negociaciones sobre la venta de la pieza, si realmente su deseo es hacerse con ella, pues andan flojos de dinero y una tajada así alegra más que una seguidilla en tarde mustia.

Manuel no pregunta qué tipo de congregación tiene vara alta en el patrimonio porque le importa bien poco a quién pertenezca, si al final consigue hacerse con la talla.

Pacios de Veiga festeja a San Froilán a la par que Lugo en octubre. Es la víspera del día 5 cuando la maestra del pueblo, encargada de arreglar el altar, echa en falta las llaves de la capilla…