El granito del generalito
Sábado, 7 de Noviembre, 2015
La verde y la blanca
Dice el ex jemad José Julio Rodríguez que se cambia a la política porque todos los españoles debemos aportar nuestro granito de arena a esta conjunción planetaria de la segunda transición que alguien se ha sacado de la manga.
Se intuye que el suyo va a ser uno de esos granitos que te joden dentro del zapato, o el que paraliza el funcionamiento de las delicadas maquinarias de reloj, porque apenas asomadas las orejas al nuevo mundo, le ha pegado dos patadas al ordenamiento jurídico de ésas que vienen en los manuales del buen cocear.
La primera, como le recordó su ministro, es que ha comenzado a hacer política antes de cesar como militar, y la segunda, porque desaconseja aplicar la ley en Cataluña y sustituirla por la política, olvidándose de que la ley es la suprema manifestación de aquélla, y no al revés.
En todas las generaciones de quintos, esto es, cuando había mili, se repetía la historia de algún imbécil que al recibir la blanca _ la cartilla militar con la licencia _, la tiraba al suelo o la pateaba como venganza por los malos tiempos pasados haciendo de sorche, sin percatarse que todavía le faltaba un mes para dejar de ser soldado, pues nos mandaban a casa con ese tiempo de permiso, quizá para evitar precisamente esas escenas.
Si algún oficial era testigo de las patadas a la blanca, el recluta, como auténtico militar en activo, pasaba ese último mes arrestado en el talego hasta estar realmente licenciado, vulgo lili.
El ex jemad ha comenzado a patear la blanca delante del cuerpo de guardia para aplicar su nueva filosofía sobre las múltiples ventajas del saltarse la ley. Esto promete. De hecho ya lo han colocado en la lista de Zaragoza ocupando un puesto de mujer. Es una excepción, dicen. Menos mal, porque con la ley de la cremallera hay que ser muy rigurosos.








