Asesino por un menú
Domingo, 11 de Octubre, 2015
El sueño de Ángel, una tienda de comestibles de San Sebastián
Cuando los lucenses de 1906 conocen la historia de Ángel González Fernández, se agrupan en tres bandos. Quienes lo consideran un genio, un tonto o un caradura. Veámosla y juzguen.
Ángel es maestro de escuela y vive en Lugo, donde ha nacido en el seno de una familia de posibles, pues su padre es contratista de obra pública, que siempre es una garantía.
Sin embargo, su relación con el progenitor es mala tirando a pésima. En el pecho del joven anidan ansias de aventuras y uniendo lo uno con lo otro, se larga a vivirlas con el dinero que logra reunir.
En su primer destino, Bilbao, se queda sin blanca, y eso que no permanece allí más de dos días. Con la calderilla se muda a San Sebastián, donde su situación se agrava hasta conocer las puñaladas del hambre. Abandona Donostia hacia el este. Piensa en Francia, piensa en estofados.
Cuando cruza Rentería, un guardia municipal le reclama la documentación y Ángel ve en aquel hombre la salvación para su vacío estomacal. “Soy el autor del crimen de la plaza del Matute”, le confiesa a las primeras de cambio. El guardia abre los ojos más allá de Rentería y lo detiene.
El crimen referido se comete en Madrid años atrás y queda sin solucionar. La prensa le dedica muchas planas y Ángel ha leído las suficientes como para calcetar detalles que lo conviertan en sospechoso.
El fin es manifiesto, mientras no lo descubran, comerá caliente en la cárcel.
Los periódicos anuncian que la calle del Matute deja de ser un misterio y Ángel aguanta el tirón de los interrogatorios entre datos reales y contradicciones. Lo trasladan a Madrid y en la cárcel celular la cosa se pone más fiera. El lucense reflexiona y canta de plano. Solo estaba hambriento.
Puesto en libertad, Lugo discute. ¿Genio, tonto o caradura?






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