Permanece el misterio
Viernes, 19 de Febrero, 2016
Asilo de Foz
Para que todo suceda conforme a derecho, el padrino de bautismo más oportuno para Santiago Meira Foz, alias O Mudo, ha de ser la máxima autoridad civil de la provincia, que en 1952 la simboliza de forma unívoca la figura del gobernador, aunque finalmente éste actúe representado por su secretario, José María Fernández Rancaño.
La madrina, en exacto cumplimiento del futuro papel que le corresponde, no puede ser otra que la superiora del Asilo, Sor Dolores.
De esa forma renace Santiago a una segunda vida, sin que nada se averigüe de la primera, y no por falta de intentos, pues cuenta Canosa que en esos primeros tiempos de residencia en Foz, quien se tiene por políglota en su más mínima expresión, prueba a endulzar el oído de Santiago con ecos lejanos de otras lenguas.
Los hay que recitan a Dante, a Shakespeare y a Baudelaire. Le cantan Die Fahne hoch, por si de repente le viniese el hálito marcial de prietas las filas y se incorporase para desfilar al paso de la oca por las soleadas estancias del asilo.
Y para darle variedad a los acentos, Canosa cuenta de un marinero de Lombo Gordo, en Viveiro, que conoce una canción eslava aprendida cuando trabaja de peluquero en Riga, y que también se la suelta al oído, a ver si arraiga y le despereza la memoria.
Pero no hay tal. Si acaso está más despierto cuando observa el uniforme del ayudante militar de Marina, o cuando tiene delante presencia femenina. Pero tampoco es que se agite. Simplemente, está algo menos arrumbado.
Al interés de Canosa por el personaje, siguen los artículos de Jorge Víctor Sueiro, Trapero, Antón Niñé, Suso Fernández, o Jesús de Breogán, pero el misterio de ese nuevo Caspar Hauser de Lugo se va con él a la tumba, cuando quienes mejor lo conocen, le calculan una edad próxima a las siete décadas.











