Floridos delirios
Martes, 21 de Octubre, 2014
Villamediana, muerto por picar alto
El diálogo pudo haber sido así:
_Vengo del médico.
_¿Y qué te dijo?
_Nada, que tengo una florida ideación delirante de tipo megalomaníaco.
El diagnóstico corresponde al del pequeño Nicolás, cuya irresistible ascensión en el bestiario patrio le garantiza una larga permanencia en él, quizás suficiente para entrar en la leyenda, o en el habla popular; por ejemplo, para expresar la exuberancia de un jardín: “Es más florido que el pequeño Nicolás”, o para recalcar la bisutería de una joya: “Es un topacio más falso que el pequeño Nicolás”.
Así empezó Perico de los Palotes y ya ven, se ha quedado para siempre.
Pero dejando a un lado las manifiestas posibilidades que el precoz delincuente tiene de acceder al acervo, algo hay en ese diagnóstico que no nos acaba de sorprender demasiado, como si al oírlo fuésemos capaces de citar otros muchos personajes afectados por los mismos o parecidos síntomas de ollas en ebullición.
Floridos delirios megalómanos se pueden localizar sin necesidad de profundas excavaciones arqueológicas en las conductas de personajillos que pululan a diario en los titulares de la prensa. Lo hacen por medio de mensajes ampulosos, almibarados y desmedidos, casi siempre bordeando los límites de la ley por la parte de fuera, tal como enseña el pequeño Nicolás, y casi siempre también, con el favor de un público entregado al delirio, aunque solo sea porque lo cotidiano es duro y aburrido.
De esos otros nicolases sin diagnosticar no se pueden dar más pistas pues podría protestar por intrusismo el colegio de psicólogos, pero la perspicacia del lector sabrá suplir con acierto el anonimato requerido. A él lo han cazado como al conde de Villamediana, por picar alto y no bailar sardana.










