Los equidistantes
Martes, 17 de Noviembre, 2015
Estas víctimas no son iguales a sus asesinos
Ya están aquí. Ya han liberado sus cargas de profundidad elaboradas en la retorta del simplismo. Son los equidistantes, personajes durmientes que llegado el momento de tomar decisiones, asaltan twitter con la misión de invertir la carga de la prueba y demostrar que no hay buenos y malos, que todos somos equidistantes de la maldad.
No lo hacen siempre, claro. Solo cuando existe peligro de que las decisiones se tomen en contra de sus intereses. París, por ejemplo, supone un momento de extrema gravedad, porque al verse atacadas de forma tan miserable la cultura occidental, la democracia y la libertad, se va a producir una reacción a favor de esos valores, que no son precisamente los suyos.
Y para evitarlo, ahí están los equidistantes, siempre dispuestos a elaborar una teoría según la cual los ejecutados en el Bataclan habrían acumulado motivos para morir allí. Y como eso iba a resultar demasiado impopular, optan por responsabilizar a Hollande, al propio Occidente, al cristianismo, al capitalismo o a la Marsellesa.
Ante una sociedad bien armada ideológicamente sus falacias se diluirían al instante de ser lanzadas, pero en ésta de mimbres tan endebles siempre habrá terrenos abonados donde prenda la especie y florezcan admiradores del Daesh y de su justicia divina.
Un equidistante jamás habría desembarcado en Normandía, pero tampoco existiría hoy él, porque los herederos de Hitler no le permitirían dudar de las bondades del IV o del V Reich. Si existe, es precisamente porque hubo desembarco y porque miles de jóvenes se dejaron su sangre en sus playas. Mejor habría sido no tener que hacerlo, claro; pero entre el Eje y los Aliados no había equidistancia posible. Y aquí y ahora tampoco la hay, prueba de ello es la dirección que toman los refugiados. Si fuésemos iguales se quedarían allí.











