Arte italiano
Jueves, 16 de Octubre, 2014
Museo de Arte Italiano en Lima
Cuando en España se dice que nos salimos por la tangente es que nos escabullimos de algún compromiso. En Italia adquiere otro significado, pues allí tangente es la mordida, el dinero con el que corrompemos o nos corrompen. Si recuerdan, Tangentópolis fue el nombre propio con el que se conocieron los casos de corrupción en los que se sostenían los partidos políticos y que finalmente acabó por arrastrarlos.
Desde la democracia cristiana hasta el comunismo, pasando por el socialismo donde arrancó Tangentópolis, todos acabaron en un monte que parió un ratón de nombre Silvio Berlusconi. Populismo más televisión.
Nuestra Tangentópolis particular parece no tener fin. Los modelos son más variados que los italianos y los implicados más notorios. Historiadores vendrán que se refieran a los métodos perfeccionados; como cuando en otros siglos se copiaban los estilos artísticos italianos, o eran sus propios arquitectos los que iban de país en país derrochando donosuras.
Todavía no estamos en condiciones de saber lo que le debemos a Italia en la copia de modelos y lo que es aportación española al bandolerismo de cuello blanco y de cuello azul, pero a simple vista nos atrevemos a decir que Tangentópolis, en manos de nuestros artesanos, alcanza la cúspide del refinamiento con filigranas insuperables en plástico, en efectivo o en divisas.
Con la experiencia adquirida se ha desarrollado un canon de belleza para apreciar la obra realizada. Consiste en medir el tiempo que el ciudadano tarda en escandalizarse. Por ejemplo, en los casos de Pujol y las tarjetas de Caja Madrid, el efecto fue fulminante. Lo cual quiere decir que el arte empleado fue tosco. Los ERE andaluces tardaron más en impresionar al respetable, lo cual denota una gran maestría con el escoplo y el cincel.











