El trilero honrado
Martes, 11 de Agosto, 2015
La prueba
Todo cuerpo sometido durante treinta años a un bombardeo de protones separatistas experimenta un impulso hacia la independencia equivalente al volumen de decepción desalojado cuando se entera de que es imposible.
Si se confirma esa ley físico-política, sería una de las pocas que se cumplen a rajatabla en Cataluña. Algo es algo.
A medida que se acerca la fecha señalada, la del fin de la travesía por el desierto, la de la inanición y el brujuleo estelado, la percepción de la imposibilidad se hace más y más manifiesta entre los cuerpos bombardeados. Para los que están fuera de ese campo de acción, no; porque era sabido desde el principio, salvo que se armase la de Covadonga.
Esa percepción se traslada a las encuestas y hoy es el día en el que la lista unitaria consigue alrededor de veinte escaños menos que la suma de sus partes por separado, lo cual demuestra que en política, dos más dos no siempre da cuatro.
Mas es un trilero honrado. Esconde la bolita debajo del vaso, pero dejándola ver con disimulo para que el votante lo adivine. Todo lo contrario de los trileros profesionales, cuyo principal objetivo es ser hábiles al escamotear. Pero el truco le está saliendo mal porque el público prefiere descubrirlo él, sin ayuda del mago. Y es que así pierde toda la gracia.
Mas ha logrado que solo se le conciba como un presidente pegado a la independencia. Si se la quitas, desaparece de la memoria colectiva y es imposible imaginarlo en la cabeza.
Miento, ahora que lo pienso, lo vi un día con una bata blanca y redecilla a juego recorriendo una fábrica de algo, aunque tampoco sabría decir si era una granja de pollos o un hospital. Fue una imagen tan infrecuente y tan impactante que se me quedó tan grabada como el jersey que usaba Evo Morales al principio.
Estamos a 45 días de las urnas y bajando.











