La patita de Busquets
Viernes, 20 de Junio, 2014
¿Por qué me habré cortado las uñas de los pies?
El rasgado de las vestiduras se parece muchísimo a esas noches interminables de euforia y borrachera. El muro de las lamentaciones dista de la barra del bar apenas unos milímetros, los que hay entre la patita de Busquets bien colocada para hacer gol y la que le pega a la pelota para mandarla a las narices de un aficionado del fondo sur con peluca naranja. Los que hay entre los guantes de Casillas y el balón, o los que no hay cuando lo atrapa.
Y una vez resuelto ese mínimo espacio, claro está, sobreviene la furia o el desánimo, sobreviene el calimocho o las lágrimas de cocodrilo.
Aunque en esta ocasión suene a disculpa, la verdad es que tan injustificado está lo uno como lo otro. Se me rebatirá diciendo que lo uno genera alegría, y en eso están de acuerdo todos los doctores que la equiparan a salud, mientras que la melancolía y la pesadumbre siempre fueron sinónimo de enfermedad. De acuerdo, pero siendo así, también coincidirán en señalar que los estados de ánimo son demasiado importantes como para dejar que los administren los milímetros de la patita de Busquets, al menos una vez que termina el espectáculo.
Por eso, cuando en momentos así los aparatos electrónicos de recepción de datos _ perífrasis cursi donde las haya _, comienzan a ser inundados de chistecitos _ memes, les llaman _, sobre la maldad de unos jugadores que horas antes se paseaban de la mano de Apolo por el Olimpo, en opinión de los mismos señores, te entran unas ganas terribles de hacerte aficionado al curling, que también es deporte de milímetros, con la ventaja de que no te altera el ánimo, ni para bien, ni para mal.
Te entran las ganas, pero las reprimes, porque el fútbol, como ya dijeron graves filósofos, es así, señora; y cuesta dejarlo, como la ayahuasca.











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