Del Norte al Mediterráneo
Sábado, 20 de Septiembre, 2014
Dos españoles…
Solventado el dilema escocés, nos dirigimos, sin solución de continuidad, a encarar el dilema catalán, que está viviendo ya sus cien horas decisivas, aunque en el último momento desde Barcelona anuncian alteraciones sobre los movimientos estratégicos previstos.
En cualquier caso, el calendario a orillas del Mediterráneo se hace mucho más áspero que en las frías aguas del Mar del Norte por la sencilla razón de que aquí no existe el mismo estatus político, ni el consenso allí alcanzado, ni el marco legal tiene nada que ver.
Aquí es un trágala por las bravas en donde quienes lo promueven tratan de presentarse como los depositarios de los derechos, y a quienes los tienen amparados por la ley, como los atrabiliarios montaraces y caprichosos que se los niegan.
El planteamiento augura prolongación del debate en el tiempo. Ése es el peor de los pronósticos, porque el rifirrafe donde tan a gusto se sienten los secesionistas acaba por producir hastío y confrontación, dos factores que en absoluto convienen a la democracia.
Una consulta no vinculante ni es una encuesta, ni es un referendo. Dice en su articulado que sirve para conocer cualquier aspecto de la vida pública en el ámbito de Cataluña, pero se presenta para decidir la independencia. Un galimatías que produce de seis a ocho tipos de ciudadanos, de acuerdo con que estén o no a favor de ley, de la consulta, del referendo o de la independencia. O a favor de uno y en contra del otro.
Y entre los que nos mantienen fuera de lo que se decide _ algo absurdo en una comunidad de propietarios _, pasa tres cuartos de lo propio, quizá para demostrar cuán acertado estaba quien propuso para letra del himno nacional aquélla de Vainica Doble en su canción Dos españoles, tres opiniones.











