Tierra de centenarios
Domingo, 20 de Diciembre, 2015
Cinco guerras no pudieron con Domingo
En mayo de 1903 fallece en Gontán (Abadín) Antonia Cabano Bouza. Como había nacido en 1797, alcanza los 106 años después de conocer tres siglos. No es el único caso, claro, pero la prensa del momento habla de ella con admiración y envidia.
La vida del mendigo Domingo Arias Garaloces también es singular. Había nacido en Lugo en 1813 y cuando tiene 101 años, el 22 de noviembre de 1914, resbala en una calle madrileña y debe ser atendido en el Hospital Provincial, donde descubren su longevidad.
A los médicos que le atienden una leve herida en una pierna les llama la atención que conserve todo el pelo. Es completamente blanco, pero abundante y fuerte. También tiene todos los dientes de la mandíbula inferior y solo le faltan algunas piezas de la superior.
Con la cabeza bien amueblada, el oído perfecto y el habla clara y diáfana de marcado acento gallego, flojea en memoria.
En esos momentos duerme en plena calle, unas veces en el Salón del Prado, y otras, alrededor del Retiro. Jamás ha tenido enfermedad grave. De joven fue barbero y estuvo casado con una mujer de la que solo sabe que se llamaba Francisca. Cuando ésta muere, hace más de medio siglo, se casa con Juana Casal, viuda de
un capitán de Infantería que le llevaba 45 años.
Durante ocho años fue soldado en Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, México y la guerra de África. Conoce seis reyes y una república. Solo tiene un hijo de Francisca que toca el clarinete en la Banda Municipal de Lugo, y una hijastra de Juana, a la que llama sobrina.
Fue rico, pero se arruina y debe criar cerdos en un corral de Vallecas, “que se lo lleva el diablo”.
Al enviudar por segunda vez, solo ve la opción de pedir limosna. Ahora su ilusión es ingresar en el asilo que hay detrás de la plaza de toros.










