Archivo de Febrero, 2016

Docet, vecina de Lugo

Martes, 9 de Febrero, 2016

Emilia Docet

Ha sido todo tan apurado que los propios organizadores no se ven legitimados para llamar Miss Lugo a la ganadora y se guardan las espaldas concediendo a Carmiña Yáñez el título de Miss Círculo de las Artes.

No es una cuestión baladí, pues cualquiera que observe el proceso puede cuestionar su falta de representatividad y la desigualdad de oportunidades para quienes querían concurrir y no eran asiduas del Círculo.

En cualquier caso, el resto de las representantes provinciales estaban en las mismas o peores condiciones de legitimidad y cada una exhibe orgullosa la banda con el nombre de su provincia; de modo que a Carmiña Yáñez nadie le puede poner otras pegas que no se las ponga al concurso en general.

En sus primeras declaraciones, Carmiña, hija del comandante de Infantería Juan Yáñez, ya en la reserva, pone firmes a sus admiradores, pues declara que no está decidida a presentarse en la semifinal de Vigo. ¿Pero cómo dice ahora eso? ¿No era condición sine qua non?

Aquello desinfla los ánimos en la ciudad, aunque F.F.R. le dedica unos versos que crujen los sentidos.

Aún así, Lugo participa en aquella primera elección autonómica de soslayo, pues la vencedora, Emilia Docet, que será sucesivamente miss Club Marítimo, Galicia, España y Dama de Honor de Miss Europa, residirá seis años en la ciudad, de 1940 a 1945. El caso fue que Emilia se casa el primero de esos años con Francisco Novoa Ortiz, cuyo primer destino es la Jefatura de Obras Públicas lucense, de modo que algo es algo.

Emilia Docet, de 17 años, va a vivir un 1933 trepidante desde el 11 de febrero, pero sintiéndolo mucho, sus andanzas van a quedar para la entrega de mañana, cuando se cumplen los 83 años de aquella elección.

La primera Miss Lugo

Lunes, 8 de Febrero, 2016

Carmiña Yáñez

El 20 de enero de 1933 El Progreso informa de lo que se avecina: dar con la muchacha más guapa de Lugo y hacerlo a la velocidad de la luz porque no hay tiempo para muchos miramientos.

La noticia está en boca de todos, máxime después de saber que la elección debe celebrarse cuatro días más tarde, sin margen para grandes preparativos, ni para modistas, ni para nada.

Las bases son sencillas. Ser gallega, mayor de 17 años y menor de 26, frecuentar el Círculo y comprometerse a defender la belleza lucense en Vigo unas horas más tarde. Los sobres para poder votar se entregan en la sociedad los tres días siguientes y deberán presentarse antes de las nueve de la tarde del 23. El 24, a eso de las siete, el Salón de Columnas será el escenario para el escrutinio y la proclamación.

Feliciano Canto pide más tiempo para observar a las mozas sin ser tachado de mirón, pero no ha lugar. Usted vote y arree.

La emoción es enorme. Van a conocerse los resultados. Hay papás, mamás y alguna candidata, no todas. Por fin se anuncian: Carmiña Yáñez, 104 votos y Angelines López Núñez, 67. Detrás de ellas, Lolita y Carmen Garmendia, Milagros Ruiz, Adelita Santiago Naya, Sarita Ríos, Maruja Fernández Marbán, Celsa Revaldería, Monserrat Fugarolas Real, Maruja Herrero, Gloria Cedrón del Valle, Maruja Yáñez Gómez, Mercedes Casas, Esther Fernández Marbán, Silvia Díaz-Requeijo, Felisa Díaz Moreno, Marita Rodríguez Vidal, Carmen Fereiro, Maruja Marbán, Aurora Martínez Yañez, Pilar Álvarez Vázquez, Manolita Doel, Carmen Piñeiro, Julia Pérez del Hierro, Rosita Gallego, Mari Elena Gasalla, Aurorita Martínez, Sonsita Varela y Pilar López.

¡Carmiña Yáñez proclamada Miss Lugo!, dice José Lomas con voz potente. Se inician días apasionantes como veremos mañana.

En busca de una miss

Domingo, 7 de Febrero, 2016

Luis Montiel, rodeado de candidatas a Miss

En enero de 1933, El Pueblo Gallego se pone en contacto con el Círculo das Artes para rogarle una complicada encomienda. El diario vigués se ha comprometido con Luis Montiel, propietario del periódico Ahora, para lograr en brevísimo plazo una Miss Galicia que nos represente en el certamen Miss España, nacido cuatro años antes como Señorita España.

Es una iniciativa de cohesión nacional frente a quienes quieren una Miss República, algo absurdo porque en todo caso habrá otras doscientas de todo el mundo.

La fase final será en Madrid el 14 de febrero, quizá para encomendarse a San Valentín, por muy laico que sea el calendario. Pero antes hay que elegir a una chica por cada provincia y de entre ellas, la gallega. Estamos a mediados de enero y el reto parece difícil.

El Círculo está en un brete, pero su animoso presidente, José Lomas Díaz, desea decir pronto la misma frase que Torcuato Fernández Miranda, “estoy en condiciones de dar al Rey lo que el Rey me pide”. Bueno, en este caso no es el Rey, sino Montiel.

El Círculo pide árnica a El Progreso. Lomas conciencia al periódico de que solo cuentan con una semana mal contada.

Para la historia de la ciudad queda una curiosa coincidencia, pues en los sanfroilanes pasados, los de 1932, el Ayuntamiento baraja la posibilidad de elegir una Miss Lugo, o Miss Miño, que suponga una nueva atracción en el programa festivo, barata pero llamativa.

La iniciativa encuentra la resistencia de casi todos los concejales para formar parte del jurado. Solo uno está dispuesto, con ciertas condiciones. Es el que dice: _No tengo inconveniente para ser jurado, pero en cuanto se haga público el resultado, quiero el campo libre, porque yo confío en mis piernas, ¡pero a mí, líos con las mamás, no!

Lamela y la gamba pueril

Sábado, 6 de Febrero, 2016

Eduardo Lamela Pallín

La tertulia de Gómez de la Serna en el Pombo se prolonga a lo largo de 22 años, de 1914 al 36. La política, más que otra cosa, causa su desaparición. Sus miembros se reparten entre el falangismo y las izquierdas. Ramón sabe que aquello es el fin. Ya no prima la belleza de la palabra, el ingenio o la creatividad, sino una jerigonza de odios al peor estilo español de todas las épocas. ¿Les suena a actual?

El Pombo, que ya era durante toda esa época Antiguo Café y Botillería, o sea, la última taberna madrileña en denominarse así, fue de tres hermanos Lamela, pero ahora Eduardo ya figura como único propietario.

Aunque Ramón asegura en su segundo libro sobre Pombo que habla de Lamela en el primero, no es cierto. Apenas lo cita. Su reserva le aconseja a ser parco en palabras y explicaciones. Sí sabemos, porque el asunto es chusco, que don Eduardo se niega en vida a que las gambas formen parte del menú. Las odia por modernistas, por tránsfugas y por pueriles. Vaya usted a saber qué aspecto de las gambas le ha llevado a esas conclusiones. Quizá su precio.

Tampoco aprecia el ajo, que hace buenas migas con el crustáceo, y rechaza la caña de cerveza frente a la embotellada. Más que los distintos sabores, a Lamela le mueven razones de exacta medida.

Tiene una virgencita en una hornacina de cristal _ ¿réplica de la desaparecida de Vilanova dos Infantes? _, por la que unos ingleses y otras personas le ofrecen gran cantidad de dinero. Pero el de Castroverde no quiere desprenderse de ella. Se nos antoja pensar en alguna devoción familiar, o al menos gallega.

Ramón lo describe con una greguería, posiblemente involuntaria: “Tenía las uñas del hombre que se levanta muy temprano y se pone gorra y zapatillas”.

El Pombo lo heredan sus sobrinos Manuel, Eduardo y Domingo, pero no volverá a ser el mismo.

Eduardo Lamela y el dinero

Viernes, 5 de Febrero, 2016

Placa de la Fundación en la escuela de Rodinso

Eduardo Lamela, el dueño del Pombo ramoniano, tuvo siempre un acendrado espíritu ahorrador, primo de la tacañería y pariente de la avaricia, pero sin sus notas negativas. Es sencillo, no gasta.

Quienes lo conocen y saben de su carácter hormiga, enemigo de la cigarra, le preguntan por el método y en más de una ocasión él contesta: “¿Cómo va a tener dinero la gente si ve uno a diario los tranvías llenos de público, que los toman incluso para trayectos cortos?” Así, imposible.

Don Eduardo descubre que la línea de tranvía más larga de Madrid es la de Goya-Rosales, de pintor a pintor, y es la que utiliza muy de tarde en tarde, no porque tenga que ir a ninguno de los dos extremos, sino porque viajando en ella, el céntimo le sale más a cuento. Ve más Madrid por menos dinero el metro.

Una mañana, yendo de Rosales a Goya, un hábil manilargo logra hacerse con su cartera. O mucho nos equivocamos, o aquella tuvo que ser una de las jornadas más tristes de su vida. Tanto es así, que a partir de entonces, don Eduardo sale siempre a la calle con dos carteras; la buena, escondida en sitio recóndito, y la falsa, en la que se preocupa de colocar un calendario atrasado, billetes de lotería caducados y fotos que no son de nadie conocido. No hay constancia de ello, pero se intuye que no vuelven a robarle nada. Ni la falsa.

Con ese criterio sobre el gasto y con la Botillería a pleno rendimiento es comprensible que con el paso de los años el capital de Lamela se multiplique hasta convertirlo en millonario. Tiene dinero para hacerse con uno de los grandes edificios de la Glorieta de Bilbao de 38 viviendas, que permanece en poder de la familia, y para crear en 1931 la Fundación Lamela Pallín con la que se construye la escuela mixta de Rodinso-Frontoi, en Castroverde. Ésa no es la labor de un tacaño, sino la de un financiero altruista.

Benito y Eduardo

Jueves, 4 de Febrero, 2016

Xesús Lamela Escobar delante del molino de Rodinso

Benito Pombo Díaz nace durante el segundo cuarto del XIX, probablemente en San Miguel de Monseiro (Láncara), aunque su rama familiar arranca de Abradelo, en San Cristovo do Real (Samos), de acuerdo con una de esas monumentales investigaciones genealógicas con la que nos obsequia la paciencia archivera de Luis López Pombo, cuyo apellido nos remite al mismo tronco familiar.

También el catedrático sarriano Manuel Pombo Arias se considera descendiente de este don Benito que sale de Lugo con la ilusión de abrirse paso dentro del Madrid isabelino. Lo consigue en Carretas 4, a través del Café y Botillería de Pombo, que hemos de imaginar fundación suya, aunque solo sea por razón de título.

Por allí no anda Gómez de la Serna, claro; sino otro lucense con mañas para prosperar en un mundo de escasos recursos. Se trata de Eduardo Lamela Pallín, nacido el año 1854 en Rodinso, a medio camino de Santa Baia de Bolaño y Santa María de Vilabade, en Castroverde. O como dice su sobrino nieto, Xesús Lamela Escobar, actual morador en aquellas tierras, “administrativamente, de Bolaño, e para asuntos eclesiásticos, de Vilabade”.

Lamela Pallín es camarero del Pombo, pero dado su buen hacer en asuntos del ahorro, se convierte en propietario del café y lo pilota hacia su época de gran fama.

En Rodinso existe el único molino de noria de Galicia, el de Lamela, lugar visitado por excursiones en busca de rarezas y bellezas; pero cerca de él se encuentra otra huella del paso por esta vida de don Eduardo, cual es el magnífico edificio de la escuela mixta levantada con los fondos de la Fundación Lamela Pallín y que funcionó a plena satisfacción de resultados académicos durante los años centrales del XX. Una placa da constancia de su altruismo. Mañana conoceremos más de este hombre.

El Pombo de Lugo

Miércoles, 3 de Febrero, 2016

Eduardo Lamela Pallín

La tertulia madrileña por antonomasia es la del Pombo, su sumo sacerdote es Ramón Gómez de la Serna y su Biblia son los tres volúmenes que el escritor dedica al establecimiento a lo largo de su vida.

Por si algo faltase para el rito, viene Gutiérrez-Solana y se marca una Última Cena con Ramón de oficiante en el momento de instituir la greguería en la sagrada cripta de Pombo. No es casualidad que bajo la pintura visible del famoso cuadro, los rayos X hayan descubierto en horizontal la imagen de un altar y una figura postrada como la que Solana refleja en otro cuadro, el de “Antes de la procesión”.

Para lo que a esta sección interesa, es hora de decir ya que ese templo de la tertulia literaria, la greguería y el ramonismo ubicado en el número 4 de la madrileña calle Carretas, esquina a San Ricardo, km 0 de las Españas, actual Consejería de Presidencia y Justicia de la comunidad, pared con pared de Zara, fue, desde su fundación a su clausura, un local vinculado a Lugo.

Por extraño que parezca, ni Ramón, con sus tres libros dedicados a La Botillería y Café de Pombo, ni César González Ruano que le hizo copioso homenaje antes y después de la muerte de los protagonistas, ni éstos mientras existieron, ni Lugo, ni Madrid, hicieron jamás mención a esta circunstancia, que siendo solo anecdótica, cobra mayor relevancia cuando se cumple este año el centenario de las proclamas de Pombo, que van a constituir la base del primer libro dedicado por Ramón al bar.

En lo que a la propiedad se refiere, la historia del establecimiento se resume con dos personajes nacidos en la provincia de Lugo. Su fundador, Benito Pombo Díaz, que lo bautiza con su apellido, y Eduardo Lamela Pallín, que se lo compra y lo regenta durante los años gloriosos de la tertulia.

Abundaremos mañana.

El Pombo de Lugo

Miércoles, 3 de Febrero, 2016

Eduardo Lamela Pallín

La tertulia madrileña por antonomasia es la del Pombo, su sumo sacerdote es Ramón Gómez de la Serna y su Biblia son los tres volúmenes que el escritor dedica al establecimiento a lo largo de su vida.

Por si algo faltase para el rito, viene Gutiérrez-Solana y se marca una Última Cena con Ramón de oficiante en el momento de instituir la greguería en la sagrada cripta de Pombo. No es casualidad que bajo la pintura visible del famoso cuadro, los rayos X hayan descubierto en horizontal la imagen de un altar y una figura postrada como la que Solana refleja en otro cuadro, el de “Antes de la procesión”.

Para lo que a esta sección interesa, es hora de decir ya que ese templo de la tertulia literaria, la greguería y el ramonismo ubicado en el número 4 de la madrileña calle Carretas, esquina a San Ricardo, km 0 de las Españas, actual Consejería de Presidencia y Justicia de la comunidad, pared con pared de Zara, fue, desde su fundación a su clausura, un local vinculado a Lugo.

Por extraño que parezca, ni Ramón, con sus tres libros dedicados a La Botillería y Café de Pombo, ni César González Ruano que le hizo copioso homenaje antes y después de la muerte de los protagonistas, ni éstos mientras existieron, ni Lugo, ni Madrid, hicieron jamás mención a esta circunstancia, que siendo solo anecdótica, cobra mayor relevancia cuando se cumple este año el centenario de las proclamas de Pombo, que van a constituir la base del primer libro dedicado por Ramón al bar.

En lo que a la propiedad se refiere, la historia del establecimiento se resume con dos personajes nacidos en la provincia de Lugo. Su fundador, Benito Pombo Díaz, que lo bautiza con su apellido, y Eduardo Lamela Pallín, que se lo compra y lo regenta durante los años gloriosos de la tertulia.

Abundaremos mañana.

El murciélago de Ramón

Martes, 2 de Febrero, 2016

Ramón con su maleta. Falta el murciélago

El 23 de septiembre de 1932 llega a Lugo Ramón Gómez de la Serna y se hospeda en el Hotel Méndez Núñez. Al día siguiente, sábado 24, debe pronunciar una conferencia en la Diputación organizada por el Comité de Cooperación Intelectual, la primera del nuevo ciclo de temporada.

La expectación entre los conocedores de las extravagancias ramonianas es enorme. ¿Con cuál nos obsequiará? Tiene varias en su repertorio. La del medio-ser, cuando aparece pintado de blanco y negro mitad mitad; la del trapecio, subido a él; la de Napoleón, vestido del tal, o la conferencia-maleta, que dicta nueve veces en su vida. Pues sí, una de ellas, en Lugo.

El show consiste en extraer diversos objetos de una maleta que él porta, transformado en viajante de ajenjo intelectual, y que le dan pie para mil historias y otras tantas greguerías.

En los minutos iniciales, Ramón ha preparado que se vaya la luz en el salón. Saca una vela, la enciende, vuelve la luz, la apaga y se la come. Tiene truco, la vela es de chocolate o dulce parecido.

Sin embargo, algo más extraño ocurre en Lugo. Al encenderse de nuevo las lámparas, un murciélago sobrevuela nervioso la estancia del consistorio provincial. El público ya no sabe si el murciélago lo pone Ramón o el presidente de la Diputación; si entra en el espectáculo o es un espontáneo. Más parece lo segundo porque no hay mención a él, y eso que el escritor le dedica varias greguerías, como aquélla que dice: “El murciélago vuela con la capa puesta”, heraldo negro del Drácula cinematográfico que ha de venir.

Ramón no se entera de su vuelo, pues a buen seguro sacaría partido a ese murceguillo que no se quiso perder la conferencia de un hombre que pasa media vida al lado de un lucense, como veremos mañana.

Juez con pistola

Lunes, 1 de Febrero, 2016

Guillermo Eizaguirre, la Copa de 1935 y Sánchez-Pizjuán

Eugenio Eizaguirre y Pozzi

El ocio del magistrado lucense Eugenio Eizaguirre y Pozzi tiene un único nombre que lo ocupa por completo, el fútbol. Como cuando regresa a la capital hispalense ya no está en edad de jugarlo, entrena al Sevilla y luego se ofrece gratis et amore para dirigir el equipo infantil. Con él va su hijo Guillermo, que pronto revela sus cualidades como portero. Todo esto ocurre en 1922, cuando Guille tiene trece años, pero ya con quince, el chaval debuta con el primer equipo sin que medie enchufismo, porque el tío es bueno, algo chulito. Lo va a demostrar ganando el apodo de El Ángel volador y la Copa de España de 1935, antes de enrolarse en la Legión durante la guerra, de la que llega a ser capitán.

Su carrera deportiva es fácil de rastrear. De ella se destaca la mala suerte de haber coincidido con la época de Ricardo Zamora, al que difícilmente logra sustituir tres partidos en la Selección Nacional. No tuvo otro equipo que el Sevilla.

En realidad la pista que queríamos seguir es la de su padre, el magistrado lucense, mucho menos conocida.

Afiliado a la Comunión Tradicionalista, su carrera jurídica lo lleva a presidir la Audiencia sevillana, como su tío Felipe Pozzi, y al Supremo, como presidente honorario de Sala. Durante la República y en previsión de disturbios, acude a la Audiencia armado de pistola y en una ocasión, invadida ésta por los anarquistas, los desaloja del edificio manu militari.

Unido ese hecho a su gusto por provocarlos, yendo a tomar los vinos a las mismas tabernas que ellos frecuentan, lo pone en el punto de la mira de la FAI, que atenta contra él el 15 de abril de 1936, cuando se baja de un tranvía en la calle Puerta de la Carne. Recibe tres balazos en pecho, brazo y muslo izquierdos, pero acompañado del agente García Luengo, repele el ataque con nuevos disparos y evitan ser rematados. Morirá 29 años después, con 83, en Cangas do Morrazo, donde veranea.