Retorno a Fuengirola
Jueves, 1 de Octubre, 2015
Girón recibido en Cataluña
Tanto ir juntos por el Si y ahora resulta que las CUP tienen diez escaños y el futuro de Cataluña en sus manos. Ítem más, un futuro en el que no quieren ver a Mas ni en pintura; aunque claro, como ahora lo imputan por desobediencia grave, prevaricación, malversación y usurpación de funciones, ya les cae más simpático, porque a ellos lo que les conmueve es desobedecer a manos llenas.
Es increíble que sus seguidores les hayan hecho caso y votado, cuando lo suyo es desobedecer. El seguidor ideal de las CUP es el que va a sus mítines, les escucha y después vota al PP. Para ser coherentes.
Son los hijos del Libro Rojo del Cole, aquella publicación danesa de los setenta que tantos dolores de cabeza levanta y que Cristina Almeida reparte en lotes entre los colegios públicos cuando es concejala. Para salvarse de las críticas que le llovieron por manipuladora había dicho: “¿Cómo que me llevo el ascua a mi sardina, si yo soy comunista y el libro es ácrata?” Había quedado precioso.
Los de las CUP no aguantan a Mas, ni a España, ni a Europa, ni a la OTAN, ni a la UNICEF, ni a la ley de la gravedad. “A veces no nos aguantamos ni a nosotros mismos”. Es de imaginar que si oyen hablar de la disciplina de partido, salgan corriendo por el lado opuesto. ¿Disciplina? Suena a convento.
Pero aún así tienen ideas muy interesantes. Por ejemplo la creación de universidades laborales y un sistema de seguridad social piramidal, cuyos objetivos sean cumplir las situaciones de vejez, viudedad, orfandad, desempleo, jornada laboral reducida, vacaciones pagadas y una red de asistencia sanitaria con atenciones médicas y hospitalarias. Exactamente lo que dijo e hizo Girón de Velasco.
Y es que los extremos acaban por tocarse y en ocasiones, por magrearse.


