Ni Suiza
Miércoles, 10 de Junio, 2015
El 77 % de los suizos dijo No
La renta básica universal es una idea de enorme atractivo. Se trata de hacer realidad una de las utopías eternas de la raza humana, cual es llegar a la tierra con un sueldo vitalicio que te permita hacer lo que te dé la gana, aunque lo que te dé la gana sea nada, porque en cuanto te apetezca tomar unos macarrones gratinados, un capricho que suele manifestarse a muy temprana edad, vas a necesitar que alguien haga algo, como cultivar gramíneas, elaborar la pasta y fabricar hornos. Maldito capitalismo, siempre con sus servidumbres.
Los suizos votaron hace unos años un referéndum para implantarla en su régimen. Ellos reunían todas las características previas que exige el sentido común para plantearlo sin miedo a caer en el ridículo: Una prosperidad económica libre de sobresaltos a muchos años vista, una estabilidad política contrastada, también a años vista, pero hacia atrás, y unos niveles de educación macanudos.
Bueno, pero aún así, lo rechazaron, y para hacerlo esgrimieron una razón fundamental. Todo eso que les permitía poner sobre la mesa la utopía corría gravísimo riesgo de perderse, viéndose en la necesidad de volver a empezar.
También se dijo entonces que las ideas populistas que propugnaban la aparente bicoca no habían podido hacerse fuertes entre la sociedad helvética precisamente por la madurez alcanzada en ella y porque la mayoría de sus miembros se dieron cuenta a tiempo de la bomba de relojería _ suiza, por supuesto _, que se pondría en marcha con espoleta y explosión más pronto que tarde.
La economía avanzada que utilizaron para dirigir su voto asegura que tales medidas destruyen empleo, reducen los los ingresos de los trabajadores _ mientras los haya _, e incrementan las familias bajo el umbral de pobreza.











