El curso escolar
Jueves, 10 de Septiembre, 2015
Por ahí andamos
Dentro de cien mil millones de años, todos calvos. No habrá sol que alumbre, ni lucero del alba para mirar a Venus. Se habrán apagado la Vía Láctea, la cuota láctea y la Osa Mayor. No habrá vida aquí, ni en Raticulín, porque el universo echará el telón de su existencia y si te he visto, no me acuerdo.
Ése es el exacto panorama que nos describen los astrónomos después de hacer un cálculo somero de posibilidades. Pero no hay que ser pesimistas. Prácticamente es el mismo plazo que tenía por delante el primer hombre, pues desde que somos bípedos a nuestros días solo hemos consumido un 0,00005 por ciento del tiempo estimado y desde que el mundo es mundo, lo gastado es un 0,45.
Es decir que la noticia, siendo triste porque pone fecha al siempre temido fin del universo, no lo es tanto porque confirma que nos queda mucha vida por delante, un 99,55 del total, aunque es de suponer que en sus tramos finales, cuando se vaya apagando la luminaria celestial, nos pasará lo que a los vecinos deslenguados, que aquí no habrá quien viva.
Mientras tal no ocurra, el entretenimiento está garantizado. Según se va hacia Oriente a mano izquierda, unos congéneres se han armado hasta los dientes dispuestos a laminar cualquier atisbo de evolución intelectual y artística, cualquier conato de convivencia entre distintos pensamientos para demostrar con creces que la humanidad solo ha superado un 0,00005 por ciento del curso escolar. Vamos, que estamos en primero de Palotes, por muchas redes sociales de las que presumamos.
El éxodo sirio, una de sus consecuencias, es buena prueba del escaso margen recorrido y de lo mucho que queda por hacer si queremos que cuando se apague la luz, el último hombre vivo piense que ha merecido la pena gastar cien mil millones de años en aprobar la educación básica.











