La selfieducha
Jueves, 21 de Agosto, 2014
El proceso completo
Me voy a ganar la antipatía de unos cuantos, pero si no lo digo, reviento. Eso de tirarse por encima del cuerpo un cubo de agua helada, hacerse un vídeo, colgarlo en las redes y decir que se está a favor de la lucha contra la esclerosis lateral amiotrófica, me parece una actividad apropiada para entretener las noches en un campamento infantil de verano, pues a la par que se divierten, se inculca en los niños el valor del sacrificio.
Convertirlo en el no va más de la solidaridad, con mezcla de grititos espasmódicos, exhibición de miedos ancestrales al frío y al agua, promoción del famoseo imperante e implicación graciosa de nuevos nominados en cadena de churra-monta-la-burra similar a la medalla milagrosa, suena a burla, a inconsciencia y a una inmadurez rayana en el arrechucho, dicho todo ello sin ánimo de exagerar.
El Ice Bucket Challenge, que así se llama la aspersión, está recibiendo los parabienes de la humanidad enganchada a los vídeos virales y las multitudes desean ser nominadas para realizar el taurobolio helado en el patio trasero de su casa, en el polibán o al borde de la piscina, que es lo más molón, pues a la par que el agua cae sobre mojado, se muestran al público nuestras posesiones.
Al tiempo que todo esto sucede por una buena causa _ no vamos a dudar que lo sea _, conocemos también otras historias de solidaridad y entrega, protagonizadas por voluntarios, religiosos y cooperantes dedicados sin límites, ni vídeos virales, a variadas causas, que nos dejan helados sin necesidad de mojadura. No les pregunten su opinión sobre el Ice Bucket Challenge porque será buena.
Ahora bien, que la tecnología nos está infantilizando a marchas forzadas, no me lo quitan de la cabeza ni arrojándome todo el hielo de los casquetes polares.











